Arquitectura y escultura del Quattrocento italiano - El palacio, la villa y la ciudad

3 - El palacio, la villa y la ciudad


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23 Marzo 2005
Alberti escribió que el palacio era como una pequeña ciudad y muchos años más tarde Castiglione se refirió al palacio de Urbino como a una ciudad en forma de palacio. Entre el conjunto de edificios que formaban este último y el tipo de palacio a que se podía estar refiriendo Alberti hay bastantes diferencias en cuanto a su complejidad, pero ello no obsta para considerar que era una idea subyacente a la hora de definir la tipología de palacio. Organismos arquitectónicos en cierto sentido autosuficientes e incluso polifuncionales, elemento como el patio del palacio será en ocasiones comparado a lo que era la plaza en el conjunto de la ciudad. Al fin y al cabo, si la plaza regular definía la nueva ciudad, el patio, que obedece a una proporción y a un ritmo arquitectónico, definía el nuevo palacio, a pesar de las excepciones que podamos encontrar. La función que en tanto que espacios representativos, cumplieron plaza y patio puede también asemejarles.

El carácter de masa cúbica de los palacios los convirtió por otra parte en organismos aislados del resto de la ciudad. En el caso de los palacios florentinos, la parte inferior de la fachada y en ocasiones toda ella, con sus muros almohadillados recuerdan que en tiempos anteriores las casas nobles de la ciudad habían sido fortificadas. La nueva sociedad ya no exigía este tipo de precauciones defensivas y fue en este siglo XV cuando el palacio se abrió a la ciudad multiplicando los vanos y suprimiendo las torres fuertes.

La fachada del palacio será antes que elemento de cierre del edificio elemento que relacione a éste con el entorno urbano. El palacio Pitti, proyectado por Brunelleschi, aunque muy transformado es ejemplo de arquitectura palacial del Quattrocento, aunque se construyera después de su muerte y se supone que su origen fuera el proyecto que hizo para el palacio de Cosme de Médici enfrente de la iglesia de San Lorenzo, aunque nunca se construyó. La importancia conferida al almohadillado, así como a las marcadas dovelas de los arcos que parecen dibujar el muro.

Aunque el palacio que creó modelo y fue más repetido fue el palacio Médici de Michelozzo construido entre 1444 y 1464. Características de estos palacios serían la utilización en fachada del almohadillado y el predominio de las horizontales, así como el tratarse de grandes bloques cuadrados rematados por una cornisa, con un patio central. En el caso del palacio de Michelozzo hay una gradación en el almohadillado, y el alzado del patio se ha puesto en relación con la fachada del Hospital de los Inocentes. El hecho de que el patio sea un elemento tomado de la arquitectura religiosa, puesto que su origen sería el claustro, unido al carácter tradicional que les da el no emplear los órdenes clásicos en la fachada y la sensación de fortaleza que produce el almohadillado, ha llevado a decir que estos palacios florentinos serían una síntesis de palacio, torre y claustro.

Este tipo de palacio influyó en toda Italia: se puede apreciar en el palacio Como de Nápoles, o en el palacio de los Diamantes de Ferrara. La variación sufrida en este último se ha explicado por influencias foráneas, ajenas incluso a lo italiano.

Otro tipo de palacios hubo en Florencia que tuvo menos imitadores, fue el que reflejó los principios de la nueva arquitectura con mayor rigor. Se trata del palacio Rucellai de Alberti, de aspecto menos amenazador, por expreso deseo del señor. En esta fachada la planitud de su almohadillado permite que luces y sombras remarquen precisamente que se trata de una fachada cuyos 3 cuerpos se articulan proporcionadamente en función de los órdenes clásicos, que recuerda al modelo del Coliseo de Roma. La referencia a la Antigüedad en esta fachada aparece también en el basamento, pues en él aparece el opus reticulatum de los romanos.

Si en los palacios florentinos hubo almacenes en la planta baja hasta que se consideró poco adecuado para la nobleza alcanzada por los propietarios, también había almacenes en la planta inferior de los palacios venecianos, pero éstos no tuvieron que ser fuertes, pues se trataba de una ciudad protegida por la laguna. Las condiciones urbanas de la ciudad forzaron la disposición de estos palacios, que tendrán un mayor desarrollo en profundidad que en anchura, con un acceso principal delantero desde el agua y otro posterior desde tierra, unidos por un gran portalón. Por otro lado, se abrían a la ciudad mediante loggias que podían cerrarse con vidrios, sobre todo desde que a fines del siglo XIV la producción de Murano logró vidrios de dimensiones suficientes como para cubrir amplios vanos.

Sangallo fue el arquitecto que dio la traza para la villa de Lorenzo de Médici en Poggio a Caiano hacia 1480. También esta villa se convertirá en precedente de otras construidas en el XVI. Se trata de un edificio construido sobre un basamento porticado que recuerda modelos antiguos. El pórtico de la fachada se concibe como la fachada de un templo y el salón con bóveda que se ubica en paralelo a la fachada se ha relacionado con las termas romanas, es una villa abierta que acaba con las fortalezas anteriores.

La descripción de Plinio el Joven de las villas antiguas sirvió en ciertos aspectos de ejemplo a las villas del Quattrocento. Desde la villa se debería ver un paisaje que fuera un enorme anfiteatro. La ubicación en laderas, la presencia de loggias desde las que disfrutar de la Naturaleza, así como los jardines, son las características de estas villas, en las que el arte superaba a la Naturaleza. Ejemplo de ellas es la villa del Belvedere, construida para Inocencio VII en Roma, atribuida a Pollaluolo y a Giacomo de Pietrasanta.

Las ciudades fueron transformadas por el poder de los príncipes que necesitaron una idea de ciudad, unos modelos a los que aproximarse, temas como el de la plaza de trazado regular, asociado siempre a la ciudad moderna del Renacimiento. Los modelos los proporcionaron los tratadistas. El primero fue Alberti en tratar el tema de la ciudad incluyendo factores como el estético. Según él en una ciudad se deben combinar la comoditas, es decir, su carácter funcional, con la voluptas o la belleza. En el tratado De re aedificatoria es donde se aborda el problema del urbanismo, Alberti no concebía la ciudad como una acumulación de episodios sino que proponía una ciudad regular y unitaria, concebida casi como un gran escenario, en el que las calles rectas principales y la plaza estarían porticadas, siguiendo el modelo de los foros romanos. Aunque sorprende que también defendiera las calles curvas. La razón estética de sus argumentos a favor de una curva suave es que hace que la ciudad parezca más grande y los efectos visuales más ricos.

Propone también una zonificación, no rompe con lo que había sido la ciudad medieval: habla de una zona cultivable dentro de las murallas y a barrios para residencia de nobles, las tiendas estarían cerca del foro, con mercados distintos para los distintos productos, alejando los que produjeran suciedad y olores, por el tema de la higiene, también se tendrían en cuenta el abastecimiento de agua y las comunicaciones.

La ciudad, para Filarete, combina las dos formas perfectas del círculo y el cuadrado, pues un círculo envuelve una planta estrellada fruto de la rotación de dos cuadrados. Combina paramentos lisos con zonas profusamente decoradas. En su ciudad Sforzinda, la plaza principal articula el entramado urbano, donde se ubican la catedral y el palacio como centro cívico y una serie de plazas secundarias en torno a la principal dedicadas al comercio. En las calles que acabarían en las torres irían iglesias parroquiales y en las que se dirigían a las puertas, mercados especializados.

Otro artista que elaboró un proyecto de ciudad fue Francesco di Giorigio Martini, cuya obra Trattati di architettura, ingenieria e arte militare, escrita después de 1482 y no publicada. A él se ha atribuido la perspectiva urbana que se conserva en Urbino. El templo de planta central y la plaza con pórticos alrededor. La plaza resultaría el centro de la ciudad y todo se plantea tomando como punto de partida el cuerpo humano. Existe zonificación según las funciones: la plaza principal con soportales con el palacio y la catedral, habría una plaza para mercado y otra para aduana, almacenes, etc., también indica que el prostíbulo y las tabernas deben estar alejados del centro. Lo más novedoso es el diseño de la fortificación, que influiría ampliamente en las ciudades fortificadas en el siglo XVI.

En cuanto a las realizaciones de los proyectos, uno de los más interesantes fue el de Pienza, su tipología urbana de palacio-plaza-iglesia fue comenzado en 1462, se reflejan las teorías de Alberti, el refinamiento cultural del Pío II y de Bernardo Rossellino que ya había trabajado con Alberti.

En Ferrara tuvo un papel preponderante el poder del príncipe del Este que proyectó un nuevo recinto amurallado que ampliara la ciudad. En esta zona nueva las calles se proyectaron con la anchura suficiente como para permitir una zona de peatones y otra de carruajes, primera ciudad conde se plantea el problema de la circulación. En su nueva plaza se integra el trazado preexistente, produciéndose una completa renovación de toda la ciudad al integrar lo nuevo y lo viejo.

Otro ejemplo de intervención urbana se encuentra en Vigevano en Lombardía, modificada por decisión de Ludovico el Moro. Los derribos de las casas para construir la plaza se iniciaron en 1492. Es una plaza porticada, con antecedentes en la Antigüedad y se ha atribuido tanto a Filarete como a Leonardo y a Bramante.

Las plazas en la ciudad del Renacimiento son el elemento de cohesión entre el palacio y la iglesia, en su origen, con la zona de la torre por donde se accedía al palacio ducal, los pórticos se interrumpían para dejar penetrar en la plaza la rampa y escalera por las que se accedía al castillo. Enfrente de la iglesia se encontraba otra calle, creándose dos ejes de circulación que relacionaban la ciudad con los edificios representativos de los dos poderes que en la plaza tenían un escenario, modelo que permaneció hasta el siglo XVII cuando se demolió la rampa, se dio continuidad a la zona de los pórticos y se construyó la fachada de la catedral.

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