Arquitectura y escultura del Quattrocento italiano - La codificación de la nueva arquitectura: Alberti
Curso gratis creado por Creative Commons. Extraido de: http://www.geocities.com/CollegePark/Pool/2741/
23 de Marzo de 2005
Historia del arte
2 - La codificación de la nueva arquitectura: Alberti
Florencia fue el centro artístico en el que se codificaron los principios de la nueva arquitectura. Si la obra de Brunelleschi había supuesto un cambio radical a la concepción espacial del gótico, también supo integrar en el nuevo lenguaje elementos de la tradición. La influencia de la arquitectura de Brunelleschi se dejó sentir en otros arquitectos, en algunos como Michelozzo con mucha fuerza en el convento de san Marcos de Florencia.
Pero el teórico por excelencia de la nueva arquitectura fue León Bautista Alberti 1404-1472. Encarnó al nuevo artista, científico y erudito, que culminará con Leonardo. Sus escritos fueron tan importantes como los edificios que proyectó y además tuvieron una mayor difusión. Referidos concretamente a las artes escribió De pintura, De statua, De re edificatoria y una descripción de la ciudad de Roma. En De re aedificatoria tomó de Vitruvio la idea de la proporción, como fuente de belleza y la analogía entre la figura humana y la arquitectura. Alberti comprobó lo que las fuentes decían mediante el análisis de las ruinas. La armonía del organismo arquitectónico es lo que llama concinnitas y es reflejo de una armonía superior referida tanto a la sociedad como a una armonía cósmica.
Su conocimiento de la Antigüedad, su formación intelectual, el hecho de que ejerciera como arquitecto también en la práctica, sus contactos con los más avanzados centros culturales italianos y europeos y su capacidad para afrontar problemas de tipo teórico, le convirtieron con frecuencia en asesor de príncipes y papas cuando la envergadura del proyecto urbanístico o arquitectónico, exigía el consejo de alguien como Alberti, capaz de proyectar lo monumental con las claves del nuevo lenguaje que demandaban los nuevos poderosos.
Concretando ya en las obras que construyó todo ese bagaje cultural, podemos comenzar con una obra en la que Alberti completó: una fachada que había sido iniciada con elementos medievales, incorporándolos a una ordenación perfectamente clásica basada en la proporción. Se trata de la fachada de Santa María Novella en Florencia, que es una fachada a modo de telón, delante de una iglesia gótica. Estaba ya realizada la parte del basamento y Alberti la tomará como punto de partida para construir el resto de acuerdo con el nuevo sistema. El cuadrado, empleado como módulo para las proporciones, tiene una escala menor en el cuerpo inferior de la fachada y toda ella se puede inscribir en un cuadrado. Ese motivo resulta dibujado en ambos cuerpos mediante la taracea de mármoles de colores, recurso cromático con el que se expresa esa armonía entre las partes que es fundamento de la arquitectura de Alberti.
Usa la columna con un sentido de ornamento que se repetirá en otros edificios suyos. Sirven para enmarcar la puerta y por lo tanto el eje central del edificio. Además de la columna, el empleo de un frontón clásico es otro elemento tomado del repertorio ofrecido por la Antigüedad, repertorio que Alberti reelaboró siempre con gran libertad. La relación armónica entre el ancho cuerpo inferior y el mucho más estrecho cuerpo superior de esta fachada la resolvió el arquitecto con dos aletones, motivo de gran repercusión en la arquitectura religiosa del siglo XVI.
Un templo que merece un estudio especial fue San Francesco de Rimini, conocido como templo malatestiano, por su promotor Segismundo Malatesta en 1450, se trataba de un templo que conmemorara la gloria del duque, sirviendo además de panteón tanto para él como para su corte, en los arcos laterales de la fachada. Esta idea es medieval pero aquí se le daría un nuevo sentido y los sarcófagos que se coloraron en los muros laterales fueron los de los hombres ilustres de esa corte de humanistas.
El hecho de que fuera a ser un panteón explica el que en el proyecto recibiera una cúpula en la parte de la cabecera, pues era una tipología que se asociaba tradicionalmente al tema funerario y al poder. La imagen que hubiera presentado el edificio si esa cúpula se hubiera llegado a construir la conocemos por la medalla que Mateo de Pasti hizo en 1450.
Alberti utilizaba la tradición, la Antigüedad y su propio ingenio y capacidad creadora para proyectar sus obras. En el caso del Tempo Malatestiano y por lo que se refiere al primer punto, la tradición le vino impuesta, él proyectó una especie de camisa de vestido, que envolviera all’antico al edificio gótico sin tener que adaptarse a los vanos y ritmos que ya existían, por lo cual se puede decir que es una envoltura separada de los muros anteriores.
Alberti redactó su tratado De re aedificatoria entre 1443 y 1452. Se convirtió en un texto básico para los arquitectos. Ha sido señalado cómo la libertad con que afrontó Alberti el tema de la Antigüedad le convirtió en el primer desmitificador de un clasicismo que sin embargo, él contribuyó a crear. No hace una enumeración de los conocimientos que debe tener el arquitecto, sino que parte ya de la base de que el arquitecto es un científico capaz de calcular, combinar y distribuir, utilizando la razón y la imaginación para proyectar unas obras destinadas a ser usadas por los hombres. La arquitectura tiene una función social que contribuye a explicar la aceptación e incluso la fascinación de príncipes y poderosos por el nuevo sistema arquitectónico surgido en el Quattrocento, pues resultado de esa arquitectura sería una ciudad ideal capaz de corresponderse a un sistema político ideal.
Pero el teórico por excelencia de la nueva arquitectura fue León Bautista Alberti 1404-1472. Encarnó al nuevo artista, científico y erudito, que culminará con Leonardo. Sus escritos fueron tan importantes como los edificios que proyectó y además tuvieron una mayor difusión. Referidos concretamente a las artes escribió De pintura, De statua, De re edificatoria y una descripción de la ciudad de Roma. En De re aedificatoria tomó de Vitruvio la idea de la proporción, como fuente de belleza y la analogía entre la figura humana y la arquitectura. Alberti comprobó lo que las fuentes decían mediante el análisis de las ruinas. La armonía del organismo arquitectónico es lo que llama concinnitas y es reflejo de una armonía superior referida tanto a la sociedad como a una armonía cósmica.
Su conocimiento de la Antigüedad, su formación intelectual, el hecho de que ejerciera como arquitecto también en la práctica, sus contactos con los más avanzados centros culturales italianos y europeos y su capacidad para afrontar problemas de tipo teórico, le convirtieron con frecuencia en asesor de príncipes y papas cuando la envergadura del proyecto urbanístico o arquitectónico, exigía el consejo de alguien como Alberti, capaz de proyectar lo monumental con las claves del nuevo lenguaje que demandaban los nuevos poderosos.
Concretando ya en las obras que construyó todo ese bagaje cultural, podemos comenzar con una obra en la que Alberti completó: una fachada que había sido iniciada con elementos medievales, incorporándolos a una ordenación perfectamente clásica basada en la proporción. Se trata de la fachada de Santa María Novella en Florencia, que es una fachada a modo de telón, delante de una iglesia gótica. Estaba ya realizada la parte del basamento y Alberti la tomará como punto de partida para construir el resto de acuerdo con el nuevo sistema. El cuadrado, empleado como módulo para las proporciones, tiene una escala menor en el cuerpo inferior de la fachada y toda ella se puede inscribir en un cuadrado. Ese motivo resulta dibujado en ambos cuerpos mediante la taracea de mármoles de colores, recurso cromático con el que se expresa esa armonía entre las partes que es fundamento de la arquitectura de Alberti.
Usa la columna con un sentido de ornamento que se repetirá en otros edificios suyos. Sirven para enmarcar la puerta y por lo tanto el eje central del edificio. Además de la columna, el empleo de un frontón clásico es otro elemento tomado del repertorio ofrecido por la Antigüedad, repertorio que Alberti reelaboró siempre con gran libertad. La relación armónica entre el ancho cuerpo inferior y el mucho más estrecho cuerpo superior de esta fachada la resolvió el arquitecto con dos aletones, motivo de gran repercusión en la arquitectura religiosa del siglo XVI.
Un templo que merece un estudio especial fue San Francesco de Rimini, conocido como templo malatestiano, por su promotor Segismundo Malatesta en 1450, se trataba de un templo que conmemorara la gloria del duque, sirviendo además de panteón tanto para él como para su corte, en los arcos laterales de la fachada. Esta idea es medieval pero aquí se le daría un nuevo sentido y los sarcófagos que se coloraron en los muros laterales fueron los de los hombres ilustres de esa corte de humanistas.
El hecho de que fuera a ser un panteón explica el que en el proyecto recibiera una cúpula en la parte de la cabecera, pues era una tipología que se asociaba tradicionalmente al tema funerario y al poder. La imagen que hubiera presentado el edificio si esa cúpula se hubiera llegado a construir la conocemos por la medalla que Mateo de Pasti hizo en 1450.
Alberti utilizaba la tradición, la Antigüedad y su propio ingenio y capacidad creadora para proyectar sus obras. En el caso del Tempo Malatestiano y por lo que se refiere al primer punto, la tradición le vino impuesta, él proyectó una especie de camisa de vestido, que envolviera all’antico al edificio gótico sin tener que adaptarse a los vanos y ritmos que ya existían, por lo cual se puede decir que es una envoltura separada de los muros anteriores.
Alberti redactó su tratado De re aedificatoria entre 1443 y 1452. Se convirtió en un texto básico para los arquitectos. Ha sido señalado cómo la libertad con que afrontó Alberti el tema de la Antigüedad le convirtió en el primer desmitificador de un clasicismo que sin embargo, él contribuyó a crear. No hace una enumeración de los conocimientos que debe tener el arquitecto, sino que parte ya de la base de que el arquitecto es un científico capaz de calcular, combinar y distribuir, utilizando la razón y la imaginación para proyectar unas obras destinadas a ser usadas por los hombres. La arquitectura tiene una función social que contribuye a explicar la aceptación e incluso la fascinación de príncipes y poderosos por el nuevo sistema arquitectónico surgido en el Quattrocento, pues resultado de esa arquitectura sería una ciudad ideal capaz de corresponderse a un sistema político ideal.
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