En Filipenses 1:1 dice: “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos.” Aquí se habla de tres tipos de personas: los santos, que son los hermanos, los obispos, y los diáconos. Los obispos y los diáconos son los únicos cargos que tiene la iglesia local.
Los obispos, pastores o ancianos
Es interesante notar que los obispos son también llamados ancianos, y pastores (Ver Hch. 20:17,28; Heb. 13:7,17). Hay tres nombres para denominar un mismo cargo, pero estos tres nombres nos indican algún aspecto diferente de su trabajo. Reunidos los tres podemos tener claridad acerca de qué es exactamente lo que hace el obispo o el anciano o el pastor.
Aquí en Filipenses tenemos la palabra “obispo”, que significa “sobreveedor”. El obispo es una persona que tiene que mirar en medio de la casa de Dios para que haya orden y para que todos sirvan. Su trabajo consiste en supervisar, alentar y enseñar a otros a servir.
Pero el obispo también es un pastor. Y el pastor es uno que cuida del rebaño para que las ovejas estén bien alimentadas y abrevadas, y para defenderlas del peligro que pueda venir sobre ellas.
Y los obispos son también ancianos. “Anciano” es un término tomado del Antiguo Pacto. Entre los judíos, los ancianos eran las personas de respeto. Eran los que tenían que juzgar entre los demás. En la iglesia, son las personas de confianza, aquellos que tienen sabiduría de parte de Dios para decidir asuntos en medio de los hermanos, y determinar cuál es la voluntad de Dios cuando surge alguna dificultad.
Damos gracias a Dios por los obispos, que también son los pastores y ancianos. Ellos son los que gobiernan. Ellos son los que dirigen, los que dan instrucciones en medio de la casa de Dios.
La palabra “obispo” suele ser usada en el día de hoy en otro sentido, por lo que es preferible utilizar las palabras “anciano” o “pastor” para denominar este cargo. Pero en la Biblia se refieren a un mismo tipo de personas.
Los ancianos no necesariamente son los ministros de la Palabra, porque su función primordial es gobernar. No obstante, ellos tienen que tener un requisito fundamental: han de ser personas con entendimiento en las cosas espirituales, y que posean una trayectoria de fe y de vida. Ellos han sido probados, ellos han estado en las dificultades y han sido aprobados por Dios. Ellos tienen que ser espiritualmente aptos y, además, tienen que estar en condiciones de conocer la condición espiritual de los demás.
Tienen que ser hombres maduros, no orgullosos, no emocionales. No engreídos, no vanidosos, confiables, estables. Y es deseable que tengan también algún sentido y habilidad práctica, para así desempeñar mejor su trabajo.
Los diáconos
Los diáconos no tienen una labor de gobierno dentro de la iglesia. Ellos son los que sirven, los que ministran. Ellos no tienen ninguna otra responsabilidad mayor que la de servir. Reciben instrucción de los ancianos y luego ven cómo esas instrucciones pueden llevarse a la práctica. Ellos tienen que estar preocupados de las necesidades materiales que hay en la iglesia. Por eso, los diáconos tienen que ser personas diligentes, con habilidad para hacer cosas y para trabajar con sus propias manos. Ellos no van a estar a cargo de la Palabra, o de la oración, pero sí tienen que estar con sus ojos abiertos y con sus oídos muy atentos para detectar dónde hay necesidad. No importa cuán pequeña o grande sea la iglesia: tienen que haber diáconos suficientes para que las necesidades del pueblo de Dios sean suplidas.
No puede haber hermanos en la iglesia que no tengan qué llevarse a la boca, o que no tengan con qué cubrirse. Sería una vergüenza si esto sucediera sólo porque no hay diáconos establecidos, o porque los diáconos que hay no están cumpliendo con su ministerio. La casa de Dios es un alero que tiene que poder cobijar a todos los hombres que buscan a Dios. La casa de Dios tiene que ser un ambiente tan grato, que todos se sientan cobijados, resguardados, suplidos. Los pobres también tienen un lugar en ella. Por cuanto menos tienen, requieren mayor honra.
Si bien el área específica del servicio de los diáconos son las cosas prácticas, también ellos tienen que tener entendimiento espiritual. En Hechos 6:3 dice que los diáconos que había en Jerusalén tenían buen testimonio, estaban llenos del Espíritu Santo y de sabiduría. En 1ª Timoteo 3:8-13 se destacan también algunos requisitos espirituales que los diáconos tienen que cumplir. Ellos también han de tener peso espiritual.
Los diáconos tienen que ser estables, confiables. Y para que esto sea así, tienen que ser también espirituales. Ellos no pueden introducir en la casa de Dios los métodos o formas de servicio que el mundo tiene. En la casa de Dios se sirve de acuerdo a los principios de Dios, de acuerdo a la sabiduría de Dios, y de acuerdo a la gracia que Dios da.
Ahora bien, el asunto de la esfera de su servicio no es algo rígido, porque nosotros vemos a dos diáconos en la Biblia, Esteban y Felipe, que, más allá de servir a las mesas, desempeñaban el ministerio de la Palabra. No hay impedimento para que un hombre que ha entregado su vida al Señor, y que ha comenzado desarrollando un determinado servicio, pueda, por su fidelidad, recibir del Señor otros trabajos.
Tanto los ancianos como los diáconos son dignos de ser muy considerados, y todos los hermanos harán bien en obedecer sus instrucciones.