Para entender el rol de la reputación en la cultura de código abierto, es útil moverse más en la historia dentro de la antropología y la economía, y examinar la diferencia entre las culturas de intercambio y las culturas del don.
Los seres humanos tienen un interés innato por competir por el status social; está conectado con nuestra historia evolutiva. Para el 90% de esa historia que corre anteriormente a la invención de la agricultura, nuestros ancestros vivieron en pequeñas bandadas nómades que cazaban y recolectaban. Los individuos de mayor status (aquellos más efectivos en formar coaliciones y persuadir a los demás a cooperar con ellos) tenían las parejas más saludables y acceso a la mejor comida. Esta búsqueda de status se expresa a sí misma en diferentes formas, dependiendo largamente en el grado de escasez de bienes para la supervivencia.
La mayoría de las formas que los humanos tienen de organizarse son adaptándose a la escasez y a lo que quieren. Cada forma tiene diferentes formas de ganar status social.
La forma más simple es el mando jerárquico En los mandos jerárquicos, la locación de bienes escasos es hecho por una autoridad central y respaldada por la fuerza. Los mandos jerárquicos se balancean muy pobremente; se convierten en incrementalmente brutales e ineficientes a medida que aumenta su tamaño. Por ésta razón, los mandos jerárquicos por encima del tamaño de una familia extendida son casi siempre parásitos en una economía de diferente tipo. En los mandos jerárquicos, el status social es primariamente determinado por el acceso al poder coercitivo.
Nuestra sociedad es predominantemente una economía de intercambio. Esta es una adaptación sofisticada a la escasez que, a diferencia del modelo de mando, se balancea bastante bien. La locación de bienes escasos se realiza en forma descentralizada a través del canje y la cooperación voluntaria (y de hecho, el efecto dominante del deseo competitivo es producir un comportamiento cooperativo). En una economía de intercambio, el status social es primariamente determinado por el control sobre las cosas (no necesariamente materiales) para usar o canjear.
La mayoría de la gente tiene modelos implícitos mentales para ambos, y como interactúan entre ellos. El gobierno, la milicia, y el crimen organizado (por ejemplo) son mandos jerárquicos en la gran economía de intercambio que llamamos mercado libre. Hay un tercer modelo, sin embargo, que es radicalmente diferente de ambos y generalmente no reconocido excepto por los antropólogos; la cultura del don.
Las culturas del don son adaptaciones no de la escasez sino de la abundancia. Surgen en poblaciones que no tienen problemas significantes de escasez de bienes para sobrevivir. Podemos observar a las culturas del don en acción entre culturas aborígenes viviendo en zonas ecológicas con clima templado y comida abundante. También podemos observarlas en ciertos estratos de nuestra sociedad, especialmente en el show businness y entre los muy ricos..
La abundancia dificulta las relaciones de mando para sustentar e intercambiar relaciones. En las culturas del don, el status social es determinado no por lo que controlas sino por lo que entregas.
Así los multi-millonarios elaboran y publican actos de filantropía. Y así las largas horas de esfuerzo de los hackers producen código abierto de alta calidad.
Examinado de ésta forma, queda muy claro que la sociedad hacker de código abierto es de hecho una cultura del don. Dentro de ella, no hay seria escasez de necesidades de sobrevivencia. El software es compartido gratuitamente. Esta abundancia crea una situación en la que la única medida de éxito es la reputación entre sus pares.
Esta observación no es en sí misma enteramente suficiente para explicar las características observadas de la cultura hacker, sin embargo. Los crackers y warez d00dz tienen una cultura del don que prospera en los mismos medios (electrónicos) como el de los hackers, pero su comportamiento es muy diferente. La mentalidad del grupo en su cultura es mucho más fuerte y más exclusivo que entre los hackers. Ellos acaparan secretos antes que compartirlos; uno tiene más probabilidades de encontrar grupos crackers distribuyendo archivos ejecutables que crackean software antes que pistas que te digan como lo hicieron.
Lo que esto muestra, en caso de que no haya sido obvio, es que hay más de una forma de llevar a cabo una cultura del don. La historia y los valores importan. He resumido la historia de la cultura hacker en A Brief History of Hackerdom; las formas en que se formó su comportamiento actual no son misteriosas. Los hackers definieron su cultura por un conjunto de elecciones sobre la forma en que la competición se llevaría. Es ésta forma la que examinaremos en el resto de éste ensayo.