Vuelta a la patria - El muro

3 - El muro

Artículo creado por Harry Almela. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/vueltap.html
22 de Septiembre de 2006

Pero, he aquí que el país se ha rebelado. La pústula sanguinolenta no se puede contener por mucho más tiempo. Sería demasiado extenso listar los hechos ocurridos desde el 2 de febrero de 1999. Sería más interesante intentar describir las líneas gruesas, ambicionar un sumergirse en las profundidades del río antes que describir sus meros márgenes. La realidad insiste, nos aplasta día a día, pero lo anecdótico no debe distraernos de aquello insondable que nos aturde.

Quizá el rasgo social y político más notorio de los días que hoy transcurren, sea el de la puesta en duda -por parte de los excluidos y de sus voceros oficiales- de los logros de la modernidad y, como corolario, de la forma de nuestra vinculación como país al escenario internacional. El discurso de la modernización en el campo económico, político, social y cultural ha demostrado -en muchos escenarios de nuestro continente- claras señales de fracaso. Los fríos números que hablan acerca de los excluidos están allí para demostrar la incapacidad de ese proyecto para desmontar las circunstancias donde se desarrolla la vida cotidiana de un alto porcentaje de venezolanos. Los excluidos lo son no por meras condiciones económicas, sino por carecer de posibilidades de desarrollo individual, uno de los deseos más acariciados por el proyecto de modernización, en su clara y necesaria intención de separar lo público de lo privado para beneficio del gran capital. Ante el fracaso del proyecto, y sin intención de superarlo desde sus mismas circunstancias, la respuesta a la que se ha recurrido pretende retrocedernos al siglo xix con la finalidad de re-escribir nuestra historia, como si el fracaso del proyecto modernizador se resolviera en un comenzar de nuevo. De allí proviene la continuidad del talante militar impulsado desde los espacios del Poder actual, como si aún el proceso de Independencia no se ha llevado a efecto. De allí proviene el discurso que privilegia a los héroes de nuestra Independencia. De allí proviene el discurso que pone en duda los logros del capitalismo para privilegiar formas de producción inmediatas en busca de solucionar los problemas del desempleo, sin que dicha propuesta se encamine hacia la formación de riqueza colectiva. De allí proviene el discurso que intenta marginar lo civil y particularmente a la clase media letrada -en el campo de las ciencias y las humanidades- en beneficio de la burla que provoca las distintas formas y expresiones del conocimiento en los sectores menos favorecidos de la población y en sus voceros oficiales. De allí proviene el discurso de carácter religioso que ha pervertido al discurso político, cargándolo de emotividades en detrimento de la racionalidad moderna, convirtiendo la discusión cotidiana en una disputa entre Dios y Satán el cual, a su vez, reelabora el antiguo discurso acerca de la Historia como un desenvolvimiento de la Idea Positiva. Aquí, el único fin ha de ser el advenimiento del Paraíso Perdido, presentido ya en las culturas que tienen como punto de partida un libro sagrado. Esta forma de la religiosidad ha sido harto explotado por el discurso oficial. Tienen su libro sagrado. Tienen sus ritos de exorcismo y comunión. Tienen sus dioses celestiales y terrenales. Tienen su Pantocrátor y su panóptico que mira, observa, supervisa y aprueba las formas totalitarias del ejercicio del Poder. Tienen su ejército militar y civil que ha venido desarrollando su particular Guerra Santa, con el apoyo de sectores internacionales que comparten la misma forma de ver la Historia. Tienen su discurso de espejo retrovisor, su desenfado a la hora de hablar del presente cotidiano y su esperanza puesta exclusivamente en el futuro provisor. Todo aquel que no comparta estas premisas debe ser puesto de lado, pues se trata de anular todo espacio individual en función de los espacios colectivos. De lo que se trata, en el fondo, es de llevar al país en su conjunto a un espacio y un tiempo premoderno, donde no existan diferencias entre lo público y lo privado. En ese escenario, es preciso anular o acabar con las instituciones intermediarias entre el Estado y el ciudadano, en beneficio de la figura del líder. Cuando se entregan tierras o alimentos a los ciudadanos, se establece el vínculo directo entre ellos y el líder. Las instituciones no cuentan para nada.

Esta forma de resolver el conflicto de nuestra particular manera de acceder a la modernidad, puesto en marcha a partir de 1999, pone en el centro crucial del debate la situación de los creadores y de los intelectuales en general. En efecto, los intelectuales que se habían formado en la duda del proyecto modernizador, que habían aceptado el reto de ponerse al día en ese debate que ocupaba el escenario intelectual dentro y fuera del país, de pronto se quedaron sin palabras. Secuestrados por la ilusión de la modernidad, pusieron su esfuerzo en buscar la manera de sentirse a sí mismos compartiendo un espacio social que diera cuenta de sus necesidades y de sus logros. Ese esfuerzo se hizo también desde la exclusión. Ahora, la generación de los años ochenta está doblemente excluida: estamos afuera porque el arte y la cultura no son bienes útiles y comerciales; estamos afuera porque el arte y la cultura son expresión del espíritu positivo del cual ahora se reniega desde el Poder, en su frenética pasión adánica y en su bizarro deseo de comenzar todo de nuevo, excluyendo a los que consideraba estaban incluidos y viceversa, en su avieso plan de repartir los pocos panes culturales que no alcanzan ya para tanta boca estremecida.

De allí procede la cada vez más visible preocupación de los creadores e intelectuales de esta generación, expresada en las soluciones que se han planteado en su búsqueda de pertenecer a algo, sea en el mundo de la política o en el mundo escritural, situación agravada por las circunstancias ya señaladas al principio. ¿Cómo resolver, entonces, nuestra manera de re-ligarnos a algo de lo cual siempre estuvimos separados? ¿Cómo insertarnos en un espacio del cual habíamos renegado, por convicción o por inocencia? ¿Cómo encontrarnos con un país que tuvimos siempre a nuestras espaldas, por convicción, por inocencia o por la mecánica impuesta por el Poder?

La generación de los ochenta -hasta ahora- ha vivido de manera contradictoria ese doble exilio. En la búsqueda de la solución, algunos decidieron intentar el reencuentro, ya sea por el discurso del retorno a los paraísos personales o por la apuesta de nombrar al país o a la ciudad, y nombrase a sí mismos en el escenario. Otros aceptaron definitivamente su condición de extranjeros en un mundo sin promesas, desconociendo el libro de la cultura y de la historia nacional, poniendo en la escena del poema -tanto en su sintaxis como en su semántica- los espacios ya consagrados por la cultura occidental. Pero -¡oh, destino implacable y fiel!- siempre el fantasma del exilio interior ha estado allí. Lo que varió fue la manera de enfrentarlo. Apocalípticos o integrados, siempre partieron del mismo punto: el de vivir en un país que no los reconocía como individuos, a pesar de cumplir con los guiones cotidianos que impone el concepto moderno de ciudadanía.

2 opiniones

ayuda

hola necesito que alquien me ayude con un yrabajo sobre este tema de verdad no entiendo nada
poesias cuentos y mas

buenisimo

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