Los personajes cortazarianos son seres marginales y solitarios que luchan a su manera por reivindicar su derecho a una vida auténtica. La soledad que rodea a estos personajes es producto de la incomunicación- voluntaria o no- que los caracteriza. Esta soledad, hija de la incomunicación, genera a su vez enajenación en algunos casos, muerte en otros y angustia en todos.
Los personajes de Cortázar se mueven en un mundo de caos, poblado de agudas obsesiones, de minuciosos temores, de repetidos desencuentros y de insólitos desenlaces. En medio del vasto territorio de la tristeza, las criaturas cortazarianas habitan la comarca agreste de la nostalgia. Los personajes de Cortázar están en constante búsqueda- y por eso la nostalgia- de aquello que les hace falta para vivir auténticamente. Todos los personajes se muestran desprotegidos, vulnerables, acaso tiernos. Nuestra simpatía y afecto incondicionales inundan a estos seres de condición marginal y desempeño enajenado.
El mundo de Cortázar- el mundo de los “piantados”- es un mundo de gente desarraigada, marginal, que vive dentro de una atmósfera sofocante donde la angustia es la norma de vida y la irrupción de lo insólito en medio de la cotidianeidad es la estrategia narrativa común a todos los relatos que se analizan a continuación.
Los cuentos atmosféricos tales como: Casa Tomada, Lejana, Ómnibus, Circe, Bestiario, La autopista del sur, La salud de los enfermos, La señorita Cora, Carta a una señorita en París, Instrucciones para John Howell, El Otro cielo, El ídolo de las Cícladas, Cartas de mamá, El perseguidor y Las armas secretas,2 nos enfrentan a una situación en muchos casos trivial que se va complicando al ritmo de la angustia que se acrecienta en los personajes y/o en los lectores. La atmósfera de incertidumbre y desasosiego nos conduce a la angustia. Los horizontes de mundo de los personajes se van "angostando".
En Casa Tomada, los personajes están más allá de toda angustia porque su grado de enajenación los exime de toda inquietud existencial y es precisamente ese conformismo inexplicable, junto al ámbito de peligro que los envuelve, lo que impele a los lectores a flotar en ese universo cerrado y por ello angustiante de Casa Tomada. Es la angustia la que va "tomando" nuestras absortas conciencias.
En Lejana, Alina Reyes vive un desdoblamiento de su personalidad o una proyección de su conciencia, o tal vez la consecuencia trágica de su elección. Ella es despojada de su identidad por una mendiga de Budapest que paulatinamente ha ido usurpando sus sueños para luego acaparar también la conciencia de la angustiada Alina Reyes durante sus precarias horas de vigilia. El tema de la identidad es muy importante en este relato; ¿quién es verdaderamente Alina Reyes, quién es la mendiga ? ¿quién se convierte en quién? La atmósfera de inquietud y de angustia presente en el relato se encargará de arrebatarnos cualquier esbozo de respuesta plausible y finalmente nos dejará sumidos en la sorpresa y el terror: ¿qué ocurrió exactamente?
En el relato Ómnibus, la angustia está omnipresente y un viaje común y corriente en un vehículo de transporte público se convierte en un viaje hacia lo desconocido, tal vez un viaje hacia la muerte. Nos quedamos sin saber si los viajeros que llevan flores están muertos o vivos. Ellos son referidos por el narrador por el tipo de flores que llevan, al igual que en La autopista del sur, los conductores de los automóviles son nombrados de acuerdo al tipo de auto que poseen. Podemos interpretar esto como enajenación, como falta de comunicación, como deshumanización.
En Circe, la personalidad de Delia Mañara nos desconcierta. ¿Es una hechicera? ¿ Es la novia típica de barrio; dulce y pasiva, incapaz de trastocar ninguna realidad ? La angustia en este relato está dada a través de lo que se dice y por tanto se cree sobre el carácter de Delia-Circe. Mario vivirá en la angustia más sofocante y sus temores serán compartidos por el lector. El tema de la muerte está inquietantemente presente en el relato. Delia-Circe, está rodeada de muerte. Ella parece sembrar la muerte a su paso. Los padres de Delia viven en la angustia más apremiante deseando cada día liberarse de la hija-hechicera.
En Bestiario, la atmósfera sórdida que impregna todo el relato produce una ambigüedad que se convierte en angustia. Los personajes viven sus complicados mundos psicológicos sin entenderlos muy bien. Un hálito de maldad se apodera de todos, incluso de los niños. La muerte es una vez más la posibilidad por excelencia. Esta posibilidad de morir en cualquier momento nos conduce a la angustia.
En La autopista del sur, el tiempo se paraliza y la incomunicación que enajena las relaciones humanas desaparece temporalmente. La interrupción del tiempo posibilita una comunicación auténtica entre las personas, fomenta la solidaridad entre ellas. La angustia en este relato aparece al comienzo del mismo y al final. Los personajes sin nombre; “cosificados” por la sociedad de consumo, no saben hasta cuándo durará el embotellamiento y una vez en él se acostumbran a soportarlo por las compensaciones que éste trae consigo. La posibilidad de vivir en la autenticidad por un tiempo sin tiempo y entre seres sin nombre. Al final del relato, cuando el tráfico, que podría ser una metáfora del transcurrir del tiempo, se normaliza nuevamente, resurge la angustia.
En La salud de los enfermos, la angustia está dada por la falsedad de las relaciones entre las personas y los subterfugios que ponen en práctica para postergar lo impostergable: la muerte. Los personajes están cautivos de sus propias mentiras, del mundo falso que han creado para proteger a la madre dominante y enferma. Estas mentiras les impiden vivir auténticamente y por tanto el destino final de ellos es habitar la angustia y nutrirse de ella.
En el relato La señorita Cora, observamos la lucha dramática de un adolescente; un ser que se halla a horcajadas entre dos realidades; la adulta y la infantil; un ser que lucha por ubicarse, por diseñar su espacio de juego; por ser admitido en alguna realidad; por no ser condenado a la marginalidad; por aprehender su propia esencia; por ser. La incomunicación es total en este cuento y sólo la muerte como posibilidad inminente permitirá un esbozo de comunicación; pero ya los dados han sido lanzados y ya es muy tarde para Pablito. La angustia de Cora la acompañará el resto de su vida, como un cáncer doloroso.
En Carta a una señorita en París, la angustia del personaje que escribe la carta se materializa en conejitos. ¿Existen los conejitos? ¿ Existen solamente en la mente torturada del personaje? La angustia ante esta injusticia de la naturaleza que no puede controlar desembocará en el suicidio. El personaje está condenado a vomitar conejitos y esta condena a llevar un tipo de vida que no es vida engendra la rebelión del personaje; esta rebelión se canaliza primero a través de la enajenación y luego la muerte porque la angustia es insoportable.
En El otro cielo, la angustia está relacionada con la muerte que genera la melancolía más profunda, porque es la experiencia solitaria por excelencia. El clima angustiante del relato está logrado por la ambigüedad entre la realidad y la imaginación. ¿Puede el amor más devoto o la obsesión más extendida hacer regresar a los muertos?
En El ídolo de las Cícladas, como en Cartas de mamá y Las armas secretas y acaso en Todos los fuegos el fuego, el pasado determinará el presente porque lo contaminará y, destruirá el futuro por su fuerza corrosiva, por los problemas no resueltos que acarreará a través de los años y de las conciencias torturadas de los personajes. La angustia está presente en estos relatos porque el pasado no ha sido vivido auténticamente y ahora reclama su realización. En El ídolo de las Cícladas, el pasado mítico y la obsesión de Somoza nos traen a la memoria a Carlos Argentino y su angustiante Aleph.
En El perseguidor, la angustia está ligada a la obsesión por el tiempo y por esa búsqueda sin norte de lo absoluto. Johnny intuye quién es; pero no tiene la certeza, intenta encontrar una salida positiva a su angustia sin conseguirlo y es esta soledad e incomunicación la que lo neurotiza más y lo condena a vivir sin autenticidad.
En relatos como Axolotl, Cortázar nos presenta una lucha terrible entre dos identidades o acaso la trágica elección del hombre que observa obsesivamente el acuario, ¿el axototl elige al hombre o es éste quien lo elige? Ocurre acá, lo mismo que en Lejana; ¿quién elige a quién? Es interesante notar que algunos críticos han creído ver a Cortázar en el axolotl, como muchos críticos creyeron ver a Borges en su minotauro, en La Casa de Asterión.