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Tres: Arturo Belano, Santa Teresa y Sión - Palimpsesto total en la obra de Roberto Bolaño (I)

Artículo creado por Alexis Candia. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/palimbol.html
25 de Octubre de 2006
Historia de la literatura

1 - Palimpsesto total en la obra de Roberto Bolaño (I)

Jorge Luis Borges distingue dos maneras de tramar en “El arte narrativo y la magia”, en primer lugar, menciona, el modelo natural, el que dispone una concatenación de motivos que se proponen no diferir de los del mundo real. En segundo término, Borges propone el proceso causal mágico, el que alude a la primitiva claridad de la magia. La novela se organiza a través de un orden diverso, lúcido y atávico, donde se profetizan los pormenores y se postula “un vínculo inevitable entre cosas distantes, ya porque su figura es igual - magia imitativa, homeopática - ya por el hecho de una cercanía anterior - magia contagiosa -” (Borges 88).

Cuando pienso en la producción literaria de Roberto Bolaño y con esto me refiero a sus novelas, a sus cuentos, a sus poemas y a sus crónicas me parece palpable que Bolaño construye cada una de sus piezas como un juego de vigilancias, de ecos y de afinidades. Pero las resonancias de Los detectives salvajes no actúan circunscritas tan sólo en las páginas de la novela ganadora del Rómulo Gallegos, muy por el contrario, se proyectan en Amuleto y en 2666, así como algunos versos de Los perros románticos tienen repercusiones en Los detectives salvajes y algunos relatos de Llamadas telefónicas tienen conexiones con Estrella distante. De esta manera, creo que Bolaño proyecta una red de magia sobre el conjunto de su obra literaria, estableciendo hilos que unen y proyectan una estructura mayor.

Así, el sentido de la cifra 2666 se explica, en gran medida, por algunos pasajes de Amuleto. Auxilio Lacouture realiza una analogía entre la avenida Guerrero y un camposanto del año 2666, “un cementerio olvidado debajo de un párpado muerto o nonato, las acuosidades desapasionadas de un ojo que por querer olvidar algo ha terminado por olvidarlo todo”. (Bolaño, Amuleto 76-77) Asimismo, establece que ese cementerio no es el lugar de descanso y tranquilidad de los muertos sino un río del mal y del crimen:

allí estaba [...] siguiendo a dos poetas [...] a través de ese río turbulento que era y es la avenida Guerrero, similar [...] al Grijalva [...] aunque el Grijalva nocturno que era y es la avenida Guerrero había perdido desde tiempos inmemoriales su condición primigenia de inocencia. Es decir, aquel Grijalva que fluía en la noche era [...] un río condenado por cuya corriente se deslizaban cadáveres o prospectos de cadáveres, automóviles negros que aparecían, desaparecían y volvían a aparecer, los mismos o sus silenciosos ecos enloquecidos, como si el río del infierno fuera circular (Bolaño, Amuleto 78)

Los autos negros y los cadáveres que aparecen y desaparecen formando un río circular son imágenes que presagian 2666. Principalmente, porque describen la manera en que son elininadas las mujeres de Santa Teresa.

La red de magia que conecta las diversas piezas bolañianas evoca la vieja imagen del palimpsesto recuperada por Gérard Genette, esto es, el proceso mediante el que “se ve, sobre el mismo pergamino, como un texto se superpone a otro al que no oculta del todo sino que lo deja ver por transparencia” (Genette 495). Así, la formulación de Genette contribuye a explicar la producción de Bolaño como un enorme sistema interconetado, cuyos procedimientos de transtextualidad vinculan sus obras.

Bolaño escribe textos transparentes que se desnudan y se transvisten con los ropajes de otros textos bolañianos; son escritos intensamente intertextuales que siempre están aludiendo o citando a relatos precedentes. Nocturno de Chile retoma la historia de Mariana Callejas y Michael Townly que Bolaño ya había contado en la crónica “El pasillo sin salida aparente”. También, suceden en la producción bolañiana interesantes relaciones hipertextuales que pasan por el proceso de duplicación y reescritura del capítulo final de La literatura nazi en América en Estrella distante y, también, en el proceso de autofagia que Bolaño realiza entre Los detectives salvajes y Amuleto.

Ahora bien, sabemos que los textos de Bolaño se construyen como juegos de vigilancias y que estos se relacionan como un enorme palimpsesto, pero ¿hay algo más? Porque los textos de Bolaño están marcados por la presencia de un mismo tono - irónico, valiente -, están cruzados por una peculiar visión de mundo - desesperanzada, nihilista y sin embargo romántica - y un mismo tipo de realismo - visceral y/o infrarrealista -. Bolaño decía que la novela total es la que “se sumerge en el caos (que es la materia misma de la novela ideal) y que trata de ordenarlo y hacerlo legible” (Bolaño, Entre paréntesis 307), ¿será qué Bolaño persigue una obra total que intenta articular y conjurar el caos del que se nutren sus textos?

Pues de lo contrario, por qué hacer que sus personajes crucen de un libro a otro. Benno von Archimboldi aparece por primera vez en Los detectives salvajes, pero solo en 2666 adquiere relevancia. El detective Abel Romero cruza de La literatura nazi en América a Estrella distante y de ésta al cuento Joanna Silvestri para recalar finalmente en Los detectives salvajes. Lupe, prostituta que aparece en Los detectives salvajes, es recuperada en un poema de Los perros románticos. O por qué hacer que sus personajes pasen por los mismos espacios, México DF, Barcelona, Santiago de Chile y los desiertos de Sonora. O por qué en los textos de Bolaño siempre se está desencadenando una tormenta, una tormenta que es física y que desata la furia de la naturaleza, pero que también es algo más, una tormenta que tiene que ver con el pasaporte de su literatura, es decir, con “saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso” (Bolaño, Entre paréntesis 36). Y entonces, esa tormenta es locura y dolor y mal. O por qué los personajes bolañianos tienen una especial afición por el mezcal Los Suicidas que, por cierto, es consumido abundantemente por Salvatierra, Belano y Lima en Los detectives salvajes y por Amalfitano, Rosa Amalfitano y Marco Antonio Guerra en 2666. Pues bien, me parece necesario revisar tres puntos de la producción bolañiana antes de intentar dar respuesta a esas preguntas.

Uno. Bolaño crea numerosos juegos autorreferenciales que confieren coherencia a su producción, mezcla episodios de su vida con otros imaginarios para construir un personaje llamado Bolaño en Amberes y que va derivando hasta convertirse en Arturo Belano. Bolaño/ B / Arturo B./ Arturo Belano participan en parte importante de sus textos, ocupando desde espacios secundarios hasta los puntos centrales. Bolaño aparece como narrador y personaje secundario de la biografía de Carlos Ramírez Hoffman en La literatura nazi en América, sin embargo, no es hasta Estrella distante - novela que duplica la historia de Ramírez Hoffman - donde el personaje Bolaño comienza a transformarse en Arturo Belano. Arturo B. no sólo refiere la historia de Ramírez Hoffman a Bolaño, sino que, disconforme con la narración de La literatura nazi, convence a Bolaño de reescribir el relato y de producir en conjunto Estrella distante.

La aparición del doble Belano recuerda una leyenda finesa consignada por Mircea Eliade que establece que el diablo nace del reflejo de Dios en el agua. Dios se encuentra sufriendo de soledad; reconoce que no sabe cómo hacer el mundo. Se contempla en el agua y de su reflejo nace el diablo. Dios entonces le pregunta al diablo brotado del espejo cómo hacer el mundo. Lo anterior resulta relevante debido a que sólo a partir del desdoblamiento del creador es posible la creación del mundo terrenal o de un mundo literario. Más relevante aún resulta esta leyenda al considerar que la construcción de un doble está relacionada, según Freud, con la exploración de lo siniestro, es decir, con lo espeluznante, todo lo que debía haber quedado oculto, secreto, pero que se ha manifestado. No cabe duda que tanto por la temática de Estrella distante como su reelaboración de La literatura nazi nos sitúa en las fronteras de lo siniestro.

Ahora bien, las historias de Belano se expanden hacia Amuleto, hacia diversos cuentos de Llamadas telefónicas, Putas asesinas, Los detectives salvajes e incluso hacia 2666. Con relación a 2666, Bolaño entrega indicios de que los estudiantes que mantienen relaciones sexuales con María Expósito - de las que nace Lalo Cura - son nada menos que Ulises Lima y Arturo Belano:

En 1976 la joven María Expósito encontró en el desierto a dos estudiantes de DF que le dijeron que se habían perdido pero que más bien parecían estar huyendo [...] Los estudiantes vivían dentro de su propio coche y uno de ellos parecía estar enfermo. Parecían como drogados y hablaban mucho [...] Hablaban de una nueva revolución, una revolución invisible que ya se estaba gestando pero que tardaría en salir a las calles al menos cincuenta años. Cada noche hicieron el amor con ella, dentro del coche o sobre la tierra tibia del desierto, hasta que una mañana ella llegó al lugar y no los encontró. (Bolaño, 2666 698)

Arturo Belano constituye un anarca, figura delineada por Ernst Jünger como el polo contrario del monarca, “El monarca quiere dominar a [...] todos. El anarca sólo a sí mismo. Esto le sitúa en una relación objetiva, y también escéptica respecto del poder” (Jünger 51). Los detectives salvajes evidencian la evolución política de Belano, quien deriva desde una posición revolucionaria a la de un anarca total. Auxilio Lacouture narra el viaje iniciático de Belano a Chile. El golpe militar marca un punto de inflexión en Belano, quien “comenzó [...] a mirarlo todo como si él fuera el Dante y acabara de volver del infierno, que digo el Dante, como si fuera el mismo Virgilio” (Bolaño, Amuleto 196). Este punto resulta clave en términos de que pone de manifiesto que Belano perdió el miedo al Leviatan [1], lo que constituye, en opinión de Jünger, uno de los pilares de la figura del anarca.

Luego, viene una etapa trotskista compartida con algunos miembros del realismo visceral, pero que ya en 1975 había llegado a su fin. A partir de ese punto, Belano comienza a delinear la figura de un anarca que se consolida como tal en su travesía por África. Allí encontramos a un Belano que ha abandonado toda lucha contra el poder debido a que considera que sea cual sea la bandera que esté en lo alto del palacio de gobierno sus diferencias sólo son externas, pues sirven a los mismos principios políticos y económicos. Belano se sitúa al margen del poder, gana control sobre sí mismo y expulsa de sí a la sociedad. Para Jünger alcanzar la propiedad de sí mismo implica la conquista de la libertad. Belano explota la libertad en múltiples sentidos: en autonomía para crear, para moverse por diversos puntos del globo, para desempeñar los más variados trabajos y, sobre todo, para desprenderse de amadas y amigos.

La senda del anarca tiene sólo un final posible: el bosque. El bosque representa el hallazgo del hombre consigo mismo. Jünger considera que bosque hay en todas partes “Hay bosque en la patria lo mismo que lo hay en cualquier otro sitio donde resulte posible oponer resistencia... Bosque es el nombre que hemos dado al lugar de la libertad” (Ancic). Belano descubre su propio bosque en Monrovia, donde se retira con la intensión de morir para olvidar su gran perdida. Sin embargo, luego recapacita, procura hacerse llegar sus medicamentos y seguir adelante, “quise morirme, pero comprendí que era mejor no hacerlo” (Bolaño, Los detectives salvajes 547), le cuenta al fotógrafo López Lobo en su “noche final”. Ahora bien, la senda del anarca pasa por la pérdida del temor a la muerte y Belano, a todas luces, lo alcanza en África, donde enfrenta las guerras floridas africanas.

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