El Próximo y Medio Oriente asiático - OCUPACIÓN DEL MEDIO: LA ESCASA DENSIDAD DEMOGRÁFICA
15 de Febrero de 2006
Historia, Pensamiento y política
La baja densidad media, de 27’5 hab/km2 (189 millones de personas en 7 millones de km2), está matizada por el desequilibrio en la ocupación territorial condicionado por la disponibilidad de agua. El carácter predominantemente agrario de estas sociedades las hace depender estrechamente del medio ambiente, pese a la reciente industrialización y terciarización.
La densidad media de poblamiento es baja, tanto la media global como la de cada país. Tan sólo hay excepciones en algunos pequeños países como Bahrein (806 hab/km2), Líbano (317), Israel (212) o Kuwait (112), y es menor en otros de medias dimensiones (Siria, con 61) o grandes (Turquía, con 68 hab/km2).
La distribución está relacionada con una ocupación tradicional del territorio basada en las disponibilidades de agua. Existe una coincidencia entre el mapa de precipitaciones y el de distribución de la población, desdibujada tan sólo por densos focos en los valles fluviales o por factores históricos. Las montañas favorecen una ocupación de los valles intramontanos o de las tierras próximas, fácilmente regables.
Estos hechos determinan una variación de las densidades demográficas, ya que la escasa ocupación de grandes territorios se acompaña de fuertes acumulaciones sobre oasis, grandes valles fluviales, llanuras costeras o valles de montaña.
Incluso existen fuertes densidades agrarias, pues la relación entre población rural y tierras cultivadas va desde los 450 hab/km2 cultivado en la República Democrática del Yemen y Arabia Saudí a los 50 en Israel, Jordania, Siria o los casos extremos de Kuwait y Omán.
Pese a ello, prevalece la imagen de un dominio árido escasamente poblado, poco aprovechado para la agricultura, en el que el nomadismo se convirtió en la actividad propia de los beduinos, los cuales todavía conservan su forma de vida.
Aproximadamente un 52% de la población es urbana, pues las sociedades de Oriente Próximo se configuraron históricamente como sociedades urbanas. Ciudades como Estambul, Ankara, Teherán, Bagdag, Damasco..., crecieron en los distintos imperios que se asentaron en estas tierras gracias al poder económico de la actividad comercial debido a su situación como encrucijada de rutas comerciales.
La importancia de la urbanización decayó con la de los imperios. Hoy, la imagen del Asia Suroccidental responde a una sociedad agraria, pese a tener sólo un 48% de población rural, pues conserva numerosos arcaísmos y rasgos tradicionales. Perviven el nomadismo, el aislamiento de aldeas y la escasa evolución social de los agricultores, aunque estos aspectos se han mitigado en las últimas décadas.
El nomadismo, practicado principalmente por los beduinos, afecta a una población entre 5-7% del total, destacando en Turquía, Irán y Arabia. La imagen tradicional del beduino está perdiendo fuerza frente a la modernización y sedentarización, dependiente de la explotación petrolera.
Los beduinos representan una sociedad tradicional ligada al medio ecológico, sobre amplios espacios y con una organización patriarcal. Su base económica es el pastoreo de camellos, cabras y ovejas, practicando a veces algún tipo de cultivo (sobre todo los seminómadas o trashumantes). También los beduinos se abastecen de bienes arrebatados a otras tribus o comunidades sedentarias.
Hoy día encuentran presiones para la sedentarización:
- Mayores oportunidades para le trabajo y mayor nivel de vida en las ciudades.
- Reducción de pastos por la expansión de otras actividades económicas.
- Presión de los gobiernos, que buscan el control del nomadismo.
La mayor parte de las comunidades rurales son sedentarias, en aldeas o pueblos de pequeñas dimensiones debido a imperativos del medio (escasez de agua), y a la necesidad de defensa colectiva frente a calamidades y hostilidades tribales.
La propiedad de la tierra ha sufrido cambios al o largo del tiempo:
- Hasta mediados del siglo XIX: la organización tribal introdujo un tipo de propiedad colectiva de la tierra al margen del derecho coránico, aunque entró en crisis desde mediados del pasado siglo.
- Finales del siglo XIX hasta mediados del XX: integración en el mercado internacional. La agricultura de mercado, comercial, sustituye a la de subsistencia. Los jefes de tribu y propietarios absentistas controlan grandes propiedades. Grave situación del campesinado.
- Desde mediados del siglo XX: los desequilibrios en la propiedad de la tierra intentaron corregirse mediante reformas agrarias, que abren nuevas etapas en Siria, Irak, Irán y Yemen del Sur, pero fracasan en Turquía, Jordania y ni son planteadas en Arabia Saudí, Omán o Yermen del Norte.
Esta sociedad rural, tras los cambios en su organización socioeconómica y su apertura al exterior, conserva todavía un comportamiento tradicional, aunque sometido a tensiones entre la tradición y la modernización económica y social que se reflejan en la demografía.
La introducción de medidas sanitarias producida por la modernización, que ha logrado reducir los índices de mortalidad, choca con la elevada mortalidad infantil. También son características las altas tasas de natalidad (en lenta disminución debido a la escasa modernización social), el analfabetismo, la baja esperanza de vida (60 años) y el papel marginal de la mujer, muy extremo en algunos casos.
El resultado de estos factores es un enorme crecimiento demográfico (una media del 2’9% anual), superior al promedio del mundo subdesarrollado. La escasez de tierras cultivables ha provocado una presión humana en el campo que se ha saldado con el éxodo rural hacia las ciudades, las cuales reciben las mayores inversiones, que a la vez atraen a un gran número de inmigrantes (en Kuwait la población extranjera supera a la indígena).
Las ganancias del petróleo han posibilitado una fuerte expansión económica, con polos de crecimiento industrial y urbano, si bien queda un largo camino de modernización, como lo demuestran las disfuncionalidades sociales, las elevadas tasas de analfabetismo y la corta esperanza de vida.
La explosión demográfica incide negativamente en el desarrollo económico, pues ha provocado un aumento de la presión sobre las escasa tierras cultivables y el éxodo rural, sin posibilidades de practicar una economía de escala.
La agricultura es la actividad económica donde menos ha llegado el desarrollo, y es muy heterogénea, desde el pastoreo nómada, pasando por la agricultura de subsistencia, hasta la agricultura comercial semimodernizada, integrada en los mercados nacional e internacional.
El sector agrario es la primera fuente de empleo, pero prácticamente no participa en el PNB, lo que refleja el escaso valor de las producciones agrarias y la pobreza del campesinado en unas estructuras productivas y sistemas agrarios poco evolucionados, pese a las transformaciones desde los años 50.
Las tierras cultivables sólo alcanzan el 9’6% del total como media, pero con grandes desequilibrios entre los países (36% en Turquía frente al 0'6% en Arabia Saudí). El regadío afecta tan sólo a la quinta parte de las tierras cultivadas, y aporta en torno al 7% de la producción agraria.
El regadío es indispensable, puesto que se necesitan 250 mm anuales de precipitación para tener la tierra en secano. Los sistemas utilizados son variados y antiguos, destacando el qanat (pequeño túnel subterráneo en pendiente).
El agua se distribuye en la tierra mediante inundación por gravedad en los valles de los grandes ríos, o bien por aspersión e incluso por goteo controlado por ordenador allí donde es más escasa.
El regadío, los fertilizantes químicos y la mecanización son indispensables para elevar los rendimientos, pero la producción es normalmente insuficiente, por lo que hay que recurrir a la importación.
Los cereales constituyen el cultivo básico (56% de las tierras labradas), sobre todo el trigo, pero con pobres rendimientos. También destacan otro cultivos de subsistencia (olivo, vid, palmera datilera, higuera, patata) y algún policultivo de subsistencia mezclados con cultivos comerciales (algodón, caña, tabaco).
Turquía constituye una excepción. Con condiciones ecológicas más favorables, es uno de los 10 primeros productores mundiales de trigo, e incluso sobran productos alimenticios (avellana), pero no se aprovechan por falta de una industria apropiada que los transforme.
Existen otros cultivos comerciales de importancia, como la palmera datilera en Chat-el-Arab, de grandes rendimientos, y el algodón en Siria, Irán, Israel y sobre todo en Turquía.
La ganadería es un complemento en este pobre panorama. Es básica para los nómadas y está muy extendida entre los agricultores sedentarios. Más que por su calidad (excepto en Afganistán), es importante por su cantidad, puesto que los rendimientos en leche y carne son muy pobres. Destacan las cabañas de ovino y caprino, por su adaptación a las condiciones ecológicas.
El ovino de Afganistán constituye una de sus escasas bases económicas. En Israel e Irak la ganadería aporta el 40% de la producción agraria, y alrededor de una tercera parte en Líbano y Jordania.
Las transformaciones más decisivas se refieren a la estructura de la propiedad y el régimen de tenencia de la tierra, siendo las más destacables las reformas agrarias y la expansión de las cooperativas, así como la modernización de las explotaciones.
El mundo rural está experimentando profundas transformaciones derivadas de:
- Iniciativas estatales: transformación de nuevos espacios en regadío (bordes del desierto Salado de Irán, península Arábiga, Irak y en Turquía). Estos planes están condicionados por las disponibilidades hídricas.
- Economía: las transformaciones vienen por la dinámica económica de estos países, con creciente industrialización que afecta a los centros urbanos.
Tras la Segunda Guerra Mundial la mayor parte de los terrenos pertenecían a unos pocos propietarios (en Irak el 2% de propietarios tenía el 68% de los cultivos, en Siria el 1% de propietarios tenía el 50% de los cultivos), que además practicaban un absentismo absoluto.
A esta desequilibrada estructura de la propiedad se le añadían caros arrendamientos (por los intermediarios) y desproporcionadas aparcerías (2/3 de la cosecha).
En esta situación surgieron las reformas agrarias como consecuencia de revoluciones políticas en Siria e Irak, y con carácter radical en Yemen del Sur. En Irán se llevó a cabo la “revolución blanca”, y apenas tuvieron eco en Turquía y Jordania. Los casos más destacables son los de Irán, Irak y Siria.
Reformas entre 1961-69, que establecieron techos de propiedad y obligó a los propietarios de varios pueblos a quedarse con uno sólo. También se favorecieron los arrendamientos a largo plazo y eliminar los abusos de la aparcería. Se favorecía también el acceso a la propiedad por los arrendatarios.
El gobierno del Sha buscó el apoyo de los campesinos frente a los estamentos religiosos. La reforma fue efectiva y benefició a la mitad de las familias rurales, pero a pesar del progreso y del encuadramiento en organismo cooperativos, el campesinado se vio impotente ante el liberalismo del mercado, la tecnocracia administrativa o los inconvenientes de la explosión demográfica (reducción de los regadíos).
La reforma se inició el mismo año que triunfaba la revolución (1958) para acabar con la oligarquía feudal, y se estableció tope en el tamaño de las explotaciones, lo que permitió la expropiación de 1’5 millones de Has., aunque su redistribución fue lenta y no afectó a la población rural en su globalidad.
La ley de 1958 limitó la propiedad y se posibilitó la distribución de tierras. Pero lo más interesante fue la organización cooperativa introducida para encauzar el comercio. El gobierno estimuló incluso las cooperativas de producción, aunque se imponen las de servicios.
Es un caso extremo de organización cooperativa. Se localizan sobre áreas de colonización o de frontera militar. Se tratan como pueblos de pequeñas dimensiones, con las tierras de propiedad estatal y el resto de bienes y servicios comunales.
Cumplen una función tanto productiva como militar (defensa de fronteras). Son siempre iniciativas estatales, sin olvidar aspectos como aumentar el regadío y embalsar aguas.
4.1 Ocupación laxa, con organización social tradicional: población en oasis o montañas
La densidad media de poblamiento es baja, tanto la media global como la de cada país. Tan sólo hay excepciones en algunos pequeños países como Bahrein (806 hab/km2), Líbano (317), Israel (212) o Kuwait (112), y es menor en otros de medias dimensiones (Siria, con 61) o grandes (Turquía, con 68 hab/km2).
La distribución está relacionada con una ocupación tradicional del territorio basada en las disponibilidades de agua. Existe una coincidencia entre el mapa de precipitaciones y el de distribución de la población, desdibujada tan sólo por densos focos en los valles fluviales o por factores históricos. Las montañas favorecen una ocupación de los valles intramontanos o de las tierras próximas, fácilmente regables.
Estos hechos determinan una variación de las densidades demográficas, ya que la escasa ocupación de grandes territorios se acompaña de fuertes acumulaciones sobre oasis, grandes valles fluviales, llanuras costeras o valles de montaña.
Incluso existen fuertes densidades agrarias, pues la relación entre población rural y tierras cultivadas va desde los 450 hab/km2 cultivado en la República Democrática del Yemen y Arabia Saudí a los 50 en Israel, Jordania, Siria o los casos extremos de Kuwait y Omán.
Pese a ello, prevalece la imagen de un dominio árido escasamente poblado, poco aprovechado para la agricultura, en el que el nomadismo se convirtió en la actividad propia de los beduinos, los cuales todavía conservan su forma de vida.
Þ Organización de la sociedad tradicional
Aproximadamente un 52% de la población es urbana, pues las sociedades de Oriente Próximo se configuraron históricamente como sociedades urbanas. Ciudades como Estambul, Ankara, Teherán, Bagdag, Damasco..., crecieron en los distintos imperios que se asentaron en estas tierras gracias al poder económico de la actividad comercial debido a su situación como encrucijada de rutas comerciales.
La importancia de la urbanización decayó con la de los imperios. Hoy, la imagen del Asia Suroccidental responde a una sociedad agraria, pese a tener sólo un 48% de población rural, pues conserva numerosos arcaísmos y rasgos tradicionales. Perviven el nomadismo, el aislamiento de aldeas y la escasa evolución social de los agricultores, aunque estos aspectos se han mitigado en las últimas décadas.
· Nomadismo
El nomadismo, practicado principalmente por los beduinos, afecta a una población entre 5-7% del total, destacando en Turquía, Irán y Arabia. La imagen tradicional del beduino está perdiendo fuerza frente a la modernización y sedentarización, dependiente de la explotación petrolera.
Los beduinos representan una sociedad tradicional ligada al medio ecológico, sobre amplios espacios y con una organización patriarcal. Su base económica es el pastoreo de camellos, cabras y ovejas, practicando a veces algún tipo de cultivo (sobre todo los seminómadas o trashumantes). También los beduinos se abastecen de bienes arrebatados a otras tribus o comunidades sedentarias.
Hoy día encuentran presiones para la sedentarización:
- Mayores oportunidades para le trabajo y mayor nivel de vida en las ciudades.
- Reducción de pastos por la expansión de otras actividades económicas.
- Presión de los gobiernos, que buscan el control del nomadismo.
· Comunidades sedentarias
La mayor parte de las comunidades rurales son sedentarias, en aldeas o pueblos de pequeñas dimensiones debido a imperativos del medio (escasez de agua), y a la necesidad de defensa colectiva frente a calamidades y hostilidades tribales.
La propiedad de la tierra ha sufrido cambios al o largo del tiempo:
- Hasta mediados del siglo XIX: la organización tribal introdujo un tipo de propiedad colectiva de la tierra al margen del derecho coránico, aunque entró en crisis desde mediados del pasado siglo.
- Finales del siglo XIX hasta mediados del XX: integración en el mercado internacional. La agricultura de mercado, comercial, sustituye a la de subsistencia. Los jefes de tribu y propietarios absentistas controlan grandes propiedades. Grave situación del campesinado.
- Desde mediados del siglo XX: los desequilibrios en la propiedad de la tierra intentaron corregirse mediante reformas agrarias, que abren nuevas etapas en Siria, Irak, Irán y Yemen del Sur, pero fracasan en Turquía, Jordania y ni son planteadas en Arabia Saudí, Omán o Yermen del Norte.
Esta sociedad rural, tras los cambios en su organización socioeconómica y su apertura al exterior, conserva todavía un comportamiento tradicional, aunque sometido a tensiones entre la tradición y la modernización económica y social que se reflejan en la demografía.
Þ Explosión demográfica y subdesarrollo, efectos contradictorios de la modernización
La introducción de medidas sanitarias producida por la modernización, que ha logrado reducir los índices de mortalidad, choca con la elevada mortalidad infantil. También son características las altas tasas de natalidad (en lenta disminución debido a la escasa modernización social), el analfabetismo, la baja esperanza de vida (60 años) y el papel marginal de la mujer, muy extremo en algunos casos.
El resultado de estos factores es un enorme crecimiento demográfico (una media del 2’9% anual), superior al promedio del mundo subdesarrollado. La escasez de tierras cultivables ha provocado una presión humana en el campo que se ha saldado con el éxodo rural hacia las ciudades, las cuales reciben las mayores inversiones, que a la vez atraen a un gran número de inmigrantes (en Kuwait la población extranjera supera a la indígena).
Las ganancias del petróleo han posibilitado una fuerte expansión económica, con polos de crecimiento industrial y urbano, si bien queda un largo camino de modernización, como lo demuestran las disfuncionalidades sociales, las elevadas tasas de analfabetismo y la corta esperanza de vida.
La explosión demográfica incide negativamente en el desarrollo económico, pues ha provocado un aumento de la presión sobre las escasa tierras cultivables y el éxodo rural, sin posibilidades de practicar una economía de escala.
La agricultura es la actividad económica donde menos ha llegado el desarrollo, y es muy heterogénea, desde el pastoreo nómada, pasando por la agricultura de subsistencia, hasta la agricultura comercial semimodernizada, integrada en los mercados nacional e internacional.
4.2 Organización rural, estructuras agrícolas disfuncionales
El sector agrario es la primera fuente de empleo, pero prácticamente no participa en el PNB, lo que refleja el escaso valor de las producciones agrarias y la pobreza del campesinado en unas estructuras productivas y sistemas agrarios poco evolucionados, pese a las transformaciones desde los años 50.
Þ Las estructuras productivas y los sistemas agrarios
Las tierras cultivables sólo alcanzan el 9’6% del total como media, pero con grandes desequilibrios entre los países (36% en Turquía frente al 0'6% en Arabia Saudí). El regadío afecta tan sólo a la quinta parte de las tierras cultivadas, y aporta en torno al 7% de la producción agraria.
El regadío es indispensable, puesto que se necesitan 250 mm anuales de precipitación para tener la tierra en secano. Los sistemas utilizados son variados y antiguos, destacando el qanat (pequeño túnel subterráneo en pendiente).
El agua se distribuye en la tierra mediante inundación por gravedad en los valles de los grandes ríos, o bien por aspersión e incluso por goteo controlado por ordenador allí donde es más escasa.
El regadío, los fertilizantes químicos y la mecanización son indispensables para elevar los rendimientos, pero la producción es normalmente insuficiente, por lo que hay que recurrir a la importación.
Los cereales constituyen el cultivo básico (56% de las tierras labradas), sobre todo el trigo, pero con pobres rendimientos. También destacan otro cultivos de subsistencia (olivo, vid, palmera datilera, higuera, patata) y algún policultivo de subsistencia mezclados con cultivos comerciales (algodón, caña, tabaco).
Turquía constituye una excepción. Con condiciones ecológicas más favorables, es uno de los 10 primeros productores mundiales de trigo, e incluso sobran productos alimenticios (avellana), pero no se aprovechan por falta de una industria apropiada que los transforme.
Existen otros cultivos comerciales de importancia, como la palmera datilera en Chat-el-Arab, de grandes rendimientos, y el algodón en Siria, Irán, Israel y sobre todo en Turquía.
La ganadería es un complemento en este pobre panorama. Es básica para los nómadas y está muy extendida entre los agricultores sedentarios. Más que por su calidad (excepto en Afganistán), es importante por su cantidad, puesto que los rendimientos en leche y carne son muy pobres. Destacan las cabañas de ovino y caprino, por su adaptación a las condiciones ecológicas.
El ovino de Afganistán constituye una de sus escasas bases económicas. En Israel e Irak la ganadería aporta el 40% de la producción agraria, y alrededor de una tercera parte en Líbano y Jordania.
Þ Transformaciones y progresos en la organización rural
Las transformaciones más decisivas se refieren a la estructura de la propiedad y el régimen de tenencia de la tierra, siendo las más destacables las reformas agrarias y la expansión de las cooperativas, así como la modernización de las explotaciones.
El mundo rural está experimentando profundas transformaciones derivadas de:
- Iniciativas estatales: transformación de nuevos espacios en regadío (bordes del desierto Salado de Irán, península Arábiga, Irak y en Turquía). Estos planes están condicionados por las disponibilidades hídricas.
- Economía: las transformaciones vienen por la dinámica económica de estos países, con creciente industrialización que afecta a los centros urbanos.
Tras la Segunda Guerra Mundial la mayor parte de los terrenos pertenecían a unos pocos propietarios (en Irak el 2% de propietarios tenía el 68% de los cultivos, en Siria el 1% de propietarios tenía el 50% de los cultivos), que además practicaban un absentismo absoluto.
A esta desequilibrada estructura de la propiedad se le añadían caros arrendamientos (por los intermediarios) y desproporcionadas aparcerías (2/3 de la cosecha).
En esta situación surgieron las reformas agrarias como consecuencia de revoluciones políticas en Siria e Irak, y con carácter radical en Yemen del Sur. En Irán se llevó a cabo la “revolución blanca”, y apenas tuvieron eco en Turquía y Jordania. Los casos más destacables son los de Irán, Irak y Siria.
· Irán
Reformas entre 1961-69, que establecieron techos de propiedad y obligó a los propietarios de varios pueblos a quedarse con uno sólo. También se favorecieron los arrendamientos a largo plazo y eliminar los abusos de la aparcería. Se favorecía también el acceso a la propiedad por los arrendatarios.
El gobierno del Sha buscó el apoyo de los campesinos frente a los estamentos religiosos. La reforma fue efectiva y benefició a la mitad de las familias rurales, pero a pesar del progreso y del encuadramiento en organismo cooperativos, el campesinado se vio impotente ante el liberalismo del mercado, la tecnocracia administrativa o los inconvenientes de la explosión demográfica (reducción de los regadíos).
· Irak
La reforma se inició el mismo año que triunfaba la revolución (1958) para acabar con la oligarquía feudal, y se estableció tope en el tamaño de las explotaciones, lo que permitió la expropiación de 1’5 millones de Has., aunque su redistribución fue lenta y no afectó a la población rural en su globalidad.
· Siria
La ley de 1958 limitó la propiedad y se posibilitó la distribución de tierras. Pero lo más interesante fue la organización cooperativa introducida para encauzar el comercio. El gobierno estimuló incluso las cooperativas de producción, aunque se imponen las de servicios.
· Cooperativas en Israel: los kibutzim
Es un caso extremo de organización cooperativa. Se localizan sobre áreas de colonización o de frontera militar. Se tratan como pueblos de pequeñas dimensiones, con las tierras de propiedad estatal y el resto de bienes y servicios comunales.
Cumplen una función tanto productiva como militar (defensa de fronteras). Son siempre iniciativas estatales, sin olvidar aspectos como aumentar el regadío y embalsar aguas.
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