Nada de lo que ocurren en la vida es gratuito y en la familia tenemos un campo de pruebas para que se den los medios y condiciones a fin de que nuestro trabajo evolutivo pueda ser realizado en esta etapa.
En muchos momentos nos sentiremos injustamente tratados por alguien de nuestro grupo, o nos rebelaremos ante la intransigencia de uno de los cabezas de familia o tendremos que someternos a los caprichos seniles del más anciano o sacrificarnos antes las necesidades del más débil, y eso es duro, si no tenemos la visión correcta de la causa. Lo que aprendemos en nuestra familia es básico para nuestra actitud en la vida.
Recordemos, no solamente el ADN es hereditario y nos lo vamos pasando de unos a otros en una cadena genética, sino que el karma es asi mismo una parte de esa cadena familiar.
Si nacemos en ese grupo es porque anteriormente ya generamos las causas y condiciones previas para vivir esta experiencia en esta familia y no en otra. Las injusticias, cometidas en vidas previas son las que recibimos ahora, en este grupo, y aunque eso no signifique de debemos someternos ante ciertas actos poco ecuánimes de ese grupo si no lo consideramos justo y equitativo, si lo es que la lección consiste en comprender que todo aquello que damos lo recibimos antes o después ya sea bueno o malo.
Por eso la familia es una fuente de dolor en muchos casos y de incomprensión en otras, pero no por eso podemos eliminarla de nuestra vida, sino por el contrario, nuestro trabajo consiste en generar amor, generosidad y comprensión ante las debilidades ajenas para superar la experiencia y poder crear al llegar a la edad adulta, la familia propia mas acorde a nuestra forma de ser. Ese es el gran regalo de pertenecer a una familia, esa es la grandeza de sentirse parte integrante de un grupo que a pesar de todas sus deficiencias genera un amor y una generosidad entre sus miembros fuera de toda duda.