Consagración y servicio - LA JUSTICIA DE DIOS Y NUESTRA JUSTICIA

15 - LA JUSTICIA DE DIOS Y NUESTRA JUSTICIA


Curso gratis creado por Eliseo Apablaza Fuentealba . Extraido de: http://estudios.iglesia.net/leer.php?id=126_0_1_50_M3
30 Marzo 2005
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Dos tipos de justicia
“Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mat. 5:20).
“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.” (Mat. 6:1).
“Antes, (los escribas y fariseos) hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres.” (Mat. 23:5a).
En las Escrituras hallamos dos tipos de justicia que son aprobados por Dios.
La primera de ellas es la que menciona Pablo en Romanos 1:17: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” Aquí se habla de la justicia de Dios, revelada por fe y para fe. No es por obras, para que nadie se gloríe. Nosotros hemos recibido la justicia de Dios por la fe en el Señor Jesucristo.
La segunda es la justicia del creyente, del cristiano, basada en obras justas, por las que se presentará ante el tribunal de Cristo: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2ª Cor. 5:10). De esta justicia, “nuestra justicia” se habla en Mateo 5:20 y 6:1. Hay, por tanto, una justicia que es nuestra y que no es reprobada por Dios. Aun más, aquí se nos alienta en cuanto a ella y se nos instruye acerca de cómo obtenerla.
Ambos tipos de justicia son, pues, aprobadas por Dios.
Rechazamos de plano, en cambio, la justicia que es por las obras de la ley, por las cuales nadie se justifica delante de Dios. Reprobamos esta justicia – que Dios también reprueba –, con la cual el hombre pretende alcanzar salvación. La Escritura descalifica absolutamente todo esfuerzo del corazón no regenerado, que intenta presentarse a Dios por sus propios méritos, por su propia justicia, por medio de sus obras de muerte. No obstante, damos gracias a Dios porque hay una justicia que es nuestra, basada en nuestras obras justas, las cuales son tenidas en cuenta delante de Dios.
Si nosotros sólo atendemos a la justicia de Dios, que es por la fe, y descuidamos la nuestra, que se expresa en obras procedentes de un corazón regenerado, tendremos una gran pérdida en el tribunal de Cristo. Esto nos puede llevar a descuidar el hecho de que hay una justicia que tendremos que exhibir cuando comparezcamos ante el Señor, una justicia que es nuestra, y que no es imputada por Dios.
Por eso hoy vamos a hablar de la justicia del creyente.
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