Existen muy pocas cosas en este mundo que puedan predecirse tan precisamente como el fin del Siglo Veinte. Esto ocurrirá exactamente a las 0 horas, 0 minutos, 0 segundos del Primero de Enero del año 2001; y contamos con definiciones convencionales suficientemente compartidas como para fijar nuestros relojes y cronómetros en cada una de las zonas de tiempo tan precisamente como se requiera para descorchar una botella de sidra o de champaña o para utilizar un contador sofisticado.
Pero hay un número sorprendentemente grande de gentes que piensan que el milenio terminará a la media noche del 31 de Diciembre de 1999. Cuando, por supuesto, entraremos al "año dos mil": pero todavía estaremos en el Siglo Veinte a lo largo de un año más. Conozco muchas personas brillantes y bien instruídas que les toma cierto tiempo adaptarse a esa noción. Se rascan sus cabezas y eventualmente, solamente medio convencidos, murmuran algo como
humm, puede ser que usted tenga razón, supongo que nunca hubo un Año Cero.
¿No es
estúpido?
De acuerdo a la definición de Cipolla, no lo es; porque es improbable que ocasione un daño mayor, y también podría motivarnos a refrescar nuestra aritmética, y podría también llevarnos a una doble celebración. Si eso no ocasiona demasiados accidentes, podría significar que la gente tenga doble diversión, que los comerciantes hagan el doble de dinero ... al final de cuentas, podría resultar muy inocuo, o aun "inteligente".
Pero ... hay un problema que puede afectarnos muy severamente al final del año 1999, y es el que se refiere a como se fijan los relojes en los sistemas computarizados.
He escuchado muchos comentarios bastante tontos sobre este tema. Tales como <<
ja ja ja, mi computadora Mac se ajustará al año 2000 y tu PC no lo hará>> - o <<
¿Porqué tanta alharaca? el reloj de mi computadora puede manejar el número 2000.>>
Parece casi imposible hacer que la gente se detenga y piense acerca de las implicaciones más amplias que las de su computadora personal. No quiero entrar en los detalles técnicos-- ese no es mi campo y se los dejo a los expertos. Aquí hay un
enlace a un análisis detallado de los "mitos y verdades" y varias opiniones diferentes sobre esta materia. Podría continuarse con el debate sin terminar; pero el tiempo se está acabando.
En cualquier caso, parece ser que existe mas que suficiene
software, tanto en sistemas computarizados enormes como en pequeños pero vitales artefactos, como para que constituyan un problema serio para muchos individuos que nada tienen que ver con las computadoras. Un amigo mío, que es un experto muy competente y brillante en EDP, dice: <<
Tu cafetera automática, tu reloj despertador y tu videograbadora probablemente no harán berrinches por las fechas; tu computadora personal podrá trabajar bien a través del cambio de siglo como está, con unos cuantos ajustes menores, pero, a pesar de las advertencias de la compañía OTIS, en algunos lugares del mundo usted debería ser cuidadoso cuando tome un elevador el día primero de Enero del año 2000.>>
No creo que nos estemos dirigiendo hacia el juicio final. Supongo que en el próximo par de años se encontrarán soluciones. Pero tan solo piense un poco sobre algo, en un solo sistema o pieza de equipo, que no sea arreglado o probado apropiadamente con anticipación; y suponga que es un control de tráfico aéreo, o un hospital, o la mira automatizada de cierta arma... ¿realmente podemos confiar de todas las personas implicadas, en todos los rincones del planeta, que harán sus tareas adecuadamente?
Tan grande o pequeño como pueda ser el problema... la estupidez estriba es su predicibilidad. El calendario Gregoriano fué establecido hace 415 años; mucho antes de que los artefactos modernos (electrónicos o de cualquier otra índole) fueran concebidos. ¿Como podría alguien, sin importar hace que tiempo, construir una computadora, pieza de software, o cualquier cosa que contuviera un programa de tiempo, hacerlo sin considerar que ciertamente se presentaría un problema si no tuviera la capacidad de manejar dígitos de años más allá del 99? A dos años de la fecha de vencimiento, todavía se continua dudando acerca de como desenrredar esta madeja.
Podríamos olvidarnos de la eletrónica y hablar de muchas otras cosas. Por ejemplo de las pensiones de jubilación. En mi país {Italia} los esquemas de pensión están controlados por el gobierno y son obligatorios. Hace algunas décadas era abundantemente claro que la población envejecería y crearía un serio problema. Nadie hizo algo al respecto. Muy al contrario, se hicieron muchas cosas que lo empeoraron: pensiones a temprana edad, favores especiales a personas que ni lo necesitaban ni lo merecian, etecétera. --en una escala monstruosamente grande. Y ahora se están peleando acerca de como arreglar el problema.
Y el medio ambiente, la explosión demográfica, el uso de la energía fósil ... la tonta, rigidez jerárquica de las organizaciones públicas y privadas (incluyendo a las escuelas) en un mundo de creciente turbulencia y complejidad... la "sociedad de la información", el mundo enlazado por redes informáticas, todos constituyendo potencialmente una poderosa herramienta para los sub-privilegiados, pero conducidos por los "gordos" en la dirección opuesta ...
Los ciegos están conduciendo a los ciegos, la estupidez está desatada en el mundo. Para cualquiera que nos mirara desde el espacio exterior, esto podría ser extremadamente divertido. Pero no sé por qué a mí no me hace reír.
Escribí un primer esbozo de este texto en octubre de 1997. Quedó “incompleto” durante cuatro años y medio. Me encontraba frente a un problema similar al que había afrontado Walter Pitkin cuando, en 1934, había publicado su “Introducción a la historia de la estupidez humana” (ver la
primera parte de “El poder de la estupidez”).
Cada vez que retomaba e trabajo había algún vistoso ejemplo de la estupidez del poder. En los sucesos cotidianos – o en alguna parte de la historia reciente o remota. El análisis de cada uno de esos ejemplos habría requerido el estudio de eventos complejos, graves o trágicos, o bien de fenómenos capaces de producir consecuencias desastrosas de las cuales nadie se ocupa de manera adecuada. Cosas demasiado complejas como para poder ser examinadas adecuadamente en un breve artículo. Así me convencí de que es mejor no dar ejemplos, ni hablar de casos específicos, sino limitarse a la teoría general. Que, espero, es clara y simple – aunque desafortunadamente no está en condiciones de proponer alguna solución específica.
La esencia de la estupidología es el intento de explicar por qué las cosas no funcionan – y en qué medida esto se debe a la estupidez humana, que es la causa de casi todos nuestros problemas. Y cuando la causa no es la estupidez, las consecuencias son mucho peores porque son estúpidas nuestras reacciones y nuestros intentos de solución.
Este análisis es esencialmente diagnóstico, no terapéutico. El concepto es que, si nos damos cuenta de cómo funciona la estupidez, podríamos controlar un poco mejor sus consecuencias. No podemos derrotarla del todo, porque es parte de la naturaleza humana. Pero sus efectos pueden ser menos graves si sabemos que existe, entendemos cómo funciona y, de este modo, no nos toma completamente por sorpresa.
Ya hemos hablado un poco de esto en la
primera y en la
segunda parte de “El poder de la estupidez”. (Como saben todos los estupidólogos, el tema es tan complejo que en breves comentarios se puede dar al respecto sólo algún apunte superficial. Si, como parece, he logrado ofrecer a los lectores algún pequeño acercamiento sobre el cual pensar... éste es el máximo resultado que podría esperar.)
La estupidez de cada ser humano es, en sí misma, un problema preocupante. Pero el cuadro cambia cuando se trata de la estupidez de personas que tienen “poder”: es decir posibilidades de control sobre el destino de otras personas.
Como en las primeras dos partes, seguiré basándome en la definición de estupidez, inteligencia, etcétera, según el método de Carlo Cipolla. Pero hay una diferencia sustancial cuando la relación no se establece “entre iguales”. Una persona, o un pequeño grupo de personas, puede influir sobre la vida y el bienestar de muchos. Esto cambia las relaciones de causa y efecto en el sistema.