En este artículo pretendemos demostrar que la clase virtual es un espacio de comunicación válido para el aprendizaje y queremos mostrar los medios que posibilitan ese resultado. Hablaremos de los estudiantes-usuarios y de la figura del tutor. También mencionaremos los instrumentos que agilizan el aprendizaje en este tipo de entornos.
Las conclusiones a las que se llegan en este artículo no son definitivas ya que este campo es muy reciente y las soluciones aún no son concluyentes, en efecto, éstas van evolucionando tan rápidamente como el medio sobre el que se apoyan.
Aquí presentamos tesis e hipótesis recientes sobre las que aún queda mucho por definir. A medida que se vayan resolviendo los escollos técnicos (velocidad, costes y precisión), que se vayan elaborando nuevos programas (software) y cuando la videoconferencia sea tan sencilla como llamar por teléfono, también se irán modificando los planteamientos de la enseñanza en general y de la de segundas lenguas en particular dentro del espacio virtual.
Si hiciéramos una encuesta a diferentes estudiantes para averiguar lo que esperan de sus profesores, seguramente nos encontraríamos con que coinciden en que tiene que ser un profesional que trabaje con un material interesante, que sea una persona agradable, que le guste lo que hace, que plantee actividades igualmente interesantes, que sea capaz de crear un clima cómodo dentro de la clase para que cada uno de los estudiantes se sienta libre de participar dando sus opiniones y pareceres, que explique la materia de forma comprensible para que todo encaje, que dé información…
No siempre resulta fácil cumplir con todas estas expectativas. ¿El contacto personal con los integrantes de la clase facilita la tarea del profesor hasta el punto de incidir de manera significativa en el éxito de un curso? Si es así como lo vemos, entonces, en el caso de que el contacto personal no exista, el resultado sería frustante. ¿Y cuando se trata de un curso en el que cada estudiante se encuentra en un lugar diferente del mundo frente a su pantalla de ordenador, y el profesor en otra parte? ¿Entonces cuál sería el índice de probabilidad de éxito?
En la clase virtual podemos llegar a las mismas cotas de éxito que se da en cualquier otro tipo de situación de aprendizaje. Se puede mantener e impulsar la comunicación, se puede incentivar el contacto humano y también podemos crear un clima relajado y cómodo para el aprendizaje.