Los Cultos y La Adoración
Creemos que el deber de cada creyente es adorar a Dios y darle gloria. Por la gracia los cristianos se dedican en su vida privada, familiar y colectiva a la adoración, la alabanza y servicio de Dios como su culto racional. Esta adoración en espíritu y en verdad representa la honesta y libre búsqueda de comunión con Dios y no depende de ningún rito ni costumbre. La libre expresión en la adoración involucra elementos que predisponen a la congregación a dirigirse hacia Dios y rendirle culto digno, tales como: la lectura de las Escrituras; el cantar himnos y canciones espirituales; el compartir testimonios; la oración en todos sus aspectos; la entrega de ofrendas y la predicación de la Palabra. Los cultos públicos y reuniones en las iglesias son a su vez testimonios de Cristo y por tanto deben conducirse dignamente y en orden para lograr la conversión de los incrédulos y la edificación de los hermanos.
Salmos 150. Isaías 56:6,7. Juan 4:21-24. Romanos 12:1. 1º Corintios 14; 16:1,2. Efesios 1:5,6.