Alrededor de una tercera parte de los españoles tiene problemas para controlar el dinero que gasta, y un 5% son adictos al consumo en grado patológico, lo que puede desequilibrar, además de su mente, su presupuesto familiar. No es fácil determinar dónde está el límite entre la compra necesaria y la compulsiva.
¿Entras en un almacén para pasar el tiempo? ¿Estás acostumbrado a recurrir a la tarjeta de crédito y a vivir por encima de tus posibilidades? ¿Sueles adquirir cosas que no necesitas y después te arrepientes? La adicción al consumo ha sido comparada por muchos psicólogos con la ludopatía: no engancha físicamente, pero puede convertirse en el centro de la vida, como la única forma de ser feliz, y en esos casos provoca importantes problemas personales, familiares, ... y económicos.
Un 30% de adictos
“El consumo es la enfermedad número uno de nuestra sociedad. Alrededor de una tercera parte de la población tiene problemas para controlar el gasto –que pueden convertirse en algo más serio si no se vigilan- , aunque sólo en un 5% de los casos se trata de verdaderas patologías, que afectan seriamente a la vida de la persona “, asegura Javier Garcés Prieto, psicólogo experto en consumo y vocal de la Junta Directiva de la Unión de Consumidores de Aragón.
No obstante, a parte de las personas para quienes el consumo es su principal adicción, existen otras para las que la compra compulsiva es sólo una consecuencia más de una patología distinta: los maníaco-depresivos, por ejemplo, tienden en la fase maníaca a consumir de forma excesiva.
Según Garcés Prieto, esta dependencia “también puede compararse con el alcoholismo, desde el punto de vista de que ambas son patologías normalizadas: afectan, aunque en pequeña medida, a una gran parte de la población, y es muy difícil detectar cuando se trata realmente de un problema, a no ser que la persona haya llegado a un nivel de adicción extremo”.
Enfermedad de clase media
Casi todos somos consumistas, en mayor o menor medida. Pero lo que distingue al verdadero adicto es que cae en la tentación de entrar en un gran almacén o de adquirir algo y enseguida se arrepiente de haberlo hecho y de haberse gastado un dinero que, probablemente, necesitaba para otra cosa. Suele tratarse de una persona que debería vivir bien con su sueldo y, sin embargo, no logra llegar a fin de mes. Además, cuando intentan dejar de consumir, se da cuenta de que no puede hacerlo por sí solo.
A diferencia de lo que ocurre con otras dependencias, hace muy poco tiempo que la adicción al consumo ha empezado a ser considerada un problema. Según algunos sociólogos, su origen en nuestro país puede encontrarse en los años ochenta, cuando se produjo una eclosión en la compra provocada por un aumento del poder adquisitivo. El individuo cayó en una euforia respecto al gasto y después, cuando la situación empeoró no supo adaptarse a su nuevo nivel económico.
Puede hablarse de tres factores fundamentales que contribuyen al nacimiento y desarrollo de esta patología:
• Insatisfacciones personales, frustraciones y problemas psicológicos, que se proyectan en la necesidad continua de consumir, como una búsqueda de algo que llene el vacío. Algunos psicólogos encuentran en esta reacción un intento de recuperar la ilusión que de niños ofrecían los regalos que se recibían en fechas señaladas, como los Reyes Magos, los cumpleaños...
• Influencia de una publicidad que incita a vivir por encima de las propias posibilidades , mostrando los productos nuevos que la persona debe adquirir para ser feliz. Además, las grandes superficies de venta despliegan toda una serie de medios para convencer al cliente de que gaste más de lo que tenía previsto con recursos como el tamaño de los carros, las ofertas, la estudiada distribución de los artículos en las estanterías, los productos con regalo...
• Proyección de éxito social. La idea, cada vez más extendida, de que en nuestra sociedad, donde ya apenas existen signos que determinen en prestigio social, lo único que diferencia a las personas es lo que poseen. Los productos adquiridos se convierten así en la única forma de destacar.
Las principales víctimas de la adicción al consumo suelen pertenecer a la clase media, según Garcés Prieto: “las personas de clase alta no encuentran en el consumo una forma de refuerzo social: gastan dinero sencillamente porque lo tienen. Y las de clase baja, que cuentan con un presupuesto escaso, deben vivir ajustándose estrictamente a él”.
Niños consumistas
En muchos casos, la adicción al consumo se convierte en una importante fuente de conflicto en la pareja. “Cuando una de las dos personas sufre éste problema, la otra intenta comprar todo lo posible antes de que el presupuesto se termine. Así se produce una carrera por el gasto, un intento de comprar más rápidamente que el otro, lo que lleva a una situación de ruina y, en muchos casos a la separación de la familia”, añade Javier Garcés.
Pero la adicción al consumo también tiene problemas a largo plazo: “En el mundo que estamos creando, el consumo es un fin en sí mismo y los niños están aprendiendo a verlo así. Además, ellos son fácilmente manipulables por medio de la publicidad”, afirma Garcés.
Terminar con ésta adicción pasa por que la persona reconozca su problema. “Los momentos de crisis surgen cuando el afectado ve lo que se ha gastado en el mes. Es entonces cuando se decide a pedir ayuda. Pero si no lo hace en ese momento, a los pocos días, cuando cobra el sueldo se ha olvidado del susto y vuelve a las andadas”.
La Unión de Consumidores de Aragón ha puesto en marcha un proyecto, dirigido por Garcés, destinado a prestar ayuda profesional a las personas que sufran ésta dependencia: “Aplicamos técnicas que tiene éxito en el tratamiento de otras adicciones, como la ludopatía, el alcoholismo o el tabaquismo. Por el momento estamos trabajando con un grupo a nivel experimental y, si funciona bien, formaremos nuevos grupos”.