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El sindicalismo - Los dos métodos: ¿lucha o conciliación?

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Curso gratis creado por Victor Griffuelhes. Extraido de: http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/griffuelhes/griffuelhes.html
28 de Febrero de 2006
Asociación y sindicatos

3 - Los dos métodos: ¿lucha o conciliación?

El obrero, naturalmente, quiere mejorar de situación. Mas, para conseguirlo, necesita agruparse a fin de obtener de su patrono las satisfacciones necesarias. Y como este último no se las concede de grado, el obrero se ve obligado a luchar. Esta lucha del trabajador debe ir dirigida contra el patrono; debe, aumentando el poder del obrero, tender a disminuir el privilegio del patrono. Hay ahí frente a frente dos adversarios irreductibles, que se combatirán hasta el momento en que los choques sucesivos hayan hecho desaparecer la causa de la lucha: la explotación y esclavización de los trabajadores.

Para nosotros, sindicalistas revolucionarios, la lucha se basa, no en sentimientos, sino en intereses y necesidades. Tal es la concepción que nos guía en nuestro movimiento. Estamos separados de los que, como los sindicalistas reformistas, quieren combinar los esfuerzos obreros y los esfuerzos patronales para garantizar ventajas comunes, que no pueden obtenerse sino a costa del consumidor y, por lo tanto, a costa del obrero, que también es consumidor. En nuestro medio social actual, el obrero produce porque necesita consumir; es decir que para poder calmar su hambre y satisfacer sus primeros apetitos, el trabajador tiene que producir.

Los sindicalistas revolucionarios planteamos la cuestión obrera del siguiente modo: luchar contra la clase patronal para obtener de ella, y en desventaja suya, cada vez más mejoras, encaminándonos hacia la supresión de la explotación. Para los sindicalistas reformistas, en contra de los cuales estamos, la cuestión obrera se plantea como sigue: agruparse para establecer una alianza con la clase patronal, que tenga por objeto demostrar la necesidad de que conceda algunas satisfacciones, sin mermar en lo más mínimo el privilegio patronal. ¡Esta última manera de proceder nos lleva muy lejos del fin que nos asignamos!

En efecto, veamos a qué tienden los esfuerzos de estos camaradas. El periódico de los amarillos nos lo enseña.

Hablando de un libro aparecido recientemente, titulado El obrero y prologado por un prudente consejero obrero, el periódico amarillo reproduce pasajes muy sugestivos que, naturalmente, aprueba con calor. He aquí lo que dice esta obra, patrocinada por el ministerio de Comercio:

La carrera de un obrero no se encierra entre las cuatro paredes del taller donde trabaja. Reclama ser un cambio de servicios, requiere buenos procedimientos, oficiosidades, abnegación con su patrono y sus camaradas. Exige de él, corazón, valor, buena voluntad.

Más lejos se lee:

Gustar del gozo allí donde realmente se encuentra, es decir en la dulce filosofía que sabe juzgar suficiente la dicha que se posee, esperando, si es posible, hacerla mayor.

Y luego:

Este librito es un amigo que desea ver a todos los hombres ocupados en el trabajo manual y al país lleno de la actividad de las hachas, de los martillos, de las limas, de los arados, trabajando en paz y prosperidad por la familia, la ciudad, la patria, la humanidad.

Se convendrá en que los comentarios son inútiles. Estos extractos bastan. ¡Ahora se comprenderá por qué los patronos se sienten tranquilos; por qué hay algunos que conceden ligeras mejoras y por qué resulta poco peligroso dar trabajo a obreros organizados! Pues la obra a que nos hemos referido se propone llevar a los jóvenes al sindicato. El periódico amarillo se da perfecta cuenta de que semejante enseñanza no se opone en nada a los intereses patronales, y concluye emitiendo una justa apreciación:

El autor ha sabido reunir en este pequeño volumen las enseñanzas y consejos que hacen de su obra el catecismo del trabajador.

Escuchemos también el final de un discurso del hombre que ha introducido la corrupción en los medios obreros. En Arras, ante el Congreso de higiene social, Millerand, el antiguo ministro de Comercio, terminó con las palabras siguientes:

En un momento en que tantos motivos de discordia nos asaltan, ¿no es hacer una obra buena y meritoria el tratar de fundar en la mejora de las condiciones de la vida humana, por la unión de los corazones y de las conciencias, la paz francesa?

Pero hay más: El Bulletin de I' Office du travail de Diciembre de 1903, resumiendo los trabajos del Consejo Superior del Trabajo, contiene una proposición de los señores Fontaine y Keufer sobre el plazo de despido, que fue adoptado por unanimidad:

Puesto que resulta, tanto de la encuesta hecha por el ministro de Comercio como de las observaciones particulares de cada uno, que el plazo de despido es una costumbre general y tradicional en materia de anulación de contrato de alquiler de servicio o de trabajo de duración indeterminada, se afirma: que esta costumbre se funda en el interés individual recíproco de los contratantes, en el interés colectivo de los grupos profesionales y en el interés general de las industrias y del comercio, y que responde a una necesidad de orden público y de paz social.

He aquí los documentos que nos suministran un instructor, un ministro socialista y una Asamblea que comprende a representantes de grupos obreros. Estos diversos textos tienden al mismo objeto: conciliar y unir elementos contrarios. La negación del derecho obrero es su resultado lógico.

A este trabajo en común y a esta alianza, oponemos nosotros la lucha, quizás menos ventajosa, y que desde luego ofrece menos provecho. A ese contacto permanente y regular, oponemos nosotros una agrupación autónoma. Damos, en una palabra, a la organización, el carácter provocado, no por nosotros, sino por las condiciones que el régimen capitalista impone a los trabajadores.

Estas condiciones, dictadas por la clase patronal, tienen el apoyo del Poder, que es su representante. Ahí están los hechos mostrando que el Estado favorece a los explotadores. Y como los hechos son indiscutibles y conocidos, basta con afirmar el carácter independiente que queremos dar a la acción obrera. Separado de la clase patronal y contra ella, fuera del gobierno y contra él, el movimiento sindical debe actuar y desarrollarse libremente.
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