Un dandy en la corte del cacique Mariano - Sacando cuentas
4 - Sacando cuentas
En cuanto al proceso de abstracción del que, según Ong, sería incapaz el pensamiento oral (que en parte ilustra con el desdichado ejemplo del descubrimiento de Luria acerca de que los analfabetos y semianalfabetos -orales “secundarios”- no pueden identificar figuras geométricas sino asignándoles los nombres de objetos “y no de manera abstracta”, v.g.“al círculo podía llamárselo plato”), puesto Mora en situación similar por Mansilla, éste comprende que el gaucho, ignorante del lenguaje matemático pero no estúpido, responderá correctamente si para interrogarlo apela al sentido común:
“Tenía interés en aprender a contar en lengua araucana(…). Me dirigí, pues, a Mora(…) y le pregunté:
-¿Cómo se llaman los números en la lengua de los indios?
-Mora no entendió bien la pregunta. El sabía perfectamente lo que quería decir cuatro, pero ignoraba qué era número.
-Le dirigí la interpelación de otra forma, y el resultado fue que mis lectores mañana, y tú después, Santiago amigo, sabrán contar en una lengua más.” (202)
Mansilla evalúa la capacidad de abstracción de los ranqueles analizando su sistema numérico:
Uno, quiñé: dos, epú; tres, clá; cuatro, meli; cinco, quechú; seis, caiú; siete, relgué; ocho, purrá; nueve, ailliá; diez, marí; cien, pataca; mil, barranca.
Ahora, cincuenta se dice quechú-marí; doscientos, epú-pataca; ocho mil, purrá-barranca; y cien mil, pataca-barranca.
Y esto prueba dos cosas:
1º Que teniendo la noción abstracta del número comprensivo de infinitas unidades, como un millón, que en su lengua se dice marí-pataca-barranca, estos bárbaros no son tan bárbaros ni tan obtusos como muchas personas creen.
2º Que su sistema de numeración es igual al teutónico, según se ve por el ejemplo de quechú-marí, que vale tanto como cincuenta; pero que gramaticalmente es cinco-diez .
Si hay quien se haya afligido porque nuestro sistema parlamentario se parece al de los ranqueles, ¡consuélese!
Los alemanes, justamente orgullosos de ser paisanos de Schiller y de Goethe, se parecen también a ellos. Bismarck, el gran hombre de Estado, contaría las águilas de las legiones vencedoras de Sadowa, lo mismo que el indio Mariano Rosas cuenta sus lanzas al regresar del malón. (202-203)1
En suma, lejos del planteo general y más cerca de sus disidentes, las observaciones de Mansilla probarían que los procesos cognitivos de los individuos siguen siendo prácticamente los mismos y que la construcción de la cultura moderna no es efecto exclusivo de la escritura. Lo cual, desde luego, no significa negar el efecto beneficioso de la cultura escrita sobre la competencia lingüística ni mucho menos que la posesión de la lecto-escritura no enriquezca cualitativamente el pensamiento humano.
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