Cuando en una iglesia hay hermanas que tienen algún don de Dios para la enseñanza, y tienen carga por servir al Señor, hay que ver la forma de que lo puedan hacer. Hay que hacer los arreglos necesarios para que las hermanas se reúnan cada cierto tiempo (una vez al mes o cada dos meses), según se requiera.
Si en una localidad hay inquietud por parte de las hermanas por estar juntas y abrir su corazón entre ellas, para tratar de asuntos domésticos, o de la crianza de los niños u otras cosas prácticas, y ven que no hay entre ellas hermanas con suficiente sabiduría como para que enseñen a las demás, perfectamente podrían llamar a los obreros y pedir que vengan algunas hermanas de otra localidad que puedan hacerlo. No es en ninguna manera algo ilegítimo, al contrario. Si hay una necesidad, debe ser atendida. Si hay hermanas con la capacidad espiritual y con gracia para impartirles enseñanza, pues bien, que lo hagan. Así las hermanas podrán abrir su corazón como nunca antes lo pudieron hacer – porque a las hermanas puede resultarles difícil abrir su corazón ante un anciano. Habiendo hermanas crecidas, maduras, ellas podrán hacerlo y ser así sanadas de situaciones tan íntimas que a veces les agobian y que han marcado su corazón.
Hay también situaciones relacionadas con las hermanas que los varones no pueden atender. Sería inadecuado para un varón entrar en una casa donde vive una hermana sola, o que está enferma; sin embargo, las hermanas pueden entrar libremente, y pueden suplir esa necesidad.
Nosotros encontramos en la Biblia a una mujer llamada Dorcas, que servía a las viudas. Ella hacía túnicas y vestidos. Ella tenía un tremendo testimonio en el lugar donde vivía, de tal manera que cuando murió hubo una gran conmoción. Entonces mandaron a buscar a Pedro, el cual, en el nombre del Señor, la resucitó. (Hch.9:36-42).
¡Qué bendición era para todas aquellas mujeres necesitadas una mujer como Dorcas! Es un ejemplo para las hermanas, ya que les muestra un ámbito de servicio en las cosas prácticas que ellas pueden atender.
También está el trabajo con los niños. Es conveniente que los niños de la iglesia sean atendidos con frecuencia, y que las hermanas que tienen gracia y que tienen el don de la enseñanza, estén con ellos y les enseñen las verdades de la Escritura. Esas sencillas y hermosas verdades de la Palabra se anidarán en sus corazones tiernos y darán fruto cuando sean mayores. Hay aquí otra esfera de servicio para las hermanas. Algunas de ellas pueden, incluso, viajar a otras localidades de tiempo en tiempo, para hacer una labor de enseñanza bíblica entre los niños, y de capacitación entre las hermanas.