En la actividad publicitaria se tienen que distinguir dos vertientes claves. De un lado la persuasiva: la publicidad se encuentra, así, entre muchas actividades destinadas a transmitir e imponer opiniones, creencias y concepciones del mundo. De otro, la económica: es un instrumento de desarrollo del marketing y, en general de las tareas de comercialización de bienes de consumo.
Desde la primera perspectiva, la publicidad se relaciona con todos los tipos de discurso persuasivo que ha desarrollado la humanidad a lo largo de su existencia.
Por lo que hace referencia al contexto económico, la publicidad se relaciona con todas las técnicas de venta, comercialización y distribución desarrolladas a lo largo de la expansión del sistema capitalista. Así, la publicidad actúa como refuerzo de estrategias concretas de marketing y, en determinados momentos, es el ariete de la introducción de nuevos productos en el mercado.
La publicidad moderna tiene su origen inmediato en las últimas décadas del siglo XIX. Su origen coincide con el surgimiento de la prensa de información económica y la de masas en general. Aparece en forma de anuncios o reclamos impresos que estimulan a la compra de ciertos productos.
Ya en aquellos momentos los diarios y demás publicaciones vieron en la publicidad un sistema de financiación adicional a la venta directa de ejemplares.
Con la aparición del cine, la radio y la televisión ya en el siglo XIX, la publicidad alcanza un apogeo que se mantiene en la actualidad. Su influencia es doble: por un lado, de su eficacia depende la orientación del sistema productivo; de otro, a través de su función de financiado del sistema de medios, llega a influir decisivamente los contenidos difundidos; condiciona la información, impone líneas de programación y hasta determina , en ocasiones, la misma existencia de ciegos medios de comunicación.
En la actualidad, la publicidad se relaciona con algunos factores claves de la sociedad de consumo:
a) el aumento de la oferta de producto y de bielas de consumo.
b) la mayor disociabilidad de compra de todos los estratos sociales, es decir, el aumento del nivel de vida.
c) el establecimiento del consumo ostentoso como modo de relaciones sociales.
d) la constitución de mercados cada vez más abiertos al exterior y más competitivos.