Perteneciente a una vieja familia senatorial de Italia, tenía más de 60 años cuando fue elegido emperador, y había desempeñado varios cargos senatoriales desde fines del gobierno de Nerón. Su función más significativa fue que sirvió de puente para la nueva forma de transmisión del poder y para reafirmar la aceptación del régimen imperial que no podía implicar nunca la plena marginación de los senadores.
Como el pueblo, los pretorianos y las legiones estaban satisfechos con Domiciano, al igual que los caballeros y parte del Senado, Nerva atendió con preferencia a aplacar las causas de que producían un descontento general con medidas muy tradicionales: congiarium a la plebe, donativum a los soldados, y los pretorianos que exigían la condena de los asesinos de Domiciano recibieron en recompensa la reposición de Casperio Eliano como prefecto.
Adoptó en el 97 d.C. a Trajano y le asoció al gobierno tras recibir Trajano el imperium maius y la potestas tribunicia.
El asesinato de Domiciano no pretendía el cambio de sistema de gobierno, sino simplemente eliminar una forma de ejercicio del poder imperial. Los senadores recuperaron su prestigio y volvieron los exiliados del destierro. Se hizo gran propaganda del retorno de la libertad.
Los problemas de la necesidad de tierras los resolvió con soluciones antiguas de época republicana. Hizo una lex agraria por la que el Estado compraba tierra para distribuirla posteriormente, aunque el poco tiempo de su reinado sólo permitió aplicarla parcialmente.
El programa de los alimenta se inicia con Nerva, y posteriormente sería ampliado y perfeccionado por Trajano. El Estado concedía préstamos de dinero a particulares a cambio de la hipoteca de una parte de sus tierras; los intereses anuales de estos préstamos servían para la manutención de niños y niñas de condición libre. Estas medidas pretendían sacar de la crisis a los agricultores de Italia, aunque conllevaban una cierta carga humanitaria, debido a la influencia del estoicismo.
Nerva muere en enero del 98 d.C. y le sucede Trajano, su sucesor indiscutible, lo que explica la gran fuerza del clan de senadores hispanos, el más numeroso y compacto.