



Si nosotros partimos de la consideración del lugar de residencia del hidalgo, tendremos un espacio real en el que había vivido Alonso Quijano hasta el momento en que decide cambiar radicalmente su existencia.
Él es un pobre noble, un hidalgo en desgracia. Conviene insistir en esa necesidad planteada por Cervantes de apoyar a las clases más menesterosas y fustigar a las pudientes. Dice al respecto Ludovik Osterc:
Mientras moteja a las parasitarias clases de la nobleza histórica y sus integrantes, Cervantes hace una apología de las clases populares y sus representantes. De su pluma fluye una cálida y franca simpatía hacia los humildes y pobres. [...] Sale en defensa de los desvalidos, oprimidos y explotados, en toda ocasión que se le ofrece. Así, protege al pastorcillo Andrés, expoliado y maltratado por su codicioso amo, Juan Haldudo (I,4); defiende la castidad y libertad de Marcela ante los agresivos pastores, amigos del difunto Grisóstomo (I, 14).15
Don Quijote y Sancho proceden de las clases pobres; y el primero, de los hidalgos de aldea arruinados. De esta forma nos enteramos del valor que posee la menguada hacienda de Alonso Quijano; él gastaba las tres partes de su hacienda en comer y el resto de ella en vestirse.
De esta realidad sale don Quijote. No la cambia, la mantiene tal cual la conoce desde hace ya mucho tiempo; pero cuando llega a otros espacios, reales, pero desconocidos por él, deja en libertad la maquinaria de transmutación.
Queremos referirnos, por último, al capítulo XLVII de la 1a parte, en donde se relata "Del extraño modo con que fue encantado don Quijote de la Mancha, con otros famosos sucesos".16
El personaje ha sido encerrado en una jaula de madera, y será conducido así de regreso a su tierra para alejarlo de las extrañas circunstancias en las que se encontraba inmerso como consecuencia de sus locas invenciones.
Nuevamente es el mundo real que interviene para pretender -supuestamente-, "ayudar" al hidalgo.
En el espacio de su propio encierro y en una carreta tirada por bueyes, se trasladará don Quijote hacia el mundo de la cordura que había dejado muy atrás.
Veamos cuáles son sus palabras en este momento:
Muchas y muy graves historias he yo leído de caballeros andantes; pero jamás he leído, ni visto, ni oído, que a los caballeros encantados los lleven desta manera y con el espacio que prometen estos perezosos y tardíos animales; porque siempre los suelen llevar por los aires con extraña ligereza, encerrados en alguna parda y escura nube, o en algún carro de fuego, o ya sobre algún hipogrifo o alguna otra bestia semejante; pero que me lleven a mí agora sobre un carro de bueyes, ¡vive Dios que me pone en confusión!17
El contraste se establece ahora entre lo inmediato, aquello que es percibido por el hidalgo, y la realidad soñada que, -racionalmente- debería responder a otros esquemas diferentes. Hacemos notar, al mismo tiempo, que la transformación de la realidad no opera en este momento; en el espacio de una carreta tirada por bueyes, don Quijote ve precisamente eso: una carreta tirada por bueyes y nada más. Ahora bien, él advierte que para estar encantado se requeriría otro espacio diferente; por eso está muy confundido.
Si recordamos el episodio del yelmo de Mambrino, por ejemplo, allí podía analizarse cómo el personaje transmutaba inmediatamente lo que observaba; en esa circunstancia no dudó un solo instante en descubrir, en lugar de la bacía del barbero, el famoso yelmo de Mambrino. Esto sucede porque el hidalgo no se había enfrentado todavía a tantos acontecimientos que irían -paulatinamente- minando su decidida convicción.
Ahora, encerrado en la jaula de madera, las cosas son distintas. Pero el personaje se da cuenta que no puede creer si observa objetivamente los acontecimientos; al mismo tiempo comprende que debe creer aunque las situaciones no sean tan a su favor.
Por ello, da una explicación que le permite conciliar los extremos en disputa:
Pero quizá la caballería y los encantos de estos nuestros tiempos deben de seguir otro camino que siguieron los antiguos. Y también podría ser que, como yo soy nuevo caballero en el mundo, y el primero que ha resucitado el ya olvidado ejercicio de la caballería aventurera, también nuevamente se hayan inventado otros géneros de encantamentos, y otros modos de llevar a los encantados.18
Para confirmar su nueva teoría consulta a Sancho quien, harto y temeroso ya por tantos enfrentamientos, responde que no sabe nada, pero sí se atreve a sostener que "estas visiones que por aquí andan, que no son del todo católicas".19
El vocablo "católicas" utilizado por el escudero da lugar a un interesante juego semántico y dilógico según la interpretación que tiene en mente cada uno de los hablantes. Para don Quijote no pueden ser visiones "católicas", porque se trata nada menos que de demonios que han tomado cuerpos fantásticos; el término en cuestión resulta así asociado a una concepción religiosa y difiere de lo señalado por Sancho, quien, al emplearlo, hacía alusión a la idea de "verdadero".
Don Quijote retorna así al espacio real del que se había alejado al comienzo de la obra.
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