Tipopolítica - ¿Vamos a alguna parte?

4 - ¿Vamos a alguna parte?

Artículo creado por Javier G. Solas. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero17/tipopoli.html
31 de Agosto de 2006

A partir de la variabilidad indefinida y del particularismo se refleja una de las repetidas características de la posmodernidad: la ausencia de guión narrativo. La marea de los tipos llega a ser una masa partículas (particulares) indiferenciada (indefinida), "linkada" entre sí por unas trayectorias erráticas, brownianas, como en las estructuras de las redes. Un repertorio de infinitos elementos a través de los cuales se puede pasar indiferentemente de un valor a otro con tal de que sea nuevo. No hay aparente dirección, no hay narración, no hay deseo. La letra tiene hoy nostalgia de imagen, y ésta es cada vez más indicial, menos narrativa, es sólo rastro físico, orgánico, gestual, tiende a ser un doble de la realidad, pretende sustituirla identificándose con la naturaleza misma, se naturaliza, como toda ideología: pero lo real y la naturaleza en sí mismos carecen de sentido.

Sin embargo el mundo va aparentemente en alguna dirección. Y es presumible que no lo haga por sí solo. Dejarse llevar por la corriente, sin sentido histórico ni crítico puede ser catastrófico, al menos para un pensamiento no fatalista.

Todo el florecimiento aludido no hubiera funcionado sin una economía política que se hiciese cargo de sus utilidades. Los que podrían ser vicios privados de una expresión autosatisfactoria, fuera narcisista o sádica, se han convertido en virtudes públicas: la variedad, la variación infinita alentada sobre todo por la atribución social de una genialidad individual, algo que como se sabe halaga el ego hasta cegar, es el alimento de la máquina publicitaria, a su vez motor de la nueva economía de consumo. ¿Bueno para todos? Se trata de una lógica cultural concreta, con unas repercusiones de carácter antropológico con las que se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero en todo caso no se trata sólo de un juego inocente, de palabrería inocua o de ingenuidad artesanal.

Hagamos un balance: por un lado la libertad de expresión, ruptura de la represión tipográfica, riqueza connotativa de los tipos, una nueva forma de comunicar no explotada tan eficientemente hasta ahora, nuevos recursos de imagen, nueva industria cultural… Por otro lado se constata, en la mayoría de las publicaciones sobre el tema, un interés por la microtipografía, menos por la macro tipografía, y casi nulo por el sentido de tales actividades como práctica social, que es el verdadero problema del diseño. El territorio en que se ejerce esta floreciente actividad se limita fundamentalmente al primer mundo, a un autoconsumo en cierto modo endogámico, y sobre todo al espacio de la publicidad y la moda, a flyers y titulares, dejando desasistidos otros espacios que también son de la vida diaria, y cuya atención no se realiza precisamente mirando hacia otra parte. Nos movemos también entre textos técnicos (a lo que los norteamericanos, tan pragmáticos ellos, prestan tanta atención a través de sus sistemas de enseñanza de Technical Writing) y de manejo de aparatos, entre libros escolares, entre formularios de Hacienda y de bancos, en despachos ministeriales y de sanidad pública, en la calle y en los comercios: todo un paisaje urbano ignorante tantas veces de las exquisiteces tipográficas y desasistido de la más necesaria y elemental funcionalidad de la letra. Puede objetarse:-"Ese es precisamente el espacio aún no cubierto por el saber del experto. Deberían acudir a profesionales". Pero, en primer lugar, mientras tanto los hechos siguen tozudamente ahí, y, en segundo, ese movimiento no se genera espontáneamente.

Quizás sea el momento de plantearse la utilidad de las letras, su papel en el escenario. Y eso sólo puede pasar por un análisis de las necesidades. que por supuesto depende de una escala de valores. No estará de más pensar que la solicitud de servicios de calidad se genera desde la creación de una cultura que lo haga posible, y que la actuación para transformar el medio supone antes la consciencia del mapa de ese medio. Y no cabe duda que a veces el ensimismamiento, narcisista o sádico, puede situarnos en posiciones marginadas de la sociedad. Pero lo contrario de la marginalización es la integración, y lo verdaderamente perverso sería la integración de la marginalidad, a lo que puede llevar una escasa consciencia de las funciones que esta nueva tipografía puede desempeñar. Por supuesto que este no es un problema de la tipografía sino de todo el diseño, y aún más, de toda la actividad humana. El Manifiesto 2000, recientemente renovado en la revista Eye y en otras, lo entiende así. Podría no interesarnos ser conscientes, pero otros lo serán de la utilidad de nuestra inconsciencia. Al final podría resultar que este gran mundo de la tipografía no fuese sino una isla. Pero queramos o no somos contabilizados en los inputs publicitarios y en las cookies. Se trata de una posición difícil si no se opta por el escepticismo. Y algunos piensan que incluso con 26 letras se puede hacer política.

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