¿Trágico? Sin la menor duda. Pero no inexplicable, ni sobrenatural o paranormal.
La conjunción de una serie de circunstancias desafortunadas ha dado lugar a esos desusados casos que tan liberalmente han sido interpretados como "Combustión Humana Espontánea". Pero antes de precipitarnos a imaginar un fenómeno del que nunca nadie ha sido testigo, y que viola las leyes conocidas de la física, la química y la biología, es conveniente asegurarse de que no exista una explicación lógica y natural.
En la exposición que antecede, se ha hecho hincapié en aquellos casos que pueden llamarse clásicos, y que están adecuadamente documentados. En muchos otros, la explicación puede ser aún más prosaica, incluyendo la acción de una mano criminal.
Precipitarse a imaginar fenómenos abstrusos con "explicaciones" sobrenaturales ante cualquier evento que a primera vista resulta extraño, equivale a retroceder a la etapa del pensamiento humano en que no se podía hacer nada mejor que sospechar de la actuación de los dioses y de los demonios. Pero me parece que algo debe de haber avanzado la humanidad desde entonces.
El mito de la Combustión Humana Espontánea demuestra el sencillo mecanismo por el que se crean muchas de las fábulas paranormales: suprimir algunas informaciones, falsear, exagerar o interpretar sesgadamente otras. Y todo con la finalidad de crear la impresión de una realidad - ficticia - que ponga en entredicho los basamentos de la siempre obtusa y dogmática ciencia "oficial", empeñada, y cuando no, en negar todo lo que no puede comprender o se sale de su esquema. Definitivamente, la verdad está afuera, pero muchos no se molestan en buscarla; sin duda, es mucho más cómodo (y remunerativo) inventarse milagros y fuerzas ignotas.