1. Es pobre, poco variado y preciso, lo que da lugar a un periodismo gris y plano por culpa de las facultades de periodismo que liman los giros personales de redacción de los estudiantes.
Hay una tendencia a utilizar palabras muy largas para parecer más cultos; se utilizan anglicismos como prioridad; locuciones “en base a” o galicismos como “tener lugar”.
2. Excesivamente influenciada por las fuentes: cada institución dispone de gabinetes de comunicación. Hay productos que llegan a los medios hechos con apariencia profesional, pero poniendo los focos donde le interesa a la institución, escondiendo los aspectos que no le interesan a la institución.
Así, se trata de un lenguaje muy opaco, con eufemismos, neologismos y apariencia moderna. Se trabaja al dictado de las fuentes, haciendo daño así al idioma:
Ejemplo: daños colaterales, crecimiento cero (estancamiento), despejar el espacio aéreo, buen comportamiento de los precios (los precios no se comportan, dependen de las medidas del Gobierno). Enmascaran la responsabilidad con eufemismos.
3. Muy sujeto a las modas y novedades: hay una fascinación por los neologismos como economicidad, equidistancia, porque estas palabras nos parecen modernas.
Utilizamos muchos tópicos como: de alguna manera (disimulado), la geografía española, etc. Debemos acabar con el aburrimiento del lenguaje, atraer la atención y evitar tópicos.