2.1 Orientalización y helenización
A partir de un momento determinado, el control real de los territorios orientales se llevaba a cabo a través de las aristocracias iranias. El hetairos (formaciones macedónicas aristocráticas y despóticas adaptadas al mundo de la polis en el proceso de contacto con el mundo griego) sigue desempeñando el papel de vehículo para la integración de las comunidades en el sistema de dominación personal, donde no es fácil discernir lo que procede de la tradición macedónica y lo que se recibe del mundo iranio. Las acciones llevadas a cabo en Babilonia, como punto de concentración de flotas orientales y occidentales, parecen indicar que la actividad de Alejandro mostraba aspiraciones integradoras. Allí, fenicios, chipriotas, griegos y orientales pretendían transformar el puerto fluvial, regulado por la monarquía, en el nudo de comunicaciones integrador del Oriente y del Occidente. La muerte de Alejandro, en el 323 a.C., frustró este proyecto.
2.2 La polis y los sistemas tributarios
i) Situación paradójica en la empresa de Alejandro
Una de las características fundamentales de la empresa de Alejandro es su situación paradójica como defensor de los intereses de unas poleis en decadencia desde la perspectiva de una monarquía primitiva, donde la polis sólo fue un proyecto que buscaba sus modelos en el exterior. Para la defensa de esos intereses se construyó el proyecto de Filipo de conquistar territorios que proporcionaran poblaciones dependientes. La mayor paradoja es que esos territorios se convirtieron en punto de atracción para el proceder de una realeza primitiva, porque allí había una realeza más evolucionada que podía satisfacer mejor las aspiraciones despóticas de un individuo ambicioso.
ii) Ventajas del sistema tributario sobre el sistema de mercado
El sistema de dependencia tributaria se revelaba más eficaz para la nueva estructura, basada en un amplio dominio territorial, que el sistema de dependencia esclavista basado en el mercado. En el mismo movimiento expansivo se va viendo cómo es preferible la adopción del sistema tributario en el territorio conquistado, y cómo pueden buscarse sistemas equiparables para extender al mundo griego. De ahí que se tienda a someter a la monarquía a la ciudad griega, no ya para proporcionarle los medios de conservar sus anteriores estructuras, sino para facilitar el camino que llevará a las nuevas estructuras.
iii) Adopción del sistema tributario El influjo de la conquista de Alejandro viene a traducirse en que la polis se somete paulatinamente al sistema tributario hasta ahora representado por los grandes imperios de oriente, que los propios persas no han podido imponer en las ciudades griegas, y que éstas reclaman ahora con la ayuda de una realeza no persa, sino vencedora de los persas.
iv) Nueva función del mercado Ello no impide que en el sistema de Alejandro se intentara conservar y fomentar el mundo del mercado, empezando por la nueva concentración en torno al puerto fluvial de Babilonia y por el fomento de intercambios con Egipto a través de Alejandría. El mercado pasa a desempeñar una nueva función, aunque Alejandro pretendía recuperar la funcionalidad antigua. Casi toda la obra de Alejandro puede definirse como la de quien sirve de vehículo para la renovación cuando pretendía conservar la estabilidad de los métodos antiguos. La renovación se orienta precisamente por el camino de las estructuras más tradicionales y arcaicas del mundo antiguo.
2.3 La divinización del poder
Alejandro hereda los instrumentos del poder elaborados por la realeza macedónica, algunos primitivos, como el concepto de realeza conseguida por la competición y lucha entre pretendientes, y otros más elaborados, como la incorporación de la basileia como herencia de las tradiciones griegas, incluyendo las referencias a los héroes. De este modo, Alejandro se vincula a la divinidad a través de Heracles, como heredero de los reyes de Argos, y a Dionisio, como heredero de Aquiles. Con la conquista, estos aspectos van acentuándose y adquiriendo nuevas formas. El paso fundamental fue dado en el santuario de Zeus Amón en el desierto de Libia. La paulatina incorporación de los rasgos de la realeza oriental va dando a Alejandro elementos nuevos de poder que se traducen, en lo formal, en la proskynesis, a través de la adhesión de las poblaciones sometidas. Sin embargo, surgen movimientos de oposición que se traducen en la recuperación del concepto aristotélico de la realeza, propiamente helénica. Los conflictos se prolongarán a lo largo de toda la historia del mundo helenístico-romano, entre el Rey heredero de la antigua basileia aristocrática y la realeza despótica orientalizante, que puede identificarse, en lo griego, con la tiranía.
2.4 El mito de Alejandro
Con nigún personaje de la historia existe la sensación de hallarse ante la figura de un protagonista que base los éxitos en méritos individuales como en el caso de Alejandro. El análisis global permite encuadrarle en la transición hacia el mundo helenístico., en la que es preciso tener en cuenta factores múltiples que afectan a los diversos aspectos de la realidad y que se encuentran relacionados entre sí de manera compleja. Por una parte, la Grecia del siglo IV a.C. ofrece múltiples entidades en evolución dramática hacia la destrucción mutua, como consecuencia de los conflictos internos, manifestados en la lucha social y en la búsqueda de soluciones externas. La polis sólo se reproduce a costa de otra ciudad, pero esta otra ciudad reacciona con la guerra para impedir esa reproducción y conseguir la propia. La vuelta a los sistemas restrictivos de la ciudadanía sólo se consigue con la violencia de que es capaz el sistema autoritario macedónico, que ofrece al mismo tiempo la posibilidad teórica de la hegemonía helénica exterior. Sólo la evolución de las ciudades griegas, junto a la experimentada por el pueblo macedonio que lo obligan a adoptar una creciente política expansiva, explican el resultado consistente en la intervención de los griegos en esta nueva empresa.
Ahora bien, junto a estos factores, otros hacen comprensible el proceso expansivo y los resultados, como son el pueblo persa y los pueblos marginales. El primero, factor clave de la consolidación del sistema tributario en que se sustentan los imperios del Próximo Oriente asiático, ha alcanzado un grado de expansión donde se imponen nuevas transformaciones. La conquista de Alejandro significó, por un lado, la única posibilidad de conservación y reproducción del sistema, y por el otro, el elemento clave para su disolución política, en la creación del nuevo escenario donde se crean nuevas formas de relación tributaria entre dominantes organizados en imperios y los pueblos limítrofes. El panorama aparece variado y heterogéneo, pero al mismo tiempo coherente como integración de formas económicas contradictorias, como absorción de formas políticas de diverso orden y como cuadro de asentamientos de todo tipo, en una unidad sólo posible a través del proceso de unificación y diversificación de que fue protagonista Alejandro. El proceso producido en el plano de las realidades colectivas facilitó la aparición de un mito que atribuye todos los méritos a las cualidades y a los vicios de un solo individuo.
2.5 La proyección historiográfica del mito
Alejandro, como eje de los cambios, se convierte en un mito, lo que no quiere decir que su figura se halle exenta de crítica. Los juicios se colocan en posiciones opuestas, siempre resaltando el carácter excepcional de su personalidad. La versión mítica más definida es la que ha llegado a través de Diodoro de Sicilia, recibida de Clitarco. La realeza tenía carácter divino, que los consideraba grandes benefactores de la humanidad transformados en dioses, lo cual podía aplicarse a Alejandro. Sin embargo, la teoría tenía su fundamento en la personalidad misma de Alejandro, que había producido unas importantes mutaciones desde la realeza macedónica hasta el despotismo orientalizante, cuyo carácter carismático necesitaba el apoyo de la identificación con la divinidad, manifestado en Egipto, en el santuario de Zeus Amón. En ese proceso, la victoria se convierte en elemento clave para consolidarse en el poder al que se atribuye un carácter sobrehumano que heredarán los reyes helenísticos. Alejandro es objeto de críticas basadas en su actuación violenta y en sus excesos de todo tipo, aunque sólo él es capaz de conjugar los aspectos extremos que caracterizan al héroe.
El retrato de la imagen de Alejandro se completa si se tiene en cuenta que de la misma corte de Ptolomeo (que trasladó a Aejandría el cadáver del rey macedónico) surge la versión que transmiten las fuentes de Arriano para proporcionar una imagen de Alejandro como rey sereno y reflexivo, contrapunto del tirano, modelo de otra imagen igualmente mítica del rey macedónico. Desde el principio, Alejandro se presta a que se configuren imágenes polisémicas de su personalidad y del sentido de la misma en la realidad histórica del momento.
2.6 Los elementos de la nueva realeza
La realeza macedónica anterior a Alejandro se basa en el fortalecimiento de las relaciones aristocráticas dentro de una estructura tribal tendente a la descomposición. En contacto con las ciudades griegas, los reyes han desarrollado un ejército de infantería, paralelo al de la aristocracia ecuestre, basado en importantes cambios, entre ellos en la consolidación de nuevos sectores de campesinos que se integran en las ciudades. La conquista del norte del Egeo y el acceso a los metales preciosos permitieron que también el ejército mercenario pudiera desarrollarse dentro de la nueva estructura y que sirviera para acentuar el carácter carismático del jefe militar que proporciona la victoria.
Entre tanto, en Grecia aumentan las aspiraciones a la unidad, pero siempre en la idea de que sería un individuo quien fuera capaz de llevar a cabo el proyecto. La forma de poder personal que admite la tradición aristocrática, frente a la tradición tiránica, se asimilará en la Macedonia de Antípatro, como una forma alternativa a la realeza oriental. Ello colaboraría a la creación de una imagen griega de Alejandro. Ya los macedonios habían iniciado la configuración de esa imagen cuando el Rey se identificaba con Heracles, héroe panhelénico y conquistador. Será la imagen elaborada por Calístenes, integrada en la tradición aristocrática, el héroe providencial que esperaba Isócrates, sin que alterara la naturaleza de su civilización, sino que recuperara sus aspectos más tradicionales. En Macedonia, Antípatro y Parmenión serán capaces de consolidar localmente esa forma de realeza, mientras Alejandro se dedicará a la conquista y en ella surgirán las contradicciones que configuran el nuevo proceso. Las reformas militares que refuerzan la autoridad de Alejandro sirvieron para consolidar el estado centralizado que se formó en Babilonia, encabezado por Hárpalo. En principio, este nuevo estado se limita a Asia, pero servirá como apoyo para reforzar la autoridad macedónica en Grecia.
2.7 Griegos y bárbaros
En la figura de Alejandro se plasman los problemas propios del período de transición que se traduce en la definición de nuevas relaciones entre griegos y bárbaros. Alejandro recibió apoyo griego por el hecho de que representaba la posibilidad de esclavizar poblaciones sometidas como bárbaras. Uno de los vehículos utilizados por sus enemigos, como es el caso de Efipo, fue la acusación de aproximarse a los bárbaros, por adoptar formas orientalizantes o por vivir en el lujo. Toda la tradición posterior de la teoría de la realeza tiene su apoyo en Alejandro, fundamento de argumentaciones variadas en torno a la definición de una u otra forma de monarquía. Hay distintas posturas:
- Aristobulo: refleja el antagonismo irreconciliable entre Alejandro y Darío, de los macedonios que luchan contra los persas irreconciliablemente. Es la doctrina que trata de conservar al Alejandro exigido por quienes lo apoyan para conseguir que se lleve a la práctica la doctrina de la superioridad del griego sobre el bárbaro.
- Duris de Samos: representa un Alejandro corrompido, que ha traicionado los proyectos.
- Timeo: refleja una evolución desde el conquistador griego que puede llevar a la práctica el programa de Isócrates hasta el Alejandro corrompido.
La realeza inaugurada por Alejandro entre griegos y bárbaros se convierte en modelo de los aspirantes a formas de realeza inmediatamente posteriores, como Demetrio Poliorcetes. Se inicia un nuevo camino, que hace posible que las formas de la realeza, a través de la imagen de Alejandro, con base aparentemente occidental, puedan prescindir de los rasgos orientalizantes, y por tanto de la identificación con el bárbaro, para servir de apoyo a figuras como Pirro y Lisímaco. La realeza apoyada en el Alejandro oriental para crear un nuevo Rey helénico se contrapone a la otra forma de realeza que trata de aproximarse lo más posible a la tradición macedónica, representada por Casandro.
Más complicado era el escenario en la realeza babilónica de los Seleúcidas, donde se impone la tentación mesopotámica a través de las satrapías aqueménidas, o la de los Lágidas en Egipto, que configuran una realeza donde los elementos faraónicos se interfieren con la imagen creada por Alejandro, escenificada en Alejandría. El héroe griego, representado por Heracles, se une a la imagen del conquistador realista. Lo griego y lo bárbaro se conjugan inseparablemente para dar lugar a una nueva imagen de la realeza.
2.8 Alejandro y la posteridad
La historia de la imagen de Alejandro resulta tan importante como la misma personalidad del rey. Los historiadores de su tiempo sólo se conservan en fragmentos citados por otros, como ocurre con Diodoro de Sicilia y Quinto Curcio, que se apoyan en la tradición de Clitarco. En toda esta literatura, la base se encuentra en la relación que existe entre grandeza y excesos, definida de modo privilegiado en la figura de Alejandro. Es también el fundamento de toda la otra tradición, diferente pero inseparable, constituida por las novelas de Alejandro, de gran proyección posterior. Junto a ello se encuentra la tradición representada por Arriano, que recoge datos transmitidos por Ptolomeo y Aristobulo, que estuvo con Antípatro, portador de la imagen macedónica de la realeza nacional, la que imagina al Rey como representante de la comunidad.
Tal vez sea Plutarco quien recopile los datos de origen más variado como para transmitir una imagen de esa importante diversidad de fuentes, síntoma de la diversidad de imágenes que dejó de sí el mismo Alejandro. Arriano, ejemplo para muchos de ecuanimidad, se ha revelado como un historiador profundamente condicionado por las realidades de la época, creadora de una imagen del poder para la que podía servir de fundamento un Alejandro conquistador pero equitativo, según los aspectos que se tratara de resaltar.
El estudio de Alejandro es, pues, inevitablemente, el de Alejandro y su imagen.