En la literatura colombiana existen manifestaciones y estilos diversos que se han ido consolidando, entre otras cosas, gracias a la existencia de varias regiones geográficas y culturales que han generado intereses, gustos y preocupaciones específicas en quienes forman parte de éstas, a la elección de lecturas y modelos estéticos que han creado tipos particulares de intelectuales y de artistas y a las necesidades expresivas de cada escritor. Si se parte del contraste entre oralidad y escritura es fácil observar cómo en la narrativa colombiana actual permanecen algunos rasgos que la han caracterizado desde su inicio: pervive, por una parte, la necesidad y hasta el compromiso de algunos novelistas por dar mayor preeminencia a la oralidad y, concomitante a ésta, a manifestaciones artísticas que presentan particularidades de regiones específicas del país y, por otra, el interés por plasmar, a través de la literatura, reflexiones en torno a la lectura, la escritura y la consolidación de personajes con interioridad cosmopolita, con una sensibilidad artística que se ha formado a partir de experiencias vividas en las grandes ciudades; estas experiencias se hallan fuertemente relacionadas con el arte, especialmente con la literatura europea.
En novelas como La virgen de los sicarios (1994, 2002) de Fernando Vallejo (Medellín, 1942), Una lección de abismo (1991, 2001) de Ricardo Cano Gaviria (Medellín, 1946) y Asuntos de un hidalgo disoluto (1994, 2000) de Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958), los recursos estéticos que emplea cada escritor para construir su obra, así como la actitud que manifiesta ante estos recursos, no son del todo coincidentes, se trata de tres intelectuales con formación académica y gustos diferentes en cuyas obras confluyen, sin embargo, algunos temas y preocupaciones similares.
La toma de posición estética e ideológica asumida por Ricardo Cano Gaviria en Una lección de abismo es radicalmente opuesta a la de Fernando Vallejo si se observa en contraste con La virgen de los sicarios; en Asuntos de un hidalgo disoluto se aprecian, sin llevarlos al extremo, temas y recursos estéticos similares a los empleados tanto por Cano Gaviria como por Vallejo, se trata de una toma de posición intermedia: no es tan radical en relación con la actitud desacralizadora del modo en que lo es la de Fernando Vallejo cuando se refiere a la literatura, los políticos, la maternidad, la heterosexualidad, el sistema educativo, la figura de la madre, etc., pero tampoco hace explícita la predilección ante la "creación" y la "contemplación" de la literatura como actividades dignas de todo el respeto y la reverencia -de manera casi religiosa- del modo en que lo expresa Ricardo Cano Gaviria no sólo en Una lección de abismo, sino a través de sus actitudes como ser humano, como crítico, biógrafo, editor y lector.
En La virgen de los sicarios se presentan de manera directa e irreverente los hechos narrados a través de usos del lenguaje propios de una ciudad real (Medellín después de la muerte de Pablo Escobar), Una lección de abismo es una obra concebida a la luz de un contexto imaginado (Montefontaine, Francia, entre 1924 y 1929) y la necesidad de reflexionar en torno a la lectura, la escritura y la interpretación -es una novela sobre y para lectores- y Asuntos de un hidalgo disoluto es una especie de divertimento erótico en el que confluyen reflexiones de carácter ético, estético y social a través de la realización y la evocación de acciones que sirven de pretexto para referirse a situaciones de la realidad actual en Medellín, tanto como a la lectura, la escritura y la literatura.
Para Fernando Vallejo la escritura es un proceso a través del cual es fundamental partir de sus experiencias personales más directas, para Ricardo Cano Gaviria, en cambio, es mucho más importante no presentarse como ser sensitivo sino como lector, como intérprete, admirador y continuador de las obras que más aprecia. Héctor Abad Faciolince es -como Vallejo y como Cano Gaviria- un apasionado lector, pero además del placer que brinda el conocimiento y el arte parece estar dispuesto a disfrutar y a promover las potencialidades del cuerpo, los placeres físicos como el sexo -expresado a través del erotismo-, la alimentación -a través de la culinaria- y el ejercicio físico a través del baile y el deporte.
En las novelas de Héctor Abad Faciolince, como en las de Fernando Vallejo, son frecuentes las escenas construidas a partir de información autobiográfica; la ironía y la exageración son recursos estéticos esenciales para configurar sus tomas de posición. Como en los textos de Ricardo Cano Gaviria, en los de Héctor Abad Faciolince también se presentan juegos intertextuales, recursos como la parodia y el pastiche y reflexiones implícitas y explícitas sobre la lectura, la escritura, la literatura y la interpretación.
La toma de posición asumida por Héctor Abad Faciolince ocupa un punto intermedio si se observa en contraste con la de Ricardo Cano Gaviria y la de Fernando Vallejo. Este hecho no debe ser interpretado como el desprecio de los méritos estéticos de sus obras literarias o alguna duda sobre la solidez de su formación académica, sino como una actitud, expresada a través de diversas tomas de posición -no sólo relacionadas con la literatura o con la escritura- en las que se asume como un hombre y un artista que no es ni apocalíptico ni integrado, que no padece de "modernolatría" ni de "desesperación cultural". Para Héctor Abad Faciolince la literatura no es tan trascendental como lo es para Ricardo Cano Gaviria y no se toma tan en serio la vida de la manera en que lo hace Fernando Vallejo.