Otón el Grande conseguía ser coronado emperador de romanos por el papa en Roma (962). Por el origen de la nueva dinastía se denominará Sacro Imperio Romano Germánico.
Los imperios carolingio y bizantino serán los modelos a imitar.
Otón funda la catedral de Magdeburgo el más importante monumento sajón del X y verdadero símbolo del ideal otoniano. Poco subsiste de este edificio pero viejas descripciones y las prospecciones arqueológicas denuncian la intención de sus constructores de seguir perpetuando los ya clásicos arquetipos arquitectónicos de los emperadores francos.
La celebre escuela de miniatura de Ratisbona tiene su origen en la restauración del famoso Codex Aureus de San Emerano. Esta obra había sufrido importantes destrozos, fue restaurada por los pintores Aripo y Adalpertus. Por mandato de Ramwod, que hizo reproducir su retrato al principio del manuscrito lleno de orgullo de unir su imagen a una obra del esplendor carolingio.
LA CAPILLA PALATINA DE AQUISGRÁN COMO FASCINACIÓN DE UNA EPOCA
Aquisgrán fue para las gentes del período otoniano un fascinante edificio, mito de una época, que no sólo debía ser imitado sino que era todo un paradigma arquitectónico.
La iglesia de Ottmarsheim, en Alsacia, era un monasterio de monjas fundado por Rodolfo de Altenburg. Es una construcción compuesta por un octógono central envuelto por otro; sobre el ambulatorio se dispone un piso de tribunas que se abría hacia el espacio central. Un ábside cuadrado y una torre-pórtico se colocaban en el eje del conjunto. Con respecto al modelo, se ha perdido la esbelta proporción, su longitud es casi igual a la altura; su decoración monumental queda reducida a los capiteles otonianos, cúbicos y lisos.
En la iglesia de la Santísima Trinidad se combina parte de un edificio centralizado con una planta basilical.
S. MIGUEL DE HILDESHEIM. (Bernwad, 996)
Lo que convierte a S. Miguel como arquetipo por antonomasia es la organización de su conjunto templario, con un nítido sentido bipolar llevado a sus más extremas consecuencias. Los dos ábsides contrapuestos, el occidental sobre una gran cripta con deambulatorio y los transeptos, que además de ser una gran nave transversal, comunican a igual altura con los cuatro brazos de la cruz, poseía una gran torre cargando sobre su intersección.
HACIA EL MURO ROMÁNICO
Una gran constante en la mayoría de los edificios otonianos son los muros de grandes superficies lisas, en las que apenas son perceptibles los vanos. En estos momentos vemos como se inicia una experimentación arquitectónica preocupada por dinamizar los paramentos de los muros. En él se observa el deseo de ruptura con el tradicional muro inarticulado.
La restaurada fachada de S. Pantaleón de Colonia nos muestra el interés de su constructor por evitar las superficies paramentales lisas y pesadas. Bandas verticales, líneas de impostas y series de arquillos dinamizan la superficie de un muro, que sin ellos se vería pesado y monótono. Se observa una rica disposición escalonada de los volúmenes. Así las torres laterales, que arrancan del suelo con sección cuadrada a media altura, se convierten en octogonales, para terminar circulares.
S. Ciriaco de Genrode se funda en el 959. Los muros laterales se organizan en tres niveles horizontales:
- Abajo la arcada del intercolumnio;
- Sobre éste una arquería corrida como una loggia;
- Por último el orden de ventanas que iluminan el templo (nave central).
- La principal diferencia con las basílicas de tradición carolingia era la introducción de ese nivel intermedio con los vanos de la tribuna. La incorporación de este elemento rompe la monotonía de un muro que antes era liso desde las ventanas superiores al intercolumnio de abajo.
- La arcada de la tribuna hizo ver a los arquitectos que era una bella forma de articulación muraria.
EL WESTWERK CAROLINGIO Y SU TRANSFORMACION
Aunque pervivió durante el s. X un westwerk de gran pórtico torreado dividido su interior en pisos, la innovación otoniana transformó totalmente el interior en busca de espacios de funcionalidad radicalmente distinta: Simplemente un pórtico de espacio único, de arriba a abajo, o el contenedor de un verdadero santuario occidental.
En S. Pantaleón de Colonia el cuerpo torreado enmarca una puerta y un hall solemne. La división en plantas ha desaparecido, parece como si el quadrum y la cripta carolingia se hubieran fundido en un solo piso bajo que sirve de vestíbulo, rodeado de palcos.
La iglesia de S. Salvador de Werden fue ampliada con un westwerk, llamado Torre de Sta. María.
Si el westwerk carolingio termina generando la fachada torreada característica de los templos románicos y góticos, en el área germana se codificó, durante el periodo otoniano e interpretando modelos carolinos, un tipo de fachada de tres torres -triturrium-, una central voluminosa y dos laterales, que se convertirá en una más de las constantes arquitectónicas del románico alemán.
LA IMAGEN DEL EMPERADOR
La imagen pública del Emperador nos llega gracias a los retratos de los miniaturistas. El arte del retrato ha perdido los indicios de un cierto naturalismo antiguo, superviviente en el período carolingio y se ha convertido en una convencional iconografía al servicio de la propaganda del Emperador.
La exaltación imperial sobre todas las naciones de la Tierra es el tema de una ilustración del Evangeliario de Enrique II, elaborado en Reichenau entre 1007 y 1012: Se representa en lo alto a Cristo coronando a Enrique y a su esposa, presentados por S. Pedro y S. Pablo, abajo todas las naciones de la Tierra aclaman la ceremonia. La composición transmite la idea jerarquizada del orden imperial.
Enrique II participó activamente de los asuntos de la Iglesia, tenía un gran interés por las reliquias.
Observamos una ceremonia feudal en el acto de la entrega de los poderes de Enrique II por Cristo: El monarca, cuyos brazos sostienen los patronos de Ratisbona, Emerano y Ulrich, recibe la lanza y la espada de los ángeles, a la vez que el mismo Cristo le corona. Esta obra esta inspirada en otra del Emperador bizantino Basilio II.
De las imágenes imperiales la más enigmática es la Apoteosis de Otón III, representada en los Evangelios de Liuthar: El monarca aparece dentro de una mandorla soportada por la figura mitológica de la Tierra, recibiendo la corona de Dios, sobre el Emperador se desenvuelve un rollo, que sostienen los símbolos de los evangelistas.
EL LIBRO, SUS CREADORES Y SUS COMITENTES
El arte relacionado con la creación del libro nos es muy bien conocido, mientras que la pintura mural prácticamente ha desaparecido. El Códice sigue siendo el objeto de lujo. En este período nos encontramos con talleres propios del monarca que realizan grandes trabajos de ilustración. El papel de la mujer es decisivo, su protagonismo es excepcional.
Egberto de Tréveris se hizo retratar según la fórmula clásica de los oferentes, teniendo el códice en una mano, piadosamente velada. En este tiempo no se realizan grandes biblias, deja de producirse el libro profano, pierde importancia el salterio. Los libros que alcanzaron una gran difusión fueron los evangelios, los sacramentarios, pericopas, graduales y hagiografías.
El Monasterio de Reichenau en el lago Constanza, es uno de los pilares fundamentales de la miniatura otoniana.
La obra producida en Colonia se cree que procede de S. Pantaleón. Su culminación tendrá lugar con el Arzobispo Heriberto. Las miniaturas colonesas se caracterizan por su estilo expresionista, en el que la materia cromática constituye la esencia misma de la composición figurativa. Estos recursos pictóricos denuncian influjos bizantinos.
La producción magistral de la escuela son los Evangelios de la Abadesa Hitda de Meschede: Se acusan hasta en los rasgos fisionómicos de los personajes formas griegas. En la escena de Jesús calmando la tempestad se aprecia un estilo pictórico muy expresivo con el que se realiza una composición narrativa que denota una cierta espontaneidad, en el que un movido juego de líneas dota a la imagen de la debida credibilidad del fenómeno atmosférico.
IMAGINERÍA CRISTIANA
Serán los otonianos los que darán el impulso definitivo a los principales prototipos, vírgenes madre y Cristos crucificados.
La crisis de los iconoclastas orientales condicionó el culto de las imágenes en la Europa carolingia. Esto se solucionó promocionando el culto a las reliquias, nadie podía poner en duda que en estos restos de los santos eran ellos realmente. Las cajas relicario fueron adquiriendo formas más elaboradas, intentando recrear una iconografía acorde con su contenido. En la obra Los Milagros de Saint-Denis se habla de un relicario con forma de mano para conservar el dedo de la mano del santo.
Los Hubert han demostrado que el origen de estas figuras, estatuas relicario está relacionado con la aristocracia, tanto laica como eclesiástica, pronto trascendería a un ámbito popular. Estas imágenes con reliquia reciben el nombre de majestades. La más famosa es Sta. Fe de Conques creada en la novena centuria, adquiriendo su forma fetichista un siglo después.
Cada vez iba adquiría un desarrollo mayor la figura mientras que el espacio destinado a relicario iba disminuyendo.
La Virgen dorada de Essen, la primera de las imágenes, realizada en torno al año 1000. Era un autentico relicario, se llevaba en las procesiones. Tiene 74 cm de altura, con un alma de madera. La virgen ofrece una manzana al niño, representa una nueva Eva, esta vez la mujer redimió a su especie. Existe en esta figura algunas formas que la dotan de un cierto dinamismo emocional, si embargo esto se pierde al contemplar los ojos saltones e inexpresivos que le conceden un aire de ídolo totémico.
La serie de crucifijos otonianos constituye la mejor aportación conservada a la configuración de la iconografía románica. El más antiguo es el Crucifijo del arzobispo Gero actualmente en la catedral de Colonia. Es una escultura exenta, de tamaño natural, representando a un Cristo de gran expresividad emocional. Las formas anatómicas son amplias y acentuadas con un suave modelado algo más acusado en la definición de los músculos y nervios de las rodillas y brazos. Se subraya una iconografía dramático-pasional. Fue creada esta obra en 976 ejercerá una gran influencia en otros crucifijos
Era tal valor expresivo de estas imágenes que una vez más los padres de la iglesia se vieron obligados a llamar la atención de sus fieles advirtiéndoles que aquellos conmovedores crucifijos no eran el mismo Jesucristo. Estos habían sido hechos para suscitar una emoción interior. Incitan a la piedad.
LOS BRONCES MONUMENTALES EN HILDESHEIM
El Hildesheim de Bernward se convierte en uno de los centros creadores más importantes de la plástica otoniana. Destacaremos los bronces monumentales de San Miguel: las puertas y una columna triunfal.
Las puertas fueron trasladadas a la catedral. Formadas por dos grandes hojas de 4,72 m. de altura se fundieron en una sola pieza en 1015.
Cada una de las hojas se divide en ocho registros rectangulares. En una se narran ocho escenas del Génesis desde la creación al fratricidio de Abel;
En 1020 la Columna, es una obra de una pieza de 3,79 m. y un diámetro de 0,38, sus precedentes: Trajano y Aurelio. Subyace en esta creación la vieja ideología imperial. Son unas 28 escenas representadas a lo larga de una banda de 45 cm de altura que se extiende en espiral sobre el fuste.
EL ANTEPENDIUM DE LA CATEDRAL DE BASILEA
El Antependium de Basilea este frontal de altar recuerda por su composición el que donó Carlos el Calvo a Saint-Denis. Es una obra de oro, realizada en 1020 entregada por Enrique II a la catedral de Basilea. Bajo cinco arcadas, la central más ancha y alta, se representa a Cristo entre tres arcángeles y San Benito. A los pies de Cristo la pareja imperial insignificante en su tamaño ante la grandeza de Dios.
Junto con la Pala de oro y Cubierta de evangeliario de Aquisgrán constituyen un grupo de obras afines de las que se tienen serias dudas sobre su lugar de fabricación.
LOS MARFILES
Las formas carolingias aprendidas a través del estilo del Maestro de Tréveris se manifiestan en una serie de marfiles realizados en el entorno del obispo Notger de Lieja. Es muy conocida la crucifixión de Tongres con característicos conceptos de volumen y serenidad de las figuras a la antigua. De la misma tendencia es la Virgen de Maguncia tallada en alto relieve en un bloque de marfil, con la madre sentada de frente, y el niño rígidamente dispuesto en el centro de su regazo.
Por mandato de Otón III se engasta un marfil de origen bizantino en las tapas de un evangelio. A veces se llega al mismo pastiche. En un marfil que representa a Otón II y su esposa toda la iconografía y técnica corresponde al arte griego, sin embargo los letreros son latinos aunque realizados con caracteres helenos.
Los 16 paneles de Magdeburgo-Sforza entre los que se encuentra el famoso relieve con la inscripción Otto imperator formarían parte de un antependium.