Cosmología del Siglo XXI - Sistemología Astrofísica Aplicada
27 - Sistemología Astrofísica Aplicada
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Curso gratis creado por Raúl Palma Gallardo. Extraido de: http://www.reino-de-los-cielos.org
30 de Noviembre de 1999
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136.- La respuesta al enigma expuesto en la sección anterior es inequívoca. Pero por ser inequívoca no deja de ser compleja. Y por ser compleja no deja de ser sencilla. No tenemos más que transformar la masa total de la familia planetaria en masa de arrastre, y ya tenemos el freno estabilizador de la velocidad de crucero del Sol. Si alguna objeción os viene a la cabeza pensad en echaros a correr tirando solamente de vuestros cuerpos y luego repetid la misma operación echándoos a las espaldas un saco de arena. Esto de entrada. Mas antes de echarnos a la espalda no el Globo, a semejanza de aquél titán, sino los nueve planetas con sus satélites y los cinturones de anillos solares, antes de coger la palanca para mover el universo tendremos que abandonar el lastre de la visión decadente de los planetas cual inmensas bolas de gases flotando entre los hilos electromagnéticos del campo del Sol. (La declaración académica de ser los planetas bolas de gases comprimidos bajo la presión gravitatoria es uno de esos argumentos seudocientíficos primitivos, típicos del fundamentalismo del siglo XX, que no se sostienen por su propio pie de ninguna manera, pero que se mantienenen en el siglo XXI como símbolo de sumisión de las universidades al genio del ateísmo científico. Hasta cuándo la idiotez y el genio irán juntos a ambos lados de la misma moneda no es facil de asegurar. Por ejemplo, hasta ayer mismo Marte era una bola de gas, como Venus, Mercurio, Júpiter, Saturno y los demás miembros de nuestro Sistema. Y así sigue enseñándose en los manuales académicos de las más prestigiosas uiversidades del planeta. Se supone que una bola de gas np tiene superficie al estilo de la Tierra. Las fotos y las expediciones a Marte y vecinos nos sirven la prueba de la locura del genio del siglo XX tocando este tema. Con todo las pruebas no son suficientes para borrar de los manuales de Astronomía y de los libros de Ciencias Naturales esta vergonzosa patraña. Resulta por tanto gracioso hasta la payasada oirle a los eminentes tontos de la Academia seguir predicando el evangelio de la naturaleza gaseosa de los planetas. Alguna razón oculta debe tener un Nobel para confesar con sus labios lo que tienen sus orejas por herejía. Ahora bien, si hay algún loco eminente en alguna de las universidades del mundo que pueda demostrar todavía que Marte es una bola de gas, no se quede quieto y exorcize al autor de esta teoría sobre los planetas como ramas del mismo tronco terrestre. Verguenza ajena -decía- engendra ver en los manuales de Astronomía palabras que sólo en boca de un loco podrían ser excusadas; verguenza ajena porque quienes las escriben son eminencias todas ellas, dueñas de cátedras y cosas por el estilo. ¿Se merece el siglo XXI la mente típica de un loco por maestro y guía del conocimiento del universo? Esa mente guió al siglo XX y sus enseñanzas se resolvieron en guerra y muerte, a decenas de millones de seres por conflicto. La cuestión es ¿bajo qué tipo de filosofía le concederemos a un loco asesino la palabra para volver a hacer lo que hizo pero esta nueva vez con medios de destrucción infinitamente más mortíferos? Recordemos que no mató Satanás a espada, sino con la palabra, porque aunque haya áun quien no lo crea, el arma definitiva, para el bien y para el mal, es la palabra. ¿Como creer entonces en estos días que Marte sea una bola de gas, al igual que sus vecinos? O viceversa. A estas alturas hay que ser un loco para enseñar semejante absurdo, y un idiota para creerselo. El que escribe y el que lee fuera de ese círculo mortal típico del siglo XX, la teoría de la creación y formación de los planetas acorde a un principio terrestre común punto básico de esta Cosmología, lo que a nosotros nos interesa ahora es descubrir cómo la suma de la masa planetaria total entra en juego a la hora de la estabilización de la velocidad de crucero del Sol. Regresemos entonces al problema en cuestión).
137.- Navegando a una velocidad de crucero límite entre las constelaciones de los Cielos tenemos una estrella llamada el Sol. El rozamiento de esta nave sobre la superficie de vuelo es insignificante para frenar su velocidad. En un principio y siguiendo las leyes de la física natural, que habla de un movimiento en línea recta para todo cuerpo que se desplaza en el vacío, con independencia ahora de si vuela en línea recta o siguiendo una línea curva, mientras el Sol navega por el espacio interconstelacional las distancias se acortan. Es de cajón. Y en cuanto que se acortan las distancias entre el Sol y sus vecinos las fuerzas de atracción entre el Sol y los sistemas estelares por tanto suben. La ley de la gravedad es la que impera . Al subir la atracción entre el Sol y el sistema estelar más próximo sube la velocidad de aproximación del menor al mayor. En consecuencia la velocidad de crucero de nuestro Sistema sube o baja. Y sigue sumando. Más corta se hace la distancia entre dos astros más alta deviene la velocidad del menor de los dos. Podemos estar hablando o no del Sol. Sea el Sol el astro más grande o el más pequeño de la pareja en juego el hecho es que se produce una variación en la velocidad del Sol. Supongamos que hablamos del Sol. Creo que la distancia al sistema más cercano es de unos cuantos escasos años luz. Próxima Centauri está a unos cuatro años del Sol. Se han descubierto estrellas más próximas incluso. A la velocidad que se mueve el Sol, unos 600 kilómetros por segundo, el choque entre el Sol y el sistema de Próxima Centauri, contando desde ahora mismo, tendría lugar dentro de 500 años, aproximadamente. ¿Cuántos miles de años lleva el Sol navegando entre las constelaciones de los Cielos? ¿Y de estos millones de años durante los que la vida en la Tierra ha seguido su camino sin experimentar una alteración letal no podemos deducir nosotros la estabilidad de la velocidad de crucero del Sol? ¿No estamos en nuestro derecho de creer que la velocidad del Sol es una constante? ¿Y siendo una constante no obliga esta constante a corregir la fenomenología de la gravedad? No en tanto que ley sino en cuanto a su naturaleza.
138.- La Academia, siempre tan brillante, sabe buscarse en cada momento la explicación que mejor le conviene para mantener intacta su gloria frente a la crítica del futuro. Y es que, al parecer, el Sol navega siguiendo una trayectoria atípica, tal que rehuye el contacto gravitatorio con las demás constelaciones. Haciéndose la ignorante al estilo de aquél Sócrates que sólo sabía que no sabía nada, pero sabiéndolo todo, la Academia le prohíbe a las Universidades el permiso para borrar de los Manuales de Astronomía las falsedades sobre la que se basa su idea sobre el Sistema Solar y su lugar en el Universo. Porque claro, si el Sol no sigue una trayectoria natural a un cuerpo que está sujeto a la ley de la gravedad universal: ¿qué tipo de trayectoria dibuja el Sol entre los demás sistemas estelares de su vecindario? (Realmente esta es una pregunta interesante, que por la sencillez de su declaración puede sonar a nimiedad sin importancia. Error grave. ¿O acaso al pasajero que se sube al avión no le interesa para nada la mecánica de la nave, sabiendo como sabemos que uno se juega la vida en el aire? ¿No es en todo el Sol una nave eternamente en el aire, repleta de pasajeros? En cuanto al mantenimiento de la velocidad autónoma de la nave solar nosotros podemos deducirlo mediante la transformación de la fenomenología fotosférica solar en el quemado del combustible necesario para mover un cuerpo en el espacio. ¿En qué no se parecen las grandes fulguraciones solares y el chorro del reactor que mueve una nave en dirección contraria a su emisión? ¿Ambos fenomenos no están sujetos a la misma ley de acción-reacción? Supongamos por un momento que así es. Y puesto que conocemos el ciclo de once años por el que se gobierna la temperatura del cuerpo fotosférico solar, ya que este ciclo de calentamiento fotosférico está sujeto a un ciclo estable ¿no podemos deducir nosotros de su constancia la mecánica de propulsión controlada que rige la velocidad de crucero del Sol, mecánica a su vez sujeta a la ley de transformación de la energía gravitatoria en energía luminosa? La respuesta es difícil pero no imposible. Por ejemplo, la reacción del Sol al paso del cometa Hale Boop. La llamarada extraordinaria que se viera sobre la superficie solar inmediatamente tras el paso del cometa Hale Boop ¿no es fenómeno suficiente para abrirnos la inteligencia a la conexión entre temperatura, densidad gravitatoria y velocidad de transformación, en este caso provocada por un frente de onda con cabeza sólida? Y si la conexión entre el paso del Hale Boop y la llamarada extraordinaria observada es un hecho científico ¡cómo seguir manteniendo dentro de los mismos parámetros de comportamiento la relación entre el Sol y los planetas cuando un minúsculo cuerpo se basta para acelerar durante un tiempo equis la velocidad de transformación de toda una estrella! )
139.- (Uno de los pilares básicos del desarrollo del pensamiento humano se refiere a la búsqueda de las causas a raiz de los efectos observados, y al contrario, descubrir los efectos partiendo de las causas dadas. Gracias a la capacidad de la inteligencia para servirse de los instrumentos de la lógica la aventura del pensamiento pudo alcanzar cotas inesperadas. Pero andando el tiempo y muchas hazañas a sus espaldas los pensadores en su día revolucionarios cometieron el crimen nefasto que se define por matar la causa origen del efecto observado en razón de no convenirle a sus intereses subjetivos y emociones irracionales. Perdido el siglo XX en la red de un ateismo científico que borró causas y puso razones contra la lógica de la realidad, es de creer que los herederos de aquellos monstruos sepan cómo retorcer el camino entre efecto y causa y cnducir a los ignorantes al abismo de su irracionalidad pasada de moda. Pues aunque y por muy difícil que sea creerlo la Ciencia se hizo atea para demostrarse a sí misma que sabía más que Dios. Que terminara su discurso a los pies de la Gran Guerra no la hizo recapacitar durante la Guerra Fría sobre la patología en la que su inteligencia habia deslizado su lógica. Su patología se llamaba Ateísmo. Pero volvamos al tema de la Creación de nuestro Sistema Solar) . El primero que había de pensar en todos los factores a tener en cuenta a la hora de la estabilidad dinámica del Sistema Solar era el Ingeniero que se planteó su creación dentro de una red molecular astrofísica llamada los Cielos. La dificultad más grande a superar que Dios tenía se la plantaban delante los millones de años que la Evolución del árbol de las especies exigía para su nacimiento y crecimiento. Si en el caso de la creación de la Biosfera los procesos podían ser acelerados sin ocasionar ningún conflicto científico, en el caso de la Vida la ley era y es otra muy distinta. En el terreno de la Vida, digámoslo así: las leyes son más rigurosas. Los millones de años que la Evolución de la Vida en la Tierra le exigía a Dios habían, por necesidad, de plantarle delante de la mesa un complejo sistema de ecuaciones sistemológicas. Entre las cuales cómo mantener la velocidad de crucero del Sol constante en el espacio y el tiempo, y cómo dotar a su Sistema de una ruta de vuelo tal que planease entre las constelaciones sin integrarse en sus sistemas, fueron los dos grandes y principales retos que hubo de superar su Inteligencia. Y buscando aquí cómo lo hizo estamos. (La autonomía de vuelo que a las estrellas les procura su naturaleza de transformadores de la energía en luz y calor, fenómeno muy similar con el comportamiento de una partícula excitada, que se defiende radiando una subpartícula, es un aspecto que implica la necesidad de corregir la hipótesis del movimiento astrofísico a partir y sólo desde la ley de la gravedad universal. No se la niega, sencillamente se corrige su definición. Si hasta ahora la ley era la única fuerza desde ahora tenemos una mecánica de transformación de energía, uno de cuyos efectos genera la autonomía de propulsión necesaria para mantener constante la velocidad del Sistema. En este orden la fenomenología de la fotosfera solar nos sirve de cuadro de referencia desde donde activar la imagen de un astro como nave propulsada autónomamente mediante la transformación de su energía en el combustible necesario para mantener el impulso inicial. Otra cosa será que en su irracionalidad científica la Academia quiera negar la aplicación de la ley acción-reacción -natural a las naves de propulsión- entre fulguraciones estelares y velocidad sideral. El autor no ve cómo pueda demostrarse semejante negación y en consecuencia prefiere seguir adelante con su exposición sobre la relación entre los planetas y el giro del Sol durante su trayectoria entre las constelaciones que marcan su órbita).
140.- Pongámonos en el caso. Tenemos el Sistema en el que vamos a cultivar el Árbol de la Vida. Sabemos positivamente que desde que lo sembremos hasta que nos dé su fruto deberán pasar millones de años naturales. También sabemos que el desarrollo de la Vida exige que la Naturaleza mantenga su Estructura en las condiciones que le son propias. Lo cual quiere decir que debemos evitar la interferencia en el proceso evolutivo de factores cosmológicos externos. Esto nos obliga a proteger el Sistema Biosférico de tal forma que sin dejar de estar dentro de un Universo la existencia de este Universo no le suponga la creación de una interferencia letal. ¿Cómo hacerlo? La propia velocidad de crucero del Sol, unos 600 kilómetros por segundo, y su sujeción a la ley de la Gravedad dice que según pase el tiempo esa velocidad debe ir subiendo, que es lo que precisamente nosotros no queremos. Y en consecuencia nos obliga a dotar al Sistema Solar de un freno de seguridad que actúe automáticamente y se dispare reaccionando a la elevación de su velocidad. Es lo que se busca. Veamos que soluciones prácticas encontró nuestro Creador.
141.- La primera solución práctica era lógica: cargar la nave solar de tal manera que la aceleración gravitatoria fuera frenada por el trabajo de desplazamiento y obligase a la nave a transformar esa aceleración exógena en la fuerza necesaria para realizar el trabajo de desplazamiento de la carga de frenado . De esta manera práctica la nave solar mantendría su velocidad de crucero siempre constante a la vez que vencería la tendencia inercial a aumentar su velocidad con el tiempo. Pero traslademos este caso al suelo. Imaginemos que tenemos la máquina cargada de combustible. El tiempo durante el cual la máquina estará en la carretera dependerá, además de la velocidad desarrollada, del peso con el que la carguemos. Si cargamos el maletero al máximo reducimos el tiempo de trabajo que puede desarrollar el tanque. A este tipo de freno lo llamaremos exógeno.
142.- Pero ahora imaginemos un tipo de freno exógeno aún más sofisticado. Imaginemos que a medida que la máquina recorre un espacio mayor la carga del maletero multiplicara su peso. ¿No llegaría el momento en que la máquina se vería frenada, aplastada bajo el peso adquirido por este freno exógeno? La cuestión es: ¿Está dotado el Sol de este tipo de freno exógeno, de tal forma que el peso de los planetas se multiplica por la energía potencial adquirida durante el tiempo transcurrido? Y viceversa, ¿no es por esta ley de la elevación de la energía potencial y su transformación en peso que es frenada la tendencia del Sol a comportarse según la ley de la gravitación universal?
143.- Siendo falsas las ideas sobre la naturaleza de los planetas deben serlo los números. Lo que me lleva a decir que no puede llegarse a ningún sitio mientras la dictadura de la cosmología del siglo XX siga imponiendo su ley dogmática y su absolutismo racionalista a la inteligencia del siglo XXI. Hasta ayer mismo Marte -como dije antes- era una bola de gas. Así que si hemos de esperar a que las sondas lleguen a Plutón para traducir su cuerpo en masa geofísica sentémonos y esperemos que la muerte llegue; antes llegará la muerte que la sonda a Plutón. Una vez los cálculos correctos sobre la mesa entonces podremos empezar a trabajar sobre hechos y no sobre razones impuestas a base de premios. Pasando, pues, de la crítica destructiva contra tales genios sigamos viajando a bordo de la nave solar y sigamos preguntándonos cosas.
144.- El Sol se está acercando a un sistema estelar y en consecuencia su aceleración se va a disparar aún contra la operatividad del freno exógeno. ¿Cómo vamos a superar este nuevo problema? En el juego imaginativo que hemos abierto nosotros estamos al mando, pilotamos la nave y por tanto su futuro depende de nosotros. Lo que ahora debiéramos hacer es coger el volante y girar por ejemplo a la izquierda. Esto o chocamos con los astros del sistema estelar hacia el que nos arrastra la ley de la gravedad. Puede que no mañana ni pasado mañana. Es lo mismo. Nuestra misión es encontrar la forma de provocar el giro que nos conducirá lejos del choque inevitable contra el sistema que se ha apoderado con su gravedad del control de mandos de nuestra nave. Lo primero que se nos ocurre es buscar el volante. ¿Dónde está? Porque haberlo, lo hay. Millones de años y aún el Sol en ruta son la mejor prueba de haber dotado Dios a la nave solar de un freno exógeno, que son los planetas y el juego de las energías que los mueven, y de un volante que es movido por un programa de control remoto que vence a la invencible aceleración interconstelacional obligando a la nave a girar. Mi inteligencia me lleva a mirar a mi alrededor y preguntarme: ¿Qué tipo de fuerza endógena es capaz de hacer que el Sistema Solar se comporte como una nave pilotada por un capitán inteligente? ¿Para hacer posible este giro que el Sol lleva ejecutando desde el alba de los tiempos y sin cuyo mecanismo la nave se hubiera integrado en un sistema estelar cualquiera del vecindario con qué tipo de mecánica autónoma dotó Dios al Sol?
145.-Como ayer y como siempre yo levanto mis brazos a mi Creador y le dedico la alegría que levanta en mi inteligencia mi admiración por la respuesta que le diera a estos problemas. El programa de control remoto de ruta se llama Alineamiento Interplanetario. Creado el freno exógeno ¿para qué se quiere un freno si no hay un pie que lo pise? A esta acción del pie sobre el freno lo llamaremos Mecánica Endógena de Giro. Si la acción exógena de frenado viene como respuesta del Sistema en su conjunto al medio universal, esta acción del pie sobre el freno viene dada como respuesta de los planetas al comportamiento del Sol. Más o menos. Pero antes de entrar en el efecto de los alineamientos planetarios sobre la trayectoria solar, en este momento me gustaría traer a la memoria la multiplicación de la fuerza del brazo bajo el agua y la reducción de peso de un cuerpo bajo el mismo elemento. No os creáis que lo hago para despistar. Al contrario, lo hago para abrir el medio natural en el que se mueve el juego de fuerzas naturales a nuestro Sistema.
146.- Pensad que el peso de un cuerpo está en relación directa con la gravedad. La misma masa tiene una roca de un kilo en la Tierra como en la Luna. ¿Y esa misma roca no tiene la misma masa en el agua como fuera del agua? ¿Tienen el mismo peso sin embargo? ¿Vedad que no? Ahora aplicamos esta realidad al propio Sol. Esto sin pretender igualar en visión al genio que buscó una palanca para mover el universo. Imaginemos entonces que ponemos el Sol a un extremo de la palanca, nosotros nos ponemos al otro extremo y nos toca moverlo. Lo primero que debemos preguntarnos será cuál es el valor de la gravedad en el medio dentro del que nos hemos situado. Aunque parezca truco mientras menor sea la gravedad menor será el peso del cuerpo y mayor la eficacia de la fuerza del brazo contra la palanca. La deducción es obvia. El peso del Sol y de cualquier cuerpo sideral varía según la interacción gravitatoria del momento. Esto de un sitio. Del otro, que a diferencia del Sol los planetas de nuestro Sistema sí se mueven en un medio gravitatorio estable y por tanto mantienen la igualdad entre la fuerza que desarrollan y el peso que pueden levantar.
147.- El Alineamiento Planetario, Total o Parcial, Múltiple o Simple, actúa como un Brazo, y su acción sobre el Sol es el del brazo contra la palanca. La ecuación sistemológica dice que la aceleración interconstelacional solar es frenada por el programa regulador en que transformó Dios el alineamiento planetario. Los planetas transforman el peso del único cuerpo en que el Alineamiento los convierte en fuerza, y, pues que toda fuerza tiene por naturaleza realizar un trabajo, el trabajo que ejecutan es provocar el ángulo de giro del que hablábamos, y mantenerlo constante. Este, en efecto, es el volante que estábamos buscando.
148.- En cuanto a la descripción físico-matemática de esta nave estelar guiada por control remoto en vuelo autónomo en el seno de las constelaciones de los Cielos se la dejo a otro más experto en números, incógnitas y demás ecuaciones complejas. Resaltando siempre las alineaciones planetarias parciales como las totales en el cuadro de la Sistemología Astrofísica Aplicada, las primeras actuando como un contrapeso a la velocidad, y la segunda como el desplazamiento del morro del Sistema hacia el hemisferio desde el que se realiza la carga. En suma, que antes de sembrar bajo las aguas del gran océano la semilla del árbol de las especies fueron muchas las ecuaciones que Dios hubo de resolver.
137.- Navegando a una velocidad de crucero límite entre las constelaciones de los Cielos tenemos una estrella llamada el Sol. El rozamiento de esta nave sobre la superficie de vuelo es insignificante para frenar su velocidad. En un principio y siguiendo las leyes de la física natural, que habla de un movimiento en línea recta para todo cuerpo que se desplaza en el vacío, con independencia ahora de si vuela en línea recta o siguiendo una línea curva, mientras el Sol navega por el espacio interconstelacional las distancias se acortan. Es de cajón. Y en cuanto que se acortan las distancias entre el Sol y sus vecinos las fuerzas de atracción entre el Sol y los sistemas estelares por tanto suben. La ley de la gravedad es la que impera . Al subir la atracción entre el Sol y el sistema estelar más próximo sube la velocidad de aproximación del menor al mayor. En consecuencia la velocidad de crucero de nuestro Sistema sube o baja. Y sigue sumando. Más corta se hace la distancia entre dos astros más alta deviene la velocidad del menor de los dos. Podemos estar hablando o no del Sol. Sea el Sol el astro más grande o el más pequeño de la pareja en juego el hecho es que se produce una variación en la velocidad del Sol. Supongamos que hablamos del Sol. Creo que la distancia al sistema más cercano es de unos cuantos escasos años luz. Próxima Centauri está a unos cuatro años del Sol. Se han descubierto estrellas más próximas incluso. A la velocidad que se mueve el Sol, unos 600 kilómetros por segundo, el choque entre el Sol y el sistema de Próxima Centauri, contando desde ahora mismo, tendría lugar dentro de 500 años, aproximadamente. ¿Cuántos miles de años lleva el Sol navegando entre las constelaciones de los Cielos? ¿Y de estos millones de años durante los que la vida en la Tierra ha seguido su camino sin experimentar una alteración letal no podemos deducir nosotros la estabilidad de la velocidad de crucero del Sol? ¿No estamos en nuestro derecho de creer que la velocidad del Sol es una constante? ¿Y siendo una constante no obliga esta constante a corregir la fenomenología de la gravedad? No en tanto que ley sino en cuanto a su naturaleza.
138.- La Academia, siempre tan brillante, sabe buscarse en cada momento la explicación que mejor le conviene para mantener intacta su gloria frente a la crítica del futuro. Y es que, al parecer, el Sol navega siguiendo una trayectoria atípica, tal que rehuye el contacto gravitatorio con las demás constelaciones. Haciéndose la ignorante al estilo de aquél Sócrates que sólo sabía que no sabía nada, pero sabiéndolo todo, la Academia le prohíbe a las Universidades el permiso para borrar de los Manuales de Astronomía las falsedades sobre la que se basa su idea sobre el Sistema Solar y su lugar en el Universo. Porque claro, si el Sol no sigue una trayectoria natural a un cuerpo que está sujeto a la ley de la gravedad universal: ¿qué tipo de trayectoria dibuja el Sol entre los demás sistemas estelares de su vecindario? (Realmente esta es una pregunta interesante, que por la sencillez de su declaración puede sonar a nimiedad sin importancia. Error grave. ¿O acaso al pasajero que se sube al avión no le interesa para nada la mecánica de la nave, sabiendo como sabemos que uno se juega la vida en el aire? ¿No es en todo el Sol una nave eternamente en el aire, repleta de pasajeros? En cuanto al mantenimiento de la velocidad autónoma de la nave solar nosotros podemos deducirlo mediante la transformación de la fenomenología fotosférica solar en el quemado del combustible necesario para mover un cuerpo en el espacio. ¿En qué no se parecen las grandes fulguraciones solares y el chorro del reactor que mueve una nave en dirección contraria a su emisión? ¿Ambos fenomenos no están sujetos a la misma ley de acción-reacción? Supongamos por un momento que así es. Y puesto que conocemos el ciclo de once años por el que se gobierna la temperatura del cuerpo fotosférico solar, ya que este ciclo de calentamiento fotosférico está sujeto a un ciclo estable ¿no podemos deducir nosotros de su constancia la mecánica de propulsión controlada que rige la velocidad de crucero del Sol, mecánica a su vez sujeta a la ley de transformación de la energía gravitatoria en energía luminosa? La respuesta es difícil pero no imposible. Por ejemplo, la reacción del Sol al paso del cometa Hale Boop. La llamarada extraordinaria que se viera sobre la superficie solar inmediatamente tras el paso del cometa Hale Boop ¿no es fenómeno suficiente para abrirnos la inteligencia a la conexión entre temperatura, densidad gravitatoria y velocidad de transformación, en este caso provocada por un frente de onda con cabeza sólida? Y si la conexión entre el paso del Hale Boop y la llamarada extraordinaria observada es un hecho científico ¡cómo seguir manteniendo dentro de los mismos parámetros de comportamiento la relación entre el Sol y los planetas cuando un minúsculo cuerpo se basta para acelerar durante un tiempo equis la velocidad de transformación de toda una estrella! )
139.- (Uno de los pilares básicos del desarrollo del pensamiento humano se refiere a la búsqueda de las causas a raiz de los efectos observados, y al contrario, descubrir los efectos partiendo de las causas dadas. Gracias a la capacidad de la inteligencia para servirse de los instrumentos de la lógica la aventura del pensamiento pudo alcanzar cotas inesperadas. Pero andando el tiempo y muchas hazañas a sus espaldas los pensadores en su día revolucionarios cometieron el crimen nefasto que se define por matar la causa origen del efecto observado en razón de no convenirle a sus intereses subjetivos y emociones irracionales. Perdido el siglo XX en la red de un ateismo científico que borró causas y puso razones contra la lógica de la realidad, es de creer que los herederos de aquellos monstruos sepan cómo retorcer el camino entre efecto y causa y cnducir a los ignorantes al abismo de su irracionalidad pasada de moda. Pues aunque y por muy difícil que sea creerlo la Ciencia se hizo atea para demostrarse a sí misma que sabía más que Dios. Que terminara su discurso a los pies de la Gran Guerra no la hizo recapacitar durante la Guerra Fría sobre la patología en la que su inteligencia habia deslizado su lógica. Su patología se llamaba Ateísmo. Pero volvamos al tema de la Creación de nuestro Sistema Solar) . El primero que había de pensar en todos los factores a tener en cuenta a la hora de la estabilidad dinámica del Sistema Solar era el Ingeniero que se planteó su creación dentro de una red molecular astrofísica llamada los Cielos. La dificultad más grande a superar que Dios tenía se la plantaban delante los millones de años que la Evolución del árbol de las especies exigía para su nacimiento y crecimiento. Si en el caso de la creación de la Biosfera los procesos podían ser acelerados sin ocasionar ningún conflicto científico, en el caso de la Vida la ley era y es otra muy distinta. En el terreno de la Vida, digámoslo así: las leyes son más rigurosas. Los millones de años que la Evolución de la Vida en la Tierra le exigía a Dios habían, por necesidad, de plantarle delante de la mesa un complejo sistema de ecuaciones sistemológicas. Entre las cuales cómo mantener la velocidad de crucero del Sol constante en el espacio y el tiempo, y cómo dotar a su Sistema de una ruta de vuelo tal que planease entre las constelaciones sin integrarse en sus sistemas, fueron los dos grandes y principales retos que hubo de superar su Inteligencia. Y buscando aquí cómo lo hizo estamos. (La autonomía de vuelo que a las estrellas les procura su naturaleza de transformadores de la energía en luz y calor, fenómeno muy similar con el comportamiento de una partícula excitada, que se defiende radiando una subpartícula, es un aspecto que implica la necesidad de corregir la hipótesis del movimiento astrofísico a partir y sólo desde la ley de la gravedad universal. No se la niega, sencillamente se corrige su definición. Si hasta ahora la ley era la única fuerza desde ahora tenemos una mecánica de transformación de energía, uno de cuyos efectos genera la autonomía de propulsión necesaria para mantener constante la velocidad del Sistema. En este orden la fenomenología de la fotosfera solar nos sirve de cuadro de referencia desde donde activar la imagen de un astro como nave propulsada autónomamente mediante la transformación de su energía en el combustible necesario para mantener el impulso inicial. Otra cosa será que en su irracionalidad científica la Academia quiera negar la aplicación de la ley acción-reacción -natural a las naves de propulsión- entre fulguraciones estelares y velocidad sideral. El autor no ve cómo pueda demostrarse semejante negación y en consecuencia prefiere seguir adelante con su exposición sobre la relación entre los planetas y el giro del Sol durante su trayectoria entre las constelaciones que marcan su órbita).
140.- Pongámonos en el caso. Tenemos el Sistema en el que vamos a cultivar el Árbol de la Vida. Sabemos positivamente que desde que lo sembremos hasta que nos dé su fruto deberán pasar millones de años naturales. También sabemos que el desarrollo de la Vida exige que la Naturaleza mantenga su Estructura en las condiciones que le son propias. Lo cual quiere decir que debemos evitar la interferencia en el proceso evolutivo de factores cosmológicos externos. Esto nos obliga a proteger el Sistema Biosférico de tal forma que sin dejar de estar dentro de un Universo la existencia de este Universo no le suponga la creación de una interferencia letal. ¿Cómo hacerlo? La propia velocidad de crucero del Sol, unos 600 kilómetros por segundo, y su sujeción a la ley de la Gravedad dice que según pase el tiempo esa velocidad debe ir subiendo, que es lo que precisamente nosotros no queremos. Y en consecuencia nos obliga a dotar al Sistema Solar de un freno de seguridad que actúe automáticamente y se dispare reaccionando a la elevación de su velocidad. Es lo que se busca. Veamos que soluciones prácticas encontró nuestro Creador.
141.- La primera solución práctica era lógica: cargar la nave solar de tal manera que la aceleración gravitatoria fuera frenada por el trabajo de desplazamiento y obligase a la nave a transformar esa aceleración exógena en la fuerza necesaria para realizar el trabajo de desplazamiento de la carga de frenado . De esta manera práctica la nave solar mantendría su velocidad de crucero siempre constante a la vez que vencería la tendencia inercial a aumentar su velocidad con el tiempo. Pero traslademos este caso al suelo. Imaginemos que tenemos la máquina cargada de combustible. El tiempo durante el cual la máquina estará en la carretera dependerá, además de la velocidad desarrollada, del peso con el que la carguemos. Si cargamos el maletero al máximo reducimos el tiempo de trabajo que puede desarrollar el tanque. A este tipo de freno lo llamaremos exógeno.
142.- Pero ahora imaginemos un tipo de freno exógeno aún más sofisticado. Imaginemos que a medida que la máquina recorre un espacio mayor la carga del maletero multiplicara su peso. ¿No llegaría el momento en que la máquina se vería frenada, aplastada bajo el peso adquirido por este freno exógeno? La cuestión es: ¿Está dotado el Sol de este tipo de freno exógeno, de tal forma que el peso de los planetas se multiplica por la energía potencial adquirida durante el tiempo transcurrido? Y viceversa, ¿no es por esta ley de la elevación de la energía potencial y su transformación en peso que es frenada la tendencia del Sol a comportarse según la ley de la gravitación universal?
143.- Siendo falsas las ideas sobre la naturaleza de los planetas deben serlo los números. Lo que me lleva a decir que no puede llegarse a ningún sitio mientras la dictadura de la cosmología del siglo XX siga imponiendo su ley dogmática y su absolutismo racionalista a la inteligencia del siglo XXI. Hasta ayer mismo Marte -como dije antes- era una bola de gas. Así que si hemos de esperar a que las sondas lleguen a Plutón para traducir su cuerpo en masa geofísica sentémonos y esperemos que la muerte llegue; antes llegará la muerte que la sonda a Plutón. Una vez los cálculos correctos sobre la mesa entonces podremos empezar a trabajar sobre hechos y no sobre razones impuestas a base de premios. Pasando, pues, de la crítica destructiva contra tales genios sigamos viajando a bordo de la nave solar y sigamos preguntándonos cosas.
144.- El Sol se está acercando a un sistema estelar y en consecuencia su aceleración se va a disparar aún contra la operatividad del freno exógeno. ¿Cómo vamos a superar este nuevo problema? En el juego imaginativo que hemos abierto nosotros estamos al mando, pilotamos la nave y por tanto su futuro depende de nosotros. Lo que ahora debiéramos hacer es coger el volante y girar por ejemplo a la izquierda. Esto o chocamos con los astros del sistema estelar hacia el que nos arrastra la ley de la gravedad. Puede que no mañana ni pasado mañana. Es lo mismo. Nuestra misión es encontrar la forma de provocar el giro que nos conducirá lejos del choque inevitable contra el sistema que se ha apoderado con su gravedad del control de mandos de nuestra nave. Lo primero que se nos ocurre es buscar el volante. ¿Dónde está? Porque haberlo, lo hay. Millones de años y aún el Sol en ruta son la mejor prueba de haber dotado Dios a la nave solar de un freno exógeno, que son los planetas y el juego de las energías que los mueven, y de un volante que es movido por un programa de control remoto que vence a la invencible aceleración interconstelacional obligando a la nave a girar. Mi inteligencia me lleva a mirar a mi alrededor y preguntarme: ¿Qué tipo de fuerza endógena es capaz de hacer que el Sistema Solar se comporte como una nave pilotada por un capitán inteligente? ¿Para hacer posible este giro que el Sol lleva ejecutando desde el alba de los tiempos y sin cuyo mecanismo la nave se hubiera integrado en un sistema estelar cualquiera del vecindario con qué tipo de mecánica autónoma dotó Dios al Sol?
145.-Como ayer y como siempre yo levanto mis brazos a mi Creador y le dedico la alegría que levanta en mi inteligencia mi admiración por la respuesta que le diera a estos problemas. El programa de control remoto de ruta se llama Alineamiento Interplanetario. Creado el freno exógeno ¿para qué se quiere un freno si no hay un pie que lo pise? A esta acción del pie sobre el freno lo llamaremos Mecánica Endógena de Giro. Si la acción exógena de frenado viene como respuesta del Sistema en su conjunto al medio universal, esta acción del pie sobre el freno viene dada como respuesta de los planetas al comportamiento del Sol. Más o menos. Pero antes de entrar en el efecto de los alineamientos planetarios sobre la trayectoria solar, en este momento me gustaría traer a la memoria la multiplicación de la fuerza del brazo bajo el agua y la reducción de peso de un cuerpo bajo el mismo elemento. No os creáis que lo hago para despistar. Al contrario, lo hago para abrir el medio natural en el que se mueve el juego de fuerzas naturales a nuestro Sistema.
146.- Pensad que el peso de un cuerpo está en relación directa con la gravedad. La misma masa tiene una roca de un kilo en la Tierra como en la Luna. ¿Y esa misma roca no tiene la misma masa en el agua como fuera del agua? ¿Tienen el mismo peso sin embargo? ¿Vedad que no? Ahora aplicamos esta realidad al propio Sol. Esto sin pretender igualar en visión al genio que buscó una palanca para mover el universo. Imaginemos entonces que ponemos el Sol a un extremo de la palanca, nosotros nos ponemos al otro extremo y nos toca moverlo. Lo primero que debemos preguntarnos será cuál es el valor de la gravedad en el medio dentro del que nos hemos situado. Aunque parezca truco mientras menor sea la gravedad menor será el peso del cuerpo y mayor la eficacia de la fuerza del brazo contra la palanca. La deducción es obvia. El peso del Sol y de cualquier cuerpo sideral varía según la interacción gravitatoria del momento. Esto de un sitio. Del otro, que a diferencia del Sol los planetas de nuestro Sistema sí se mueven en un medio gravitatorio estable y por tanto mantienen la igualdad entre la fuerza que desarrollan y el peso que pueden levantar.
147.- El Alineamiento Planetario, Total o Parcial, Múltiple o Simple, actúa como un Brazo, y su acción sobre el Sol es el del brazo contra la palanca. La ecuación sistemológica dice que la aceleración interconstelacional solar es frenada por el programa regulador en que transformó Dios el alineamiento planetario. Los planetas transforman el peso del único cuerpo en que el Alineamiento los convierte en fuerza, y, pues que toda fuerza tiene por naturaleza realizar un trabajo, el trabajo que ejecutan es provocar el ángulo de giro del que hablábamos, y mantenerlo constante. Este, en efecto, es el volante que estábamos buscando.
148.- En cuanto a la descripción físico-matemática de esta nave estelar guiada por control remoto en vuelo autónomo en el seno de las constelaciones de los Cielos se la dejo a otro más experto en números, incógnitas y demás ecuaciones complejas. Resaltando siempre las alineaciones planetarias parciales como las totales en el cuadro de la Sistemología Astrofísica Aplicada, las primeras actuando como un contrapeso a la velocidad, y la segunda como el desplazamiento del morro del Sistema hacia el hemisferio desde el que se realiza la carga. En suma, que antes de sembrar bajo las aguas del gran océano la semilla del árbol de las especies fueron muchas las ecuaciones que Dios hubo de resolver.
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