



Con cierta frecuencia nos encontramos con infracciones o violaciones ortográficas voluntarias, cuya función es retener nuestra atención por un tiempo superior al normal, o provocar sentimientos o reacciones inusuales.
El uso reivindicativo de la k en ákrata, Vallekas, okupas, bakalao, o bien en la consigna Mili KK que popularizaron hace ya años los insumisos, presenta un signo de rebeldía contra todo sistema, contra toda norma, y un claro indicio de búsqueda de nuevos caminos.
En otras líneas de actuación y con otros propósitos actúan los humoristas cuando utilizan voluntariamente la transgresión ortográfica en sus chistes. Forges, en El País, el jueves 5 de marzo de 1998:
por fin, tantos haños de que egtudiar, pero lla soi lizenciao neMpresariales.
Y El Roto, en El País, el domingo 28 de diciembre de 1997:
Salgo a patear imigrantes volveré a zenar buestro ijo (ijo tachado y corregido: hijo) Hugo.
La violación de las normas ortográficas académicas es procedimiento frecuente en la publicidad. Por ejemplo, a toda plana, se juega con la alternancia anómala de mayúsculas y minúsculas, anunciando entrevistas (a Robert Smith y Ariel Rot) en El País de las Tentaciones:
ThE CUre eN el ReTIro. (El País, jueves 27.1.2000, 37).
CómO dAr La nOTa cON un SólO tEQuiLa (El País, jueves 10.2.2000, 27).
Se utiliza también ahora la infracción ortográfica voluntaria en los medios informáticos:
azierta.com
webosfritos@yahoo.com.
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