Con la llegada de la Revolución industrial, las sociedades se van haciendo cada vez más urbanas, y enormes masas de población dejan sus costumbres rurales para instalarse en las nuevas ciudades. La demografía aumenta enormemente y la economía, a pesar de la aparición de crisis, experimenta un constante crecimiento.
El fenómeno más llamativo de ésta nueva sociedad es la abundancia de bienes materiales puestos a disposición de la generalidad de los individuos. Por eso se ha denominado también a éste estadio “sociedad de la opulencia” o de la “abundancia”.
Seguramente por primera vez en la historia, los bienes del consumo son ofrecidos a todos los ciudadanos –se habla, por tanto, de “igualdad de oportunidades”- sin tener en cuenta privilegios de casta, rango o clase. Sin embargo, una consideración más profunda de los hechos pone de relieve que tras ésta apariencia de abundancia, la sociedad continúa manteniendo diferencias, estratificaciones y hasta fenómenos de segregación de individuos y grupos.