EPÍLOGO
AL MENOS ALGUNOS que hayan leído hasta aquí estarán de acuerdo conmigo en
que algo debe hacerse para cambiar el rumbo en el que vamos. El equilibrio de
este libro describe el mapa de qué puede hacerse.
Divido este mapa en dos partes: lo que cada uno puede hacer ahora, y lo
que precisa la ayuda de los legisladores. Si hay una lección que podamos
aprender de la historia de cómo se ha rehecho el sentido común, es que requiere
que se cambie la manera en la que mucha gente piensa sobre precisamente el
mismo asunto.
Eso significa que este movimiento debe empezar en la calle. Debe reclutar
un número significativo de padres, profesores, bibliotecarios, creadores, autores,
músicos, cineastas, científicos--para que todos ellos cuenten esta historia con sus
propias palabras, y para que les expliquen a sus vecinos por qué esta batalla es
tan importante.
Una vez que este movimiento haya tenido efecto en la calle, habrá
esperanzas de que tenga efecto en Washington. Aún somos una democracia. Lo
que la gente piensa importa. No tanto como debería, al menos cuando una RCA
se opone a ello, pero incluso así importa. Y por tanto, en la segunda parte de lo
que sigue, esbozo cambios que el Congreso podría llevar a cabo para dar mayor
seguridad a una cultura libre.