



Tres Tristes Tigres (TTT, 1967) de Guillermo Cabrera Infante ha sido leída por la crítica a la luz de la ambigua “advertencia” que se inserta al inicio de la obra. En ella se informa al lector que “el libro está en cubano,” y que su escritura “no es más que un intento de atrapar la voz humana al vuelo” (5). Siguiendo estas indicaciones al pie de la letra, la novela aparece como una muestra fidedigna de la oralidad cubana, más específicamente habanera y nocturna, dejando en segundo plano una de las características quizá más relevantes del texto: la mediación. TTT es una novela mediada y mediática, y su novedad no radica tanto en la captación minuciosa de un modo de hablar existente, sino más bien en la forma en que la escritura misma se revela como un medio que reproduce de manera simbólica a otros medios, específicamente el cine, gramófono1 y la máquina de escribir. La novela se presenta como una red discursiva2 en que diferentes medios tecnológicos se superponen. Esta red se imprime o se sustenta en la ciudad, específicamente, en La Habana en el año 1958.
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