Vocabulario general y léxico especializado
Según la Gramática esencial del español de Manuel Seco, los diccionarios tratan de recoger el vocabulario “general” de la lengua, es decir, todas aquellas voces que son de uso común para la mayoría de los hablantes. El léxico especializado de ciencia, técnica, oficios, etc. no se acostumbra a recoger en los diccionarios generalas, a menudo existen diccionarios específicos para cada disciplina y en los generalas se recogen sólo aquellos términos que se han incorporado al lenguaje y los conocimientos más amplios.
¿Cuántas más palabras, más rico es un idioma?
A veces se habla de la riqueza de un idioma en función del número de palabras que incluye, pero esto, según Manuel Seco, es un error, pues no es poden contar las palabras que están en uso, de la misma manera que las que casi no se usan o las que han pasado a la historia. Igual como en demografía no se cuentan los habitantes de un país junto con los que vivieron en épocas pretéritas.
El número de palabras, pues no es un criterio que determine la riqueza de una lengua, es un factor de riqueza y basta. Por ejemplo, en un diccionario de bolsillo puede haber 30.000 palabras i en el diccionario histórico que está preparando la Real Academia Española habrán 300.000. Claro que muchas de ellas en desuso.
¿El léxico se mantiene inalterable?
El léxico de un idioma es el conjunto de palabras que están a la disposición de los que lo hablen. En cada momento histórico —ahora— hay palabras que entran en circulación, otras que están en rodaje, las hay que se ponen de moda, que cambian de forma, de contenido, y algunas que por diversos motivos caen i acaban por ser olvidadas. Es un proceso extraordinariamente dinámico.
Historia del léxico que usamos actualmente
Como ya sabemos, el español (como el catalán) son lenguas románicas, que significa que entre los siglos VII i IX, en los que se produjo este fenómeno, la lengua se fue decantando del latín hacia una forma más moderna. Este proceso está enmarcado históricamente en la época visigótica, por tanto el léxico que utilizamos se llama “Léxico latino hispanogodo”.
Muchas palabras fundamentales del español nos han llegado a través de otras lenguas, que se han incorporado al idioma en las sucesivas estancias en la península de nuestros visitantes. El germánico (de los visigodos), el árabe, el occitano y antes el griego y el latín, que se han ido superponiendo a las lenguas que se hablaban a la península.
En ningún momento se puede dar por acabado un léxico, siempre hay necesidad de dar nombre a una cosa nueva o de dar una palabra nueva a una cosa vieja, o una palabra vieja a una cosa nueva: red, lanzadera.
Las nuevas palabras o neologismos se obtienen a través de los hallazgos, de la importación, de la recombinación de palabras que ya existían y de la utilización del almacén de afijos (prefijos, sufijos).
El léxico adquirido a través de préstamos de otras lenguas se lama extranjerismos.
¿Qué son los neologismos?
El María Moliner lo define así: “Palabra o expresión recién introducida en una lengua. Son, en general, considerados legítimos, sin necesidad de que estén sancionados por la Real Academia, los tecnicismos necesarios para designar conceptos nuevos, así como las designaciones científicas formadas con una raíz culta para atender una nueva necesidad de acuerdo con las normas generalas de derivación”.
Da dos criterios para considerar legítimo un neologismo: los tecnicismos necesarios para designar conceptos nuevos, y las designaciones científicas formadas con una raíz culta para atender una nueva necesidad, siempre de acuerdo con las normas generales de derivación. Hay que tener cuidado, pues, con las traducciones literales y con los inventos hechos deprisa y corriendo.
El contenido y el lugar de las palabras
No debemos olvidar que las palabras son piezas que unas al lado de las otras sirven para comunicarnos. El mensaje se produce por la combinación de los contenidos que los que hablamos una lengua hemos convenido otorgarle a cada palabra y teniendo en cuenta el lugar que ocupa dentro de la oración. Todo esto funciona gracias a unas reglas del juego que debemos conocer y respetar, si no se produce un guirigay en el que no es posible entendernos.
El léxico en los medios de comunicación
Lázaro Carreter, en El dardo en la palabra, que son un seguido de artículos publicados durante los últimos 20 años, critica el lenguaje que utilizamos en los medios de comunicación. Dice que una lengua es una especie de archivo en el que han ido a parar las experiencias, los conocimientos y las creencias de una comunidad. Hay otro recopilatorio publicado con los artículos de 1999 a 2002, El nuevo dardo de la palabra.
Nosotros, como a profesionales acreditados para hablar con altavoz debemos ser mucho más conscientes de la influencia que ejercemos en la comunidad de hablantes. Los medios ponen de moda expresiones, hacen circular neologismos, extranjerismos y barbarismos, sin ninguna consideración por el idioma, ni tan siquiera por la primera premisa que hay que tener en periodismo, que es comunicar de manera entendedora (texto Lázaro Carreter). Según Grijelmo en El estilo del periodista, el vocabulario del y la periodista debe ser preciso y rico, riguroso en los matices, amplio en las acepciones, de manera que escriba en cada momento la palabra más acertada.
Propone un lema: tolerancia con el neologismo y guerra contra el barbarismo (o sea, los neologismos que proceden de otras lenguas).
Ante un extranjerismo, hay que buscar equivalencias en la propia lengua, proponer alternativas que puedan comprender los usuarios, en lugar de dar por buenos términos en inglés, como reality show, talk show o science-fiction (ficción científica).
Libros de consulta: diccionarios
El Manual del Español Urgente de EFE recomienda tener 3 diccionarios: el Maria Moliner, el de la Real Academia y el Casares. Deberíamos añadir uno de sinónimos y antónimos, y un libro de verbos conjugados. Este sería el equipo mínimo del periodista profesional.
También iría bien tener el Diccionario de dudas del español, de Manuel Seco y su Gramática esencial del español. Si os queréis dedicar a la edición, el Manual de ortotipografía de los autores Pujol y Solà también os será muy útil.