El mundo helenístico - Las grandes transformaciones institucionales: monarquía, ciudad y liga
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15 de Febrero de 2006
Filosofía, Historia, Historia del arte, Pensamiento y política
2 - Las grandes transformaciones institucionales: monarquía, ciudad y liga
2.1 El ejército y el rey
Desde la reunión de Babilonia, a la muerte de Alejandro (323 a.C.), se puso de relieve el papel del ejército en el momento de nombrar al nuevo rey, contando con la opinión de los nobles de la caballería y la de los campesinos de la falange, aunque cada vez será más importante el papel de los ejércitos mercenarios.
El individuo que pretende acceder a los puestos de mando necesita la lealtad de un ejército, mientras que el ejército necesita la guía carismática de un dinasta que proporcione la victoria gracias a sus habilidades y conocimientos, pero también a ciertos poderes innatos o hereditarios. El triunfo garantiza la disciplina, y en ella se apoyan las formas de poder que terminan definiéndose como monárquicas (monarquía militar).
Junto a las formas monárquicas heredadas de la realeza macedónica o de los jefes griegos de ejércitos mercenarios, también van configurándose las aportaciones procedentes de las satrapías orientales, donde el poder se ejerce por aborígenes. Es curioso, sin embargo, que la reacción de las ciudades griegas venga encabezada por individuos que igualmente adoptan papeles dirigentes, en la línea de Demóstenes. Atenas estaría dirigida por Demetrio de Fálero, que desempeña un papel individual al servicio del rey para defender la posición de los partidarios de la oligarquía, o por Demetrio Poliorcetes, quien individualmente pretende conseguir la salvación del demos.
Antípatro aparece como el representante más extremado de la postura contraria al establecimiento de las dinastías salvadoras, basadas en el carisma de corte orientalizante, pero teme a su hijo Casandro, que pretende establecer una nueva dinastía en su propia persona, por ser hijo de su padre. Sin embargo, Diodoro le representa intentando organizar una dynasteia, poder personal que pretende no basarse en la basileia. Sería una forma específica de poder personal al margen de la realeza tradicional, basada en la solidaridad de la aristocracia.
Los diversos elementos van configurando nuevas formas de poder, a través de la intervención en las ciudades, que sirven para oscurecer los conflictos internos, unas veces represiva y otras con la máscara de la salvación del pueblo y de la liberación, lo que, unido a las victorias capaces de aumentar el prestigio personal del jefe, va acrecentando sus posibilidades reales de aspirar a cargos más altos. La capacidad de controlar al demos tiene la doble cara que constituye su eficacia, montada sobre la fuerza y las promesas de salvación.
2.2 Las monarquías helenísticas
En el mundo helenístico de los reinos, cada una de las monarquías tiende a marcar su propia especificidad, dentro de un mundo globalmente unitario. En un sistema que tiende a identificar al estado con el monarca, para crear un eje integrador de la nobleza, pueden considerarse diferencias importantes.
i) Monarquía en Macedonia
En Macedonia, a la muerte de Alejandro, existe un intento de recuperar la monarquía primitiva, basada en la asamblea militar. El proceso de helenización ha consistido fundamentalmente en la creación de ciudades integradas en el sistema económico esclavista, pero sin autonomía real en el ámbito político. Grecia se convirtió en el objetivo específico de los jefes militares, sobre todo de Antígono y Demetrio, lo que planteó problemas tanto de reacción como de aceptación.
Para Antígono y Demetrio, su papel de defensores del demos les permitió controlar la situación al tiempo que ganaban el apoyo popular para hacerse con el título de rey. Pirro favorece la helenización de Epiro, al tiempo que intenta controlar Grecia implantando el sistema monárquico. Éxitos y fracasos forman el amplio mosaico en que se aplica de modo variado el sistema general.
Todavía en Macedonia Antígono Dosón pretende gobernar como representante de la comunidad de los macedonios. Su situación se mantuvo en un difícil equilibrio entre las tradiciones macedónicas y las mutaciones en ciudades que los acogen como reyes evergéticos, capaces de beneficiar a sus poblaciones y de salvar a sus habitantes más desdichados.
ii) Monarquía lágida (Egipto)
Las transformaciones fueron más radicales en las monarquías que se superponen en los territorios orientales a sistemas monárquicos de mayor tradición despótica, como el caso de Egipto. Allí, la confluencia de un Alejandro, influido por la tradición de la realeza amónica, con un importante proceso de helenización, da el resultado híbrido representado por los Lágidas. La estructura social conserva su base apoyada en las grandes propiedades trabajadas por las masas de campesinos. La administración está en manos de los griegos, y por encima de éstos, el rey lágida ocupa posiciones propias de los antiguos faraones.
iii) Monarquía seleúcida (Siria)
Lo mismo ocurre con la monarquía seleúcida en Siria, donde los reyes heredan el sistema aqueménida y se convierten en propietarios de la mayor parte de las tierras, aunque las administran a través de los templos o de las ciudades. A ello se añade el control importante del comercio en las rutas orientales que conectan con zonas productoras de objetos de lujo. El rey se convierte en la mayor entidad económica.
iv) Monarquías minoritarias
El panorama se hace aún más variado si se tienen en cuenta las monarquías menores, capaces de mantener formas externas próximas a la de los Antigónidas, pero dominados por la tendencia a la expresión lujosa de la realeza que se manifiesta claramente en el famoso altar de Pérgamo.
2.3 La ciudad helenística
Junto con la integración de las ciudades griegas, los reyes helenísticos llevaron a cabo gran cantidad de fundaciones a través del sinecismo de comunidades previas, donde se unificaba y se organizaba, como en el caso sirio, o por medio de colonias.
Ciudades que tomaban el nombre del rey fundador (Alejandrías, Seleucias, Antioquías, Casandreas), ocupadas por clerucos, encargados de su defensa, gobernadas a través de un epistates, y a veces con guarniciones, aunque poseían magistrados y organismos colegiados que recibían órdenes de los reyes (prostágmata).
Internamente, las ciudades tienden a organizarse de modo oligárquico, aunque pretendía identificarse como democracia cierta autonomía en el orden interno. La libertad venía a traducirse como un modo elegante de aceptar las circunstancias impuestas. Las nuevas estructuras sociales se traducían, en el plano urbano, en que sólo permanecen en la ciudad los que disfrutan de la politeia (las clases poderosas), al tiempo que todos los demás quedan excluidos, convertidos en masas de campesinos tendentes a la dependencia.
Como residuo permanece una masa urbana, peligrosa, que las oligarquías quieren controlar con la presencia de los poderes regios.
i) Atenas
Atenas presenta una peculiaridad entre las ciudades griegas. Las tensiones entre el demos y la oligarquía se interfieren en la intervención de los reyes. La imposición de un censo, como en el caso de Antípatro, sirve para delimitar los derechos del demos, mientras que Poliperconte lo apoya, permitiendo la entrada a multitud de demóticos que estaban apartados de la politeia.
Los reyes se hacen populares gracias al nuevo desarrollo de la conquista, capaz de poner en cultivo nuevas tierras y de acelerar el intercambio con la apertura de nuevas vías para los tráficos de mercancías.
ii) Esparta
Esparta representa un caso también específico, aunque diferente. El fin del sistema hoplítico propició la concentración de propiedades, lo que permitió el desarrollo de la riqueza, pero también el aumento de la conflictividad. Los mismos reyes son los promotores de reformas tendentes a recuperar el sistema representado por las leyes de Licurgo. Agis IV y Cleómenes III intentaron controlar el Peloponeso, entrando en conflicto con la Liga Aquea.
La ciudad entra en una dinámica mimética en relación con los reinos, pues trata de evitar los conflictos promoviendo la conquista o el evergetismo de las grandes fortunas amasadas sobre las nuevas formas de explotación.
iii) Rodas
Ciudad controlada por una gran aristocracia reforzada por el poder naval, promotora de un gran lujo. La acumulación de riquezas permite el desarrollo del evergetismo, forma de redistribución de los productos del trabajo esclavo. Ello permite la concordia social entre los libres, en circunstancias internacionales que les permitían aprovecharse de las discordias para ganarse el apoyo a cambio de adhesiones circunstanciales, sobre todo con los Ptolomeos.
2.4 Las ligas helenísticas
La época de la historia griega de la ciudad estado se caracteriza, en la época final de crisis del siglo IV a.C., por las luchas entre esas mismas ciudades. Como mecanismos defensivos en el mundo de las ciudades se crean sistemas federales. Las monarquías revelaban su creciente capacidad para controlar la situación social y política.
Anteriormente, durante el período de las luchas entre las ciudades, la institución de la isopoliteia había servido de método defensivo contra ciudades más poderosas. Ahora se centra fundamentalmente en la defensa frente a las monarquías. El koinón recibe una nueva funcionalidad. Junto a la confederación existente en el mundo de las ciudades, también se habían reunido ya en época anterior clásica las comunidades que sólo habían llegado a definirse dentro de un ethnos.
Desde la época clásica existe la Liga Tesalia, que ahora se convierte en el órgano de penetración macedónico en Grecia. Las circunstancias favorecen la propensión de las clases dominantes a crear organizaciones más amplias capaces de controlar el mundo de la piratería y de garantizar la seguridad. Las ligas resultan de la solidaridad entre las clases dominantes de las ciudades tanto como de la necesidad de resistir a los poderes exteriores, que vienen, en otros casos, a ofrecer medios de resistencia para consolidar el poder de las mismas clases dominantes. Las ligas resultan, por tanto, un elemento heredado y nuevamente utilizado en la situación recientemente creada.
Las ligas desempeñaron un importante papel como factor en el origen de la transformación del mundo clásico en el mundo helenístico. Después de haber servido de órgano integrador de los griegos bajo el poder macedónico, la Liga de Corinto había servido como elemento de identificación de las tradiciones griegas bajo Demetrio Poliorcetes.
En el 224 a.C., Antígono organizaría la Liga Helénica, como una especie de Liga de Ligas. La Liga, como organización de entidades superiores a la ciudad, viene a ser representativa del proceso de aumento el trabajo esclavo, creador de mayores diferencias dentro de las mismas clases libres, factor de ruptura de la ciudad, que, si no se ve superado por el proceso de creación de los grandes reinos helenísticos, lo hace por el sistema de la organización de la Liga. La mayor separación entre las clases favorecerá la proliferación de los mercenarios, de la emigración y de las revueltas, factores favorables a la definición de grandes espacios políticos.
Junto a las ligas de las ciudades, importan aquellas que tienen como base las comunas de tipo cantonal, como la Liga Etolia, con centro en el templo de Apolo en Termo, donde se reúne la asamblea del pueblo en armas, como creadores de una sympoliteia.
Antes de la intervención macedónica, las Ligas Arcadia y Beocia habían desempeñado un importante papel en el proceso de sustitución del protagonismo de la polis. Ahora se suma la Liga Aquea, organización efectiva desde el 255 a.C., que desde la época de Arato de Sición había iniciado una política agresiva, actuando en favor de la liberación de Corinto y contra otras tiranías. El momento culminante de la Liga Aquea tuvo lugar en la época de Filopemen, cuando la Liga estableció la convocatoria de reuniones rotatorias con centro en Egión.
Cada ciudad, de todos modos, mantenía su independencia. En el año 217 a.C., la guerra social representó el enfrentamiento entre Macedonia y sus aliados, la Confederación Aquea y la Liga Etolia.
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