EL IMPERIALISMO COLONIAL BRITÁNICO
El s. XIX conocerá el movimiento y expansión del Imperio británico, el cual fue adquirido por una combinación de conquistas militares y penetración pacífica extendiéndose por los cinco continentes. La importancia del Imperio británico se asienta en dos bases fundamentales: 1º) el control de las rutas marítimas fundamentales, sobre todo de Asia -con centro en el Canal de Suez- como consecuencia de poseer la mayor flota del mundo, y 2º) el dominio sobre grandes extensiones territoriales por medio de colonias de poblamiento blanco como Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Unión Sudafricana, con instituciones de autogobierno igual que la metrópoli y colonias de explotación como las existentes en África y Asia, fundamentalmente la India, su pieza esencial.
1º) El dominio inglés se asienta en una serie de bases fortificadas -Gibraltar, Freetown, Ascensión, Santa Elena, El Cabo, Isla Mauricio, Ceilán- que garantizan las comunicaciones de la metrópoli con las distintas colonias. Durante todo el s. XIX proseguirá esta política de ocupación de puntos estratégicos: las Malvinas (en el Atlántico sur), Adén (en el Mar Rojo), Hong Kong (en las puertas de China), Chipre (en el Mediterráneo oriental) y Suez.
2º) En la política de extensión territorial pueden distinguirse dos tipos distintos de territorios: los dominios y las colonias de explotación.
Los dominios son las colonias de poblamiento, es decir, las preferidas para instalarse de modo definitivo los emigrados de Gran Bretaña. Disfrutaban de amplia autonomía y tenían instituciones de gobierno semejantes a las inglesas. Por tanto, gozaban de un grado muy elevado de independencia política. Canadá, Australia, Nueva Zelanda y la Unión Sudafricana pertenecen a este grupo. Canadá se convirtió en uno de los graneros del mundo. Australia y Nueva Zelanda eran a principios del s. XIX casi desconocidas y sólo servían para deportar criminales. En 1820 comenzaron a emigrar a Australia colonos incitados por las perspectivas de la cría de ovejas y el comercio de la lana. Estimuló también la inmigración en Australia el descubrimiento de minas de oro. Nueva Zelanda, que en todo momento prefirió permanecer como una entidad diferente a la australiana, destaca igualmente por el elevado nivel de vida de sus habitantes. En África del Sur, los descubrimientos mineros de diamante y oro atraen a los ingleses desde sus posiciones costeras de El Cabo y Natal hacia el interior, donde viven los boers, descendientes de holandeses. La invasión de los ingleses en este territorio originó una guerra que duró tres años (1899-1902). Con la paz de Pretoria pierden su independencia pero conservan su lengua y obtienen promesas de cierta autonomía.
Las colonias de explotación, la India y África (con excepción de la Unión Sudafricana), suministran materias primas y carecen de la autonomía política de los dominios.
Desde el s. XVII mercaderes franceses e ingleses se establecieron en la India (a través de compañías coloniales). Pronto surgió entre ellos una fuerte rivalidad que culminó con un enfrentamiento abierto. Los ingleses, levantando a los príncipes semiindependientes de la India contra los franceses, y aprovechando la querella de los príncipes entre sí, acabaron por conquistar Bengala, con lo que sentaron las bases del futuro imperio británico. Pero en 1857, cuando la supremacía inglesa en la India parecía asegurada, estalló la revuelta de los cipayos (® debajo de la aparente resignación con que los indígenas habían aceptado la penetración inglesa latía un enorme descontento. La India suministra a Gran Bretaña algodón, yute, trigo, aceites, té y algunos minerales, pero las hambres y la ruina del artesano indígena provocan un movimiento nacionalista en 1857). La sublevación fue general y maravillosamente organizada: en guarniciones muy apartadas unas de otras y compuestas de cipayos o soldados hindúes murieron a sus manos los oficiales ingleses y hasta en algunos casos sus familias. Los rebeldes eligieron emperador al viejo rey de Delhi. La India parecía perdida para los ingleses; a pesar del telégrafo eléctrico, que ya funcionaba entre diversos países, las noticias tardaron semanas en llegar a Londres. En cualquier otro país habrían aparecido derrotistas, pero ni en Inglaterra ni en la India nadie habló de abandonar aquella lejana posesión. Los grupos de supervivientes que quedaban de la guarnición inglesa emprendieron en seguida la obra de reconquista. La rebelión había empezado en mayo, y en septiembre los ingleses entraban otra vez en Delhi. A medida que llegaban refuerzos, las demás posesiones fueron recobradas. La ‘pacificación’ de la India costó dos años, y los ingleses se aprovecharon de la crisis para fortalecer su situación. En cambio, los indígenas demostraron ser incapaces de cooperar y organizarse, divididos en dos mil castas, treinta religiones y centenares de lenguas diversas. La rebelión tuvo como consecuencia la sustitución de la Compañía de las Indias Orientales por el gobierno inglés en todas sus funciones: administración y defensa. Se creó un ministerio o secretariado para la India; al gobernador general se le llamó desde entonces virrey y, por fin, en 1877, la reina Victoria fue proclamada emperatriz. A pesar de su calidad de colonia de explotación, que la mantiene en una situación especial de dependencia, la presencia inglesa contribuyó de forma decisiva a la transformación de este heterogéneo país: prosperidad de algunas ciudades como Bombay y Calcuta, crecimiento de las ciudades ...
En África los británicos avanzaron desde Sudáfrica hacia el norte (Rhodesia) y desde Egipto hacia el sur (Sudán, Uganda, Kenia) con objeto de unir norte-sur (El Cairo-El Cabo), idea que queda plasmada en el ferrocarril en gran parte construido y ocupando a partir de la década de los ochenta, parte de los territorios mencionados: Bechuanalandia, Somalia, Zanzíbar, Nigeria, Costa de Oro y Sierra Leona.
EL IMPERIO COLONIAL FRANCÉS
Francia tuvo el otro gran imperio colonial, aunque no revistió la importancia del británico (carece de colonias de la importancia de la India o Canadá), quizá debido a que carecía de enclaves estratégicos que permitieran la perfecta conexión entre las colonias y París, y también al menor potencial demográfico, lo que le impidió realizar colonias de poblamiento blanco.
El imperio francés tuvo su principal campo de acción en África (desde buen principio, Francio deseó contar con posesiones en el norte de África). Se inició con la conquista de Argelia en 1830 como colonia mixta de explotación y poblamiento; después de la derrota de Sedán, proclamada la III República y debido al exacerbado nacionalismo existente en el país (® la pérdida de territorios propios redobla el deseo de compensarlos con adquisiciones de tierras en otros continentes), Francia se lanzó a la aventura colonial.
En África, Argelia ya fue conquistada en la primera mitad del s. XIX, y el canal de Suez, proyecto de Ferdinand de Lesseps, se construyó con capital francés, lo que demostró una gran visión estratégica de la zona. Llegó a ocupar Madagascar, Gabón, Senegal, Costa de Marfil y los protectorados de Túnez y Marruecos.
En Asia, después de la ocupación de territorios pertenecientes a los actuales Laos, Camboya y Vietnam, se creó la Unión Indochina. En China, Francia obtuvo importantes ventajas comerciales.
Las colonias de Francia se caracterizaron por la fuerte centralización administrativa que perduró muchos años. Esto se tradujo en un cumplimiento estricto de las normas dictadas desde la metrópoli por parte de los gobernadores de los territorios coloniales, sin que tomaran iniciativas de tipo personal. Francia consiguió, gracias a su imperio colonial, una buena cantidad de materias primas que fomentaron un gran auge económico, especialmente industrial, de la metrópoli.
OTRAS POTENCIAS COLONIALES
Las restantes potencias coloniales europeas ocuparon un segundo lugar, bien por ser países que debido a su reciente constitución llegan tarde al reparto colonial, caso de Alemania, Italia y Bélgica, o bien porque son antiguas potencias coloniales en decadencia como Portugal, España y Holanda.
Alemania comparece tarde en el reparto del mundo: la preocupación europeísta de Bismarck provoca una despreocupación por las cuestiones coloniales y, aunque por iniciativa suya se reúne en 1885 la Conferencia de Berlín con el fin de dirimir los conflictos dimanantes de la adjudicación de los territorios centroafricanos, será a raíz de 1890 con el káiser Guillermo II cuando se haga efectivo el asentamiento alemán en África: Togo, Camerún, Namibia y Tanzania. A España le adquiere las islas Carolinas, Marianas y Palau.
Italia intentó, mediante un gran esfuerzo, crear un imperio colonial en la costa del mar Rojo, aunque los italianos fueron derrotados por los etíopes en Adua en 1896, cuando Italia pretendía establecer un protectorado en Abisinia. No obstante, lograron asentarse firmemente en Eritrea y Somalia. En 1911 ocuparon Libia, que se convirtió en una colonia del reino de Italia.
Bélgica, que ya en pleno s. XX se encontró con la posesión del Congo (actualmente Zaire). No se afanó en la ocupación de colonias y no obstante se anexionó el Congo en 1908, con lo que multiplicaba su territorio y sus riquezas. Pero no se trata de una empresa nacional sino de una empresa privada pilotada por el rey Leopoldo II, que formó una compañía para la explotación del territorio, absorbió la mayoría de las acciones y cedió a su muerte sus derechos al pueblo belga.
Holanda, al igual que Portugal, puede apoyarse en posesiones ocupadas en la edad moderna. Mantiene sus posesiones en Melanesia (Java, Sumatra, Borneo, Célebes).
Portugal mantenía su dominio sobre Angola, Mozambique, Guinea portuguesa y Cabo Verde.