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El Imperio Romano: bajo el gobierno de los Antoninos - Las ciudades durante los Antoninos

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CopyLeft Curso gratis de Creative Commons - 18 de Febrero de 2006
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8. Las ciudades durante los Antoninos

8.1  El territorio de las ciudades


i)  División del territorio entre las ciudades y el Estado


Roma se sirvió de la ciudad como instrumento para organizar los territorios y como medio de control e integración de las poblaciones de Italia y de las provincias. Pero no todo el territorio del Imperio estaba subdividido entre las ciudades:

-  Los distritos mineros fueron siempre propiedad del Estado, que se reservó la explotación directa de las minas de oro y algunas de plata, alquilando a particulares el resto. Las de explotación directa se encomendaban a administradores imperiales, ayudados por libertos y esclavos imperiales.

-  Los grandes dominios de explotación agropecuaria eran propiedad de los emperadores o del propio Fisco. Se encontraban diseminados por todo el Imperio, destacando el sur de Italia, África y Asia Menor, donde había pocas ciudades en el interior..

-  Otros territorios también eran monopolio del Estado, como las salinas o determinadas explotaciones de interés vital para la economía pública.

-  Todo el territorio de Egipto siguió siendo propiedad imperial.

ii)  La extensión del régimen urbano en el Imperio


En términos generales, Roma integra a las poblaciones en el régimen de ciudades, salvo e algunos casos como la Galia Lugdunene o en Asia Menor, donde se respetaron formas de integración cantonales en las que tenía mucha fuerza el régimen de aldeas con población muy dispersa. En zonas como Hispania, donde se implantó el modelo administrativo de la ciudad, las condiciones urbanísticas y demográficas fueron muy variadas según la zona.

Cada ciudad contaba con un territorio dentro del cual había otros núcleos urbanos menores, aldeas, dependientes administrativamente del núcleo central o ciudad. Su extensión era muy variada. No se puede hablar de una oposición campo-ciudad, ya que muchas ciudades no eran más que grandes zonas de explotación agropecuaria con un pequeño mercado y sin artesanado, comercio y otros servicios.

Salvo Roma (1.000.000), Alejandría y Cartago (500.000) y otras ciudades como Antioquía (300.000), ya eran consideradas grandes las de 15.000 habitantes, siendo lo común entre 2000-8000 habitantes.

8.2  Organización administrativa de las ciudades


i)  Estructura administrativa


Roma imita y adapta la organización de las ciudades griegas. El modelo de colonias y municipios terminó imponiéndose en el Occidente del Imperio. La época de los Antoninos se corresponde con el auge de la municipalización de África, y en otras provincias, como Hispania, con los resultados de la labor municipalizadora iniciada con César-Augusto e impulsada con los Flavios.

El Occidente utiliza la terminología latina para llamar a sus magistrados, y el Oriente la griega.  En los dos casos la estructura general de la ciudad es: unos magistrados anuales elegidos, un Senado y una asamblea.

ii)  Magistrados civiles


Dos dunviros: máximos responsables de la vida municipal. Convocaban y presidían el Senado, con competencias jurídicas en juicios menores y encargados de la defensa del territorio. Hacían propuestas al Senado para someter a votación.

Los ediles: encargados del cuidado y vigilancia de la ciudad, pesas y medidas en mercados, orden público, etc.

Los cuestores: llevaban las finanzas públicas.

El ámbito jurisdiccional de los magistrados era la ciudad y su territorio. Eran responsables ante la autoridad central de la realización de censos y cobro de impuestos del Estado. Ésto supuso un gran ahorro de funcionarios a la administración central, aunque sus operaciones fueran sometidas a un control posterior. Existía una caja pública que se beneficiaba del uso de las vías públicas, puentes, etc., e incluso podían cobrar impuestos indirectos, con autorización del gobierno central.

iii)  La Caja pública y las finanzas


Cada municipio tenía su propia caja pública y sus propias finanzas. Los ingresos procedían del arriendo de fincas urbanas y rústicas de propiedad del común, de multas y de peajes. Estos fondos no alcanzaban a sufragar todos los gastos públicos, por lo que las ciudades contaban con otros ingresos de particulares, la exigencia de operae (horas de trabajo que cada ciudadano debía aportar para la reparación de calles, caminos, etc., o construcción de obras públicas), supervisadas por los ediles.

iv)  La normativa judicial


Se fue adaptando al derecho romano, aunque pervivieron formas de derecho local hasta épocas avanzadas. Se produjo la paulatina igualación entre ciudades con estatuto jurídico distinto. Durante el siglo II d.C. se borra la diferencia entre municipios de derecho romano y de derecho latino, a lo que contribuyeron los curatores.

v)  El pago para ser elegido magistrado


Los magistrados pertenecían siempre a la oligarquía local, ya que la magistratura exigía costosos gastos. Sabemos que los notables de las Galias e Hispania encontraban serias dificultades a mediados del siglo II d.C. para desempeñar magistraturas, por las cargas que conllevaban. En Occidente, los magistrados pagaban la llamada munus, que se asemejaba a las liturgias pagadas en las ciudades orientales.

vi)  Los patronatos


Por todo lo anterior, fue importante para las ciudades el poder contar con patronos que cumplieran como benefactores, y eran elegidos por la curia municipal a propuesta de los dunviros. La aceptación por el patrono convertía la relación en estable, y era hereditario. Las ciudades, para asegurarse esta protección, no dudaron en elegir varios patronos, generalmente senadores o caballeros, y además de ayudas económicas a su ciudad-cliente, defendían los intereses ante la administración central. Los patronos no formaban parte del senado municipal.

vii)  Otros cargos municipales


-  Equipo de subalternos pagados por la caja municipal: pregoneros, escribientes, carteros, etc.

-  Cuadrilla de esclavos públicos para limpieza, atención a baños, etc.

-  Asociaciones privadas para prestar servicios a la comunidad: los tria collegia principalia (bomberos, artesanos, etc.). Sólo existían en las ciudades de mayor volumen de población.

8.3  La religión en el marco de la ciudad


La religión entraba dentro de la estructura de una ciudad.

i)  Los cultos públicos


Su organización correspondía a los magistrados religiosos. Los sacerdotes inicialmente eran de dos tipos: pontífices y augures, aunque posteriormente, desde los Flavios, se simplificó, sobre todo cuando se generalizó el culto al emperador. El flamen o sacerdote del culto imperial es el único con carácter público en muchos municipios.

ii)  Los cultos privados


Era responsabilidad de sacerdotes muy diversos y contaban con su propia organización sacerdotal y lugares privados de culto.

iii)  El culto al emperador


Se generaliza a partir de los Flavios. A la divinización de emperadores difuntos se añadió la de sus familiares, desde los Antoninos (domus Augusta). El culto imperial se organizó en varios niveles:

-  Las capitales de provincia lo celebran durante las asambleas provinciales.

-  Según las zonas, se puede practicar en ciudades o en circunscripciones más amplias (por ejemplo, en la Bética hay un culto imperial por ciudad).

Durante los Antoninos, el culto imperial fue tiñendo otras manifestaciones religiosas. Los dioses que protegían de modo especial al emperador se convirtieron en dioses augustos.

iv)  Las divinidades romanas tradicionales


A pesar del culto al emperador, se siguieron manifestando. Como la religión romana permitía integrar a las creencias antiguas con las nuevas, la configuración religiosa de cada ciudad era muy diversa, según la época en que hubiera recibido el estatuto romano.

v)  Los cultos locales


Los que no entraran en conflicto con la forma de poder político romano fueron respetados. Se documentan en áreas rurales, y algunos en ciudades, sobre todo las que recibieron el estatuto en época flavia. Se produce un gran auge de los dioses venerados en santuarios extraurbanos, sobre todo los salutíferos. Algunos de estos dioses empiezan a asimilarse con dioses romanos, y se reanuda el prestigio de algunos grandes santuarios minorasiáitcos.

vi)  Los cultos orientales


Tuvieron en la ciudad el marco perfecto para desarrollarse. Se propagaban a través de soldados licenciados y sobre todo comerciantes. Así, se difundió también el cristianismo. Debido a la facilidad dada por los Antoninos para el régimen de asociación (bastaban tres personas), se generalizaron las asociaciones de pobres, coincidentes con asociaciones funerarias.

Cada asociación podía elegir sus dioses, fueran o no romanos. Las condiciones eran: tener una sede, fijar las cuotas de sus socios, reunirse periódicamente y tener un reglamento aprobado por todos. En este marco asociativo resultó fácil la creación de comunidades religiosas privadas (sinagogas judías, comunidades isíacas).

vii)  Los cristianos


A mediados del siglo II d.C. se encuentran en las burguesías municipales y en algunos intelectuales. Los emperadores siguieron con ellos la norma aconsejada por Trajano a Plinio el joven: había que condenar a los que se empecinaran en no sacrificar a los dioses romanos, pero que no era preciso buscarlos ni atender a denuncias anónimas.

8.4  Las ciudades y la vida económica


Hay un auge de la vida de las ciudades que se mantiene desde los Flavios hasta los últimos Antoninos. Este auge se basa en el desarrollo artesanal y el comercio.

i)  La artesanía


Algunas ciudades cuentas con talleres especializados. Las grandes ciudades, comenzando con Roma, eran centros de actividad artesanal: donde había una ciudad con economía pujante, había una variada gama de artesanos. Nunca existió una ciudad puramente parasitaria que viviera de ser sólo un centro comarcal de servicios. Estos talleres utilizaban mano de obra esclava, y cuando crecían se creaba otro nuevo. No había producción en serie. Fue común el desarrollo de un artesanado para atender las necesidades edilicias locales: tejares, canteras, hornos cerámicos, etc.

ii)  El comercio


La mejora de la red viaria de Trajano estimuló el comercio interior. Los comerciantes se organizaban en asociaciones (collegia). Uno de ellos es el conocido Foro de las Corporaciones de la ciudad de Ostia, donde recalaba todo el comercio de Roma. En estas condiciones, los libertos se enriquecieron; sobre todo se les localizaba en ciudades portuarias, y se les permitió crear asociaciones vinculadas al culto imperial, donde se produce la promoción de estos grupos de libertos.

Este desarrollo económico se frena en el Occidente a partir de los últimos Antoninos. A las dificultades impuestas por las guerras, se añade la tendencia de algunos miembros de las curias municipales a establecer su residencia en villas rústicas, desentendiéndose de los compromisos de su ciudad. En el Oriente todavía no se ha entrado en este proceso y se mantiene una economía pujante.
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