Muy a menudo las lamentaciones de los usuarios se encuentran en la sección Cartas al director bajo la fórmula de protestas de los lectores que, entre el desconcierto y la indignación, se quejan amargamente de los errores y faltas de ortografía en que incurren los periodistas. Así, el miércoles 8 de noviembre del 2000, José A. Martínez se queja, con toda razón, en El País de un «garrafal fallo que [...] produce un daño visual tremendo» (Opinión, 19):
Fallo garrafal
Supongo que habrán detectado el garrafal fallo que aparece en [el] suplemento SIMO de su periódico al imprimir la palabra “Pabellón” con “v” en las páginas de relación de expositores. Produce un daño visual tremendo. Espero que sus correctores gramaticales no se hayan confundido con el inglés (pavillon) ni con el valenciano o con el catalán (pavelló).- José A. Martínez.
En efecto, en nuestra lengua la norma académica impone para esta palabra la ortografía con letra b, y así localizamos el término pabellón en el Diccionario de la lengua española de la RAE, vigésima segunda edición, la de 2001, última por ahora [DRAE01] y en el Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos, publicado en Madrid por Espasa Calpe en 1999 [DEA99].
La etimología consta en el DRAE01, e indica que el término procede del francés antiguo, paveillon, precisamente con v. En el Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana de J. Corominas aparece el mismo origen, fr. ant. paveillon 'tienda de campaña', pero se añade además un dato fundamental: que este término vino del lat. PAPILIO, -ONIS, 'mariposa', y más tarde 'tienda de campaña'. Con v escribieron pavellón Nebrija y Covarrubias, y esa grafía fue común hasta que los académicos del XVIII la rechazaron. La Academia intentó desde sus primeras obras, para justificar la ortografía española, imponer el principio etimológico, pero lo acabó mezclando con otros dos: la pronunciación y el uso; no era desdeluego fácil mantener a rajatabla el citado principio. Ya en el discurso proemial de la orthographia castellana, en el primer tomo del Diccionario de Autoridades (1726), p. lxxii, se afirma lo siguiente:
El uso de la B, y de la V causa mucha confusión, nacida de que los Españóles, como no hacémos distinción en la pronunciación de estas dos letras, igualmente nos hemos valido yá de la B, yá de la V, sin el menor repáro.
Y a continuación, los académicos recomiendan atender al origen de las palabras «para allanar este embarazo al parecer no poco árduo»; tan arduo era, en efecto, que, como acabamos de decir, para justificar la ortografía se mezclaron las razones de origen con la pronunciación y el uso. Resultado de esa confusión entre tendencias ortográficas fonémicas o fonológicas, etimologistas y de uso es el hecho de que aparezcan en nuestra lengua un número bastante notable de palabras con b (otras veces con v) antietimológica, por ejemplo:
abogado < lat. advocatus
abuelo < lat. vulgar *aviolus
barrer < lat. verrere
basura < lat. versura
boda < lat. vota, pl. de votum
buitre < lat. vultur, -uris
ivierno, invierno < lat. hibernum
maravilla < lat. mirabilia
móvil < lat. mobilis
La confusión entre etimologismo y fonetismo puede explicar las frecuentes discrepancias entre la ortografía española con b antietimológica -en algún caso, como en móvil o maravilla, a la inversa- y la ortografía de otras lenguas.