La sociedad de masas ha sido calificada por algunos psicólogos como la era de los signos. La abundancia en la producción y el crecimiento económico han generado, en paralelo, una explosión de la información y del volumen de los signos circulante. La cantidad de información que se transmite y se almacena es la mayor que ha desarrollado cualquier otra época de la humanidad. Lo cual ha ocasionado que la mayoría de los bienes de consumo no se valoren tanto por su utilidad o su uso, sino por su apariencia (o imagen externa). Los individuos de la sociedad de consumo practican lo que Thorstein Veblen denominó el consumo ostentoso: tienden a rodearse de objetos que no son ni funcionales, ni útiles, pero que son caros y difíciles de obtener, lo cual está mostrando su propia capacidad económica para adquirirlos. De este modo, marca su distancia con respecto a los demás, y exhibe su superioridad. Lo que prevalece es el mito del dinero, intrínseco a la organización de la sociedad capitalista.
Esta lucha por la imagen y la apariencia, junto a otros factores, ha hecho crecer las comunicaciones. Cada vez es mayor el número de personas que trabajan dentro del sector servicios, en profesiones relacionadas con la comunicación. Por lo que hace a la economía, este fenómeno se manifiesta en el peso que adquieren los sectores del marketing, la comercialización y la publicidad, en detrimento de los propiamente productivos.