H. J. Eysenck; Psicología: hechos y palabrería, Alianza Editorial 1977, págs 20-22
Para la mayoría de la gente, la noción de laboratorio psicológico es casi una contradicción en los términos.
La psicología, estiman ellos, es en esencia el estudio de la mente o del espíritu; ¿cómo puede una cosa tan inmaterial ser recluida, encerrada, confinada en los estrechos límites de una estancia llena de aparatos, o incluso —más grave sacrilegio— repleta de ratas y de palomas? Tales preguntas merecen una respuesta, y en este capítulo introduciré al lector en unas cuantas estancias de mi propio laboratorio, indicaré las cosas que allí acontecen y, lo que es mucho más importante, expondré las razones por las que los sujetos hacen lo que hacen.
Este, por supuesto, es el punto decisivo que el visitante corriente de cualquier laboratorio científico muy a menudo pasará por alto. Le enseñarán aparatos impresionantes, gigantescas máquinas electrónicas, espaciosas naves llenas de científicos con bata mirando por microscopios o viendo electrones dar vueltas en el ciclotrón; a menos que conozca la razón del experimento, podrá impresionarle lo que vea pero no saldrá de allí mucho más ilustrado. Los psicólogos, cuando llevan visitantes a sus laboratorios, suelen insistir más en la complejidad de los aparatos y en su perfección material que en las razones por las que se emplean; en muchos miembros del grupo de estudios de las «ciencias socia les» se da un indudable sentimiento de inferioridad que les induce a creer que los aparatos poseen una respetabilidad científica difícil de hallar en las teorías y experimentos psicológicos. Dedicaré aquí a los aparatos impicados algunas palabras descriptivas, y me extenderé más sobre la función que "cada aparato desempeña en el descubrimiento de algunos secretos de la conducta humana.
Es éste un punto importante. La «mente», el «alma», o el «espíritu» son demasiado inmateriales para que se les investigue como tales por procedimientos científicos de ningún género; lo que el psicólogo estudia, en realidad, es la conducta que es algo lo suficientemente palpable como para ser observado, anotado y analizado.
Este empeño a menudo es criticado por personas que alegan que esta forma de mirar las cosas deja fuera importantes cualidades y aspectos de la condición humana. Que semejante objeción sea o no acertada es algo que sólo podrá dilucidarse con el tiempo; se trata de una cuestión casi filosófica, antes que científica, y poco objeto tendría el discutirla aquí. Convengamos simplemente en que puede adelantarse algo prestando atención sólo a la conducta, y dejemos que el futuro muestre las hipotéticas limitaciones de semejante enfoque.
Resultará ahora un poco más evidente por qué el psicólogo necesita un laboratorio. La conducta puede ser analizada en tres componentes principales. Por una parte, tenemos los estímulos que inciden en el organismo y que hacen a éste reaccionar. Estos estímulos pueden provenir del exterior (luces, sonidos, olores, etc.), o bien pueden proceder del interior del cuerpo mismo, como, por ejemplo, de los corpúsculos sensitivos de los músculos de nuestros brazos y piernas, que median la conciencia que tenemos de la posición de nuestros miembros.
En el lado opuesto de la balanza, tenemos las respuestas dadas por el organismo. Estas pueden ser musculares, es decir movimientos del cuerpo producidos por la contracción o relajación de los músculos; glándulares, o sea relacionadas con las secreciones de las glándulas; o bien pueden venir determinadas por el sistema nervioso autónomo, que gobierna un gran número de reacciones involuntarias, como la dilatación de la pupila o el sudor de las manos. La llamada actividad «mental» puede ser considerada también una. respuesta, aunque aquí, naturalmente, podamos vernos en apuros cuando intentemos registrar esta respuesta de una forma objetiva.
Entre el estímulo y la respuesta tenemos el organismo. En los albores de la historia de la psicología no faltaron intentos de excluir en esta relación al organismo y describir la conducta totalmente en términos de conexiones estímulo-respuesta. A esta tendencia se la denominó psicología E-R, pero pronto resultó evidente que la misma serie de estímulos podía producir una serie de respuestas totalmente distintas en diferentes organismos, o incluso en el mismo organismo en momentos diferentes. Esto es algo de hecho tan evidente que no haría falta ni decirlo, pero las cosas evidentes se menosprecian en ocasiones, y la reposición del organismo en el lugar que le corresponde es un acontecimiento relativamente reciente.
Estará claro por qué el psicólogo necesita un laboratorio.