Hay jóvenes que también tienen el don de la Palabra y de servicio, y que tienen una carga por servir al Señor. Damos gracias al Señor por ello. Donde hay jóvenes así, y que también tienen los dones, (porque no es suficiente con tener carga), perfectamente pueden reunirse y estimularse al amor y a las buenas obras. Ellos pueden hacer un trabajo de evangelización. Y juntamente con eso, deben ser edificados y ser librados de la corriente del mundo. Ellos pueden y deben ser una segunda generación de creyentes que vayan reemplazando paulatinamente a las generaciones mayores. Nosotros no podemos esperar solamente en los hermanos que tienen cuarenta o más años y que ya están sirviendo al Señor. Tenemos que pensar que tiene que haber una renovación. Si el Señor no viene todavía, entonces nosotros tenemos que formar a los jóvenes, brindándoles oportunidades para que se ejerciten en el estudio y en la predicación de la Palabra. Qué gloria es, qué bendición trae cuando vemos a los jóvenes imbuidos del amor del Señor, y con deseos de servirle.
Que el Señor permita que muchos hermanos y hermanas que hasta ayer se consideraban inútiles, desde hoy sepan lo que significa llamarse Onésimo.
Que el Señor nos ayude para que estas cosas sean hechas de acuerdo a su voluntad. Amén.