La primavera, las flores y tu
La primavera no es más que el recordatorio de que la vida tiene una fuerza absoluta, y se abre paso allá donde se lo propone.
Después de dormir tres meses, la Tierra se despierta y nos presenta su ofrenda divina: flores de todos los colores, de todas las formas. Ellas representan la belleza absoluta, porque ni el Rey Salomón, con todo su poder, logró jamás vestirse como los lirios del campo.
Basta ver una sola flor para saber que la vida, la belleza, la abundancia y la energía siguen su curso. Y basta con salir un día de sol al caminar por el campo para beber de esa fuente de vida inagotable.
Las flores no cuestan nada. Están allí, simplemente para alegrarnos...
Las hay lo suficientemente grandes para hacer con ellas un ramo precioso, y las hay tan pequeñas que, si las cortamos, se mueren enseguida en nuestras manos.
Mi amiga Toñi suele ir todos los domingos a dar una vuelta por el campo, y regresa con las amapolas más bellas que he visto nunca. Me contó que el domingo pasado, caminando por allí, se fijo en unas florecitas pequeñísimas, pero de una belleza inusual: parecían una ramo de estrellas naranjas.
De nada hubiera servido cortarlas... así que fue y se presentó a las flores.
- Hola, soy Toñi. Sois preciosas.
Y su amiga Sole le dijo:
Pues ya que te presentas, preséntame a mí también, ¿no?
Ala, Flores, ella es Sole. Sole, aquí las flores...
Regresaron riendo y radiantes. Después hicimos una comida deliciosa, y al final, un café. El agradecimiento de compartir ese momento nos llenaba el alma.
¿Cómo se puede una alegrar todo un día con sólo ver una flor tan pequeña?
Porque ella encierra el milagro de la vida, la vida que se nos da para que la utilicemos como queramos. Para ser felices, mejor.