1.1 La sucesión de Filipo La muerte de Filipo por asesinato produjo una situación de gran confusión. Proliferaron las acusaciones dirigidas no sólo a tratar de castigar a los asesinos, sino también a consolidar la línea sucesoria en una determinada dirección.
Las luchas sucesorias se complican con los problemas territoriales, pues Alejandro participaba de la línea de los Lincéstidas, como hijo de Olimpia, con quien Filipo se había casado en su primer matrimonio, procedente de la Alta Macedonia, y a quien se oponían los representantes de la Baja Macedonia, defensores de los descendientes de Cleopatra, considerados por algunos como los auténticos macedones.
A estas alturas del desarrollo del sistema, entre estos pueblos todavía está vigente la tradición que obliga a los reyes a obtener el trono a través de competencias y luchas con otros aspirantes.
También en Grecia la lucha continúa, pues fue necesaria la sumisión de varios movimientos de rebelión. Desde el 336 a.C. Alejandro comienza la carrera en este sentido, acompañada de la adopción de los títulos propios de la tradición helénica. También actúa en el norte y llega hasta el Danubio.
En Atenas liberó a la ciudad de los persas, adoptando así la identificación de la resistencia demosténica con la colaboración con el bárbaro tal como la definía Esquines. Tebas se queda sola en su resistencia, y Alejandro arrasó la ciudad dejando en pie sólo la casa de Píndaro, como síntoma de dudoso respeto a la cultura.
Resulta significativa como acción inaugural de los nuevos sistemas de dependencia que se instalan gracias al apoyo del reino de Macedonia, donde la orientalización posterior, despótica, encuentra la menos una disposición tendencial.
1.2 Alejandro y los griegos de Asia
Una vez que Alejandro hubo restaurado el poder macedónico en el continente, emprende la continuación de la obra de su padre. La campaña se inicia en el 334 a.C. con el paso del Helesponto. Los primeros contactos de Alejandro en las costas occidentales de Asia Menor fueron los establecidos con los griegos de la zona. Las relaciones específicas, establecidas con los persas desde la paz del Rey, habían servido para consolidar regímenes oligárquicos o tiránicos dependientes.
Alejandro optó por emprender directamente la vía militar, para lo que se dirigió hacia el este y se enfrentó a las tropas persas en la batalla de Gránico, en la Frigia Helespóntica. La victoria abrió las puertas de Asia Menor a los ejércitos de Alejandro, donde las ciudades griegas comenzaron a buscar la alianza con él a través de modificaciones internas que se definen como formas de democratización.
En los documentos conservados, Alejandro aparece como firmante unido a los griegos, con lo que se da a su empresa un carácter panhelénico, desprendido de la realeza macedónica. Alejandro y los griegos serán los protagonistas de las primeras campañas y los promotores de un nuevo marco de encuadramiento de las ciudades asiáticas. Alejandro llegó por el sur hasta Sardes y Éfeso.
Sin embargo, un griego, Memnón de Rodas, típico producto de las formas de colaboración entre persas y griegos de Asia a lo largo del siglo IV a.C., fue el encargado de organizar la contraofensiva. Recuperó el control sobre gran parte de las Cícladas y especialmente sobre las ciudades de las islas de Quíos, Rodas y Lesbos.
Alejandro, una vez sometida la zona suroccidental de Asia Menor, se dirigió hacia el interior de nuevo, y tuvo que atender las necesidades de la flota. Sin embargo, la muerte de Memnón y las necesidades del Rey de concentrar fuerzas para volver a intentar la resistencia a la penetración grecomacedónica hicieron innecesaria la acción.
Los griegos se reestructuraron en la Liga de Corinto, con la entrada de las ciudades liberadas, de las que se expulsaba a los tiranos, se hacía volver a los exiliados y se organizaba un nuevo sistema en que el demos compartía teóricamente el control de la situación con Alejandro mismo.
Alejandro continuaba su expedición de control de los territorios de Asia Menor por Gordion (donde tuvo lugar el episodio consistente en el corte o desatado del famoso nudo que se le ofrecía como obstáculo). Luego descendió hasta llegar a Tarso, de nuevo en la costa del Mediterráneo, donde ya podía entrar en contacto con los refuerzos que había hecho transportar a Siria.
1.3 La cuenca del Mediterráneo
Al norte de Siria, Alejandro consiguió una nueva victoria sobre las tropas del Gran Rey en Isos, con lo que quedaba controlada toda la península de Anatolia. Se inicia una nueva etapa, caracterizada por el control de las ciudades fenicias y por la desaparición de sus flotas y la de los chipriotas, en las que se apoyaba el imperio persa. Con ello terminan sus posibilidades de subsistencia en el mar.
La adhesión creciente de las ciudades griegas y las ofertas de paz hechas por el Gran Rey pondrían punto final a una forma específica de expansión, capaz de controlar Grecia desde la monarquía de origen exterior (como solicitaba Isócrates) y de contener la fuerza del imperio persa en favor de la Grecia de las ciudades, que ahora contaría con el control de los territorios de Asia Menor. El proceso expansivo mismo va creando su propia dinámica de reproducción, plasmada en las nuevas intenciones conquistadoreas de Alejandro.
La acción más agresiva tuvo lugar en Tiro, que ofreció la mayor resistencia, contra la que se emplearon modernas técnicas de artillería, y de cuyos habitantes, aparte de los 8.000 condenados a muerte, 30.000 fueron vendidos como esclavos, en agosto del 332 a.C. Alejandro seguía empleando este sistema, indicativo de que uno de los objetivos de la empresa se situaba en el reforzamiento del sistema de sumisión por conquista.
En Egipto, el Rey es recibido como un libertador por una población que en tiempos recientes ha experimentado los efectos más duros de la dominación despótica persa. El episodio más destacado fue la visita al oráculo de Amón, en Siwa. La acogida favorable por parte de los sacerdotes, expresada en la filiación de Alejandro como hijo de Amón, protegido como nuevo faraón, se interpretó igualmente como filiación con respecto a Zeus, característica específica de la realeza tradicional, con lo que se logra una nueva síntesis entre la teología egipcia de la realeza y las características griegas de la realeza mítica y aristocrática. Como hijo de Zeus no podía reprochársele ningún tipo de despotismo orientalizante. Sin embargo, ello le permitía atribuir aspectos divinos a las formas de poder que iba elaborando.
Otra medida de gran trascendencia fue la fundación de Alejandría, elemento simbólico de ese mismo personalismo y punto de partida de una nueva concepción de la ciudad griega, asentada entre pueblos orientales.
1.4 Mesopotamia e Irán
Alejandro volvió a la costa palestina para, desde Tiro, dirigirse al noreste por Damasco, cruzar el Eufrates y el Tigris, y por fin enfrentarse al Gran Rey en la batalla de Gaugamela (331 a.C.), donde se hizo con un gran botín. El Rey escapó, y Alejandro se dedicó a perseguirlo, fraguando la idea de convertirse en su sucesor, aplicando una vez más la práctica de la tradición real macedónica, según la cual quien mata al Rey se convierte en Rey.
La victoria le abre el camino hacia Babilonia, sede mítica de la realeza oriental. Pero Alejandro continúa la persecución del Gran Rey en Persia, hasta Susa y Persépolis, donde devasta el palacio como venganza por la destrucción de Atenas en las guerras médicas.
Alejandro no sólo imita el sistema de control de los territorios propio de los persas, el de las satrapías, con el nombramiento de algunos de sus colaboradores como sátrapas de los territorios conquistados, sino que incluso hace uso de los mismos sátrapas que ya ejercían esas funciones bajo las órdenes del Gran Rey.
Desde allí, continúa la persecución hasta Media y se asienta en la ciudad de Ecbatana, pero Darío sigue escapando hacia el territorio de las Altas Satrapías. En Ecbatana, Alejandro decide prescindir de las tropas griegas, en las que empezaban a notarse síntomas de descontento. El ejército se configura como un contingente de mercenarios alejado del mundo de la ciudad-estado. De este modo acaban las funciones de la Liga de Corinto.
1.5 La muerte de Darío
Cuando Alejandro emprendía la persecución de Darío hacia las Altas Satrapías tuvo conocimiento de que Beso había sido el responsable de su muerte, al tiempo que se presentaba como interlocutor de Alejandro y sucesor del Rey. Él mismo se convierte ahora en el vengador de la muerte de Darío y en el encargado de recuperar los territorios sobre los que los persas mantenían las pretensiones.
Alejandro entra así en una nueva etapa en la que aparece como conquistador de la Partia, donde la forma de actuar con las aristocracias comienza a identificarse con la de las monarquías orientales (el rey es al mismo tiempo fundador de ciudades y capaz de darlas su nombre).
Penetra hacia Aria, Drangiana, Aracosia, Bactriana y Sogdiana hacia el 329 a.C. La historia de sus conquistas se convierte en la de la expansión sobre territorios ocupados por pueblos primitivos. Entre los episodios más notables se encuentran los enfrentamientos con Espitámenes, símbolo del encuentro entre culturas radicalmente opuestas, que tuvo como escenario la ciudad de Maracanda (luego Samarcanda), donde entran en conflicto diferencias profundas en la concepción de las relaciones humanas.
Desde el punto de vista territorial, Alejandro alcanzó así los límites del imperio persa, mientras que en el plano personal adoptaba el papel de sucesor y heredero del rey persa. Lucha contra diversos pueblos (escitas, masagetas, corasmios, sacas y dardas), y mata a Beso como usurpador.
A Espitámenes, que se ha erigido como representante de las fuerzas opositoras a Alejandro en Oriente, lo matan los mismos bárbaros, convencidos de que las nuevas fuerzas personales no se distinguen de las viejas y tradicionales, procedentes de los pueblos persas.
1.6 El sucesor de Darío
En el 327 a.C. Alejandro inicia una política matrimonial integradora al casarse con la bactriana Roxana. Este proceso traía consigo la aparición de problemas en las relaciones entre griegos y macedonios en las filas de las fuerzas dependientes de Alejandro.
La creciente fuerza del poder personal de Alejandro, unida a las tendencias orientalizantes, sirve de fundamento para la transformación de la realeza macedónica. Alejandro cae en la tentación de aceptar la proskynesis, forma de sumisión servil identificable con la esclavitud propia de los orientales. Algunos miembros de su expedición se niegan a admitir una práctica similar, aunque estos problemas habían surgido desde que Alejandro se identificó con la realeza en la sucesión de Zeus-Amón. Desde el 330 a.C. se notaron estos efectos, cuando Filotas, tras negarse a admitir la existencia de ceremoniales regios de ese tipo, fue condenado y ajusticiado.
Los problemas se tradujeron en asesinatos y delaciones, que afectaron a personajes próximos a la persona de Alejandro y provocaron cambios importantes, desapareciendo Parmenión (colaborador suyo desde el primer momento), e imponiéndose Hefestión, digno de la confianza de Alejandro, y Clito, crítico de las tendencias orientalizantes del Rey. Ambos representaban la síntesis de la nueva situación, de la tradición macedónica y el orientalismo que se impone con la expansión sobre los territorios recientemente conquistados.
Las contradicciones se resuelven en una nueva síntesis, representada por los hombres de Alejandro que no adoptan una actitud definida en las cuestiones básicas a favor o no del monarca. En este escenario se hallan personajes como Crátero y Perdicas, destinados a desempeñar un papel específico en los momentos sucesivos.
1.7 Alejandro, déspota oriental
En el año 327 a.C. Alejandro llegó a la India. Los objetivos concretos de este viaje son muy difíciles de analizar, entre leyendas y mitos. Quizás intentara acercarse a los confines del mundo habitado o habitable por los griegos, marcado por las divinidades de Heracles o Dionisio.
Todo ello tuvo una doble vertiente, señalada por los aspectos negativos surgidos tanto en el interior como en el exterior. En este último aspecto, la lucha contra el rey Poros complicó los planes. Pero más importante fue el hecho de que en estas circunstancias se produjeran las revueltas de las colonias militares asentadas en las Altas Satrapías, provocadas por las noticias de la muerte de Alejandro, lo que indicaría el fuerte grado de personalismo en la proyección oriental de la política griega.
También resulta significativo que los colonos militares allí asentados echaran de menos la polis como sistema organizativo. Aquí están presentes los problemas resultantes del proceso de formación del mundo helenístico, aunque momentáneamente, el problema concreto se resolviera a través de la represión y de la destrucción simple de los asentamientos.
1.8 El despotismo oriental
Desde el 324 a.C. la obra de Alejandro se traduce en una nueva organización del reino y del territorio. La conquista queda sustituida por la organización. De repente, se ponen de manifiesto problemas hasta ahora ocultos por la dinámica conquistadora y expansiva. El sistema persa se convierte en el dominante, plasmado desde el principio en la organización de las satrapías. Cada etapa se convierte en el punto de arranque de una nueva etapa conquistadora.
El problema viene en este momento a traducirse en el de los modos de aplicar a occidente los métodos asimilados en la conquista de oriente. Se plantea por primera vez la cuestión de si es posible que en una misma estructura política se incluyan Oriente y Occidente. Desde el 324 a.C., Alejandro se dirige a las ciudades griegas como el Rey sucesor de los Aqueménidas, el Rey Alejandro, no el Rey de los macedonios, que dejaba fuera de la fórmula a los griegos, como si se tratara de un estado aliado y colaborador de las ciudades griegas libres. Alejandro exigía de ellas el culto como si se tratara de un dios invencible, una vez que se considera realizada la misión para la que han apoyado la presencia de una fuerte autoridad exterior.
La transformación de la monarquía macedónica se traduce ahora en una presencia despótica en el mundo griego. La muerte puso punto final a una empresa cuando sólo era posible comprobar lo que quedaba después de la desaparición de su principal protagonista individual, creador de unas circunstancias generales realmente específicas y peculiares. La helenización se traduciría, parcialmente, en una orientalización de las formas políticas y sociales.