El Librepensamiento beneficiará al obrero
El uso del librepensamiento beneficiará al obrero marcándole nuevos horizontes de libertad, justicia y equidad.
En las antiguas organizaciones sociales, desde el salvajismo, la barbarie, la esclavitud, la servidumbre, el salarismo y hasta la época actual del proletarismo, el asalariado ve con asombro, respeto y admiración al amo que le da mísero jornal por todo el gasto de sus energías.
El lujo desplegado constantemente por los capitalistas, deslumbra a los ingenuos e irrita a los conscientes.
Los conscientes tratan por medio de la ilustración, arrancarle la venda al obrero y decirle la frase de Rousseau: Todo el mundo nace libre y, sin embargo, por todas partes está encadenado.
¿Por qué está encadenado?
Por los vicios y egoísmos de los potentados.
Hay que desmoronar esos vicios, esos egoísmos y distribuir el dinero que se gasta en esas infamias, en mejorar la condición de los hermanos, dándole a cada quien según su trabajo.
Desde tiempos inmemoriales se ha considerado siempre al que está arriba como un ser superior.
Se ha considerado a los sacerdotes impostores, como representantes de un Dios; algo así como diputados de legislatura local.
¡Ay de aquél que trataba de fustigar las bajezas de aquellos magnates o superhombres, la cólera del cielo los anonadaría!
Pero la Revolución Francesa echó por tierra tales supercherías, decapitando a todo un Luis XVI Rey de Francia; al caer su soberana cabeza temblaron todos los tronos, los pueblos retrocedieron admirados de horror ante aquel sacrilegio de la majestad a quien se atribuía algo divino y creyeron que el mundo se iba a terminar, repitiéndose las siete plagas de Egipto de que nos habla la fábula sagrada.
Nada pasó; la revolución siguió su curso con mayores bríos y el mundo se dio cuenta de que todos moríamos y nacíamos iguales, estando encadenados únicamente en el intermedio, por las instituciones sociales.
Por eso los pueblos en sus decepciones, cambian y destruyen con frenesí los gobiernos, sin haber conseguido nunca romper las condiciones del trabajo, de la opresión y de la miseria que lo retienen en la degradación.
Los obreros deben buscar en el librepensamiento la manera de emanciparse, de otro modo su mente será envilecida por los fanatizadores, que buscan en el miedo de aquéllos, los óbolos para satisfacer sus estómagos de cerdos bien cebados.
Los clerizontes con sus embustes vuelven impotente a la humanidad y la dejan revolcándose en sus propios andrajos.
En todas las religiones hay jerarquías.
El librepensamiento no admite jerarquías.
El clero fomenta los despotismos, para tener siempre subordinados de quienes vivir.
Y así se ven bendiciones de a cuartilla, de a peseta, de tostón, de a peso y ... de lo que caiga.
El clero enseña al obrero que siempre tiene que ser humilde para ganar los bienes celestiales y lo acostumbra a ser esclavo.
En la fábrica sufrirá con resignación las injusticias del patrono, porque así lo manda la Iglesia.
En su lugar tendrá hambre y dolor, porque así lo manda la Iglesia.
El rebelarse sería pecado mortal, soberbia así lo manda la Iglesia.
Que el obrero se convenza, dando rienda suelta a su pensamiento, que no tiene ni regiones ni fronteras; de que puede llegar a ser tan rico como el que lo manda ahora; de que la fábrica, campo o taller, pueden con trabajo, solidaridad y honradez llegar a ser suyos y, en su escala ascendente, buscar el mejoramiento de sus hermanos, puesto que ha vivido su misma vida.
Lo vemos palpablemente: toda obra que desenmascare a los enemigos de la Humanidad, está prohibida por la Iglesia.
La Iglesia se diluye y los milagros no vienen para fortalecerla.
El capital para conservarse ha buscado por cómplice a la Iglesia.
-No quiero huelgas ni pretensiones que me arruinen -dice el patrono-, el obrero comienza a despertar, señor cura, quiere lo suyo ¿qué hago?
-Paciencia hermano, todo lo alcanzaremos con la bondad del que todo lo puede. Deme usted unos quinientos pesos para los primeros trabajos; construiré una escuela y a los obreros de su fábrica los haré hijos del Señor de la Buena Caña, les pondré su escapulario, los haré comulgar cada ocho días y en el púlpito les diré patéticamente que el demonio de la rebeldía se ha infiltrado en sus cuerpos; que lo que piden es un robo; que eso no es suyo, sino de las almas buenas que les dan trabajo; que se tiene que sufrir en esta vida para alcanzar la gloria y, aquí, suelto las campanas a vuelo, se dectúa la procesión, se canta el miserere, dejarán su limosna y al día siguiente le irán a pedir perdón.
Así vemos al clero trabajar infatigablemente con el obrero. Los frailes no trabajan de balde, detrás de ellos están los buitres, los capitalistas.
Emancípate, obrero, del fraile y serás fuerte; si tal cosa no hicieres, serás vejado.
Las Huelgas
Las huelgas cuando son parciales, resultan nefastas y, aun cuando dan resultados favorables, jamás compensan los sacrificios que cuestan.
Las huelgas cuando son generales, resultan imponentes, soberbias y benéficas.
La clase proletaria tiende a unirse, a sindicarse, para contener el impulso avasallador de todas las fuerzas sociales organizadas.
De aquí el nacimiento de los diferentes partidos obreros que buscan alivio de injusticias, por medio del reconocido refrán que dice: la unión da la fuerza, siendo fuerza lo que necesita el proletariado.
La huelga es la única arma y la única defensa del obrero.
Las huelgas con triunfo, dan fuerzas y valor al trabajador.
Las huelgas con derrota, dan hambres, tristezas y mayores dosis de esclavitud.
La Huelga General levantará al proletario.
La Huelga Parcial le sumirá en el abismo de la desesperación.
¡Qué hermoso espectáculo era el que presentaban los dos contendientes de la huelga minera en Inglaterra, estrechándose las manos, seguros cada uno del triunfo!
¡Qué triste espectáculo da en los países donde no hay unión, ni solidaridad, ni mutuo apoyo, el encuentro de las dos fuerzas contrarias! la unidad, el capitalista, feliz, paseándose por los salones donde el obrero deja su vida, seguro de su triunfo y en la perspectiva de una disminución del precio en el jornal del trabajador; y el trabajador, la mayoría, buscando recomendaciones o humillándose ante el patrón para que, aunque sea con menos salario, sea admitido de nueva cuenta en la fábrica o taller.
La Huelga General es un derecho incontrastable, es el alarido triunfal de los explotados.
La Huelga Parcial, es la manifestación rebelde de una organización raquítica e incompleta.
La psicología de los huelguistas parciales es la siguiente: primero las ilusiones, después la rebeldía y en seguida la sumisión.
Las Huelgas Parciales terminan casi siempre con la impotencia; el huelguista se encuentra solo, mientras que el patrono cuenta con el apoyo de los poderes públicos: magistratura, funciones, soldados, gendarmes, polizontes y dinero.
En estas huelgas, los obreros temen abano donar su hogar porque seguros están de ir a la derrota.
Las Huelgas Parciales son hechas por agitadores que buscan el medro o por necesidad rayan en la desesperación.
Ante las Huelgas Parciales se cierne, como ave nefanda, la burguesía con todo su cortejo de oprobiosos refinamientos.
Las Huelgas Parciales traen la desmoralización y hacen retardar la Huelga General.
Antes de ir a los resultados finales, debéis buscar la organización más perfecta que, sin duda, os dará el más completo de los triunfos.
La Huelga General para la Sociedad Capitalista, es lo desconocido, siempre temible, el adversario misterioso cuya fuerza se presume tanto mayor e irresistible, cuanto que no se ha tenido aún la ocasión de medirla.
Directores del proletariado: huid siempre de las huelgas, cuando éstas no presenten todas las seguridades de la victoria; es en bien de la mayoría y por ello en bien de la humanidad.
Los golpes que deba asestar el proletariado, deben ser de conquista en pro de los derechos lógicos; no hay que dejar tiempo al enemigo para que éste se reponga.
Si sobreponéis vuestra popularidad al resultado y vuestros mezquinos intereses a los intereses de la comunidad, tendréis entonces que llorar vuestro triunfo, como Escipión lo hizo ante las ruinas solitarias de la opulenta Cartago.
¡Viva la Huelga General!
La Confederación del Trabajo
Se entiende por Confederación, la alianza de varias sociedades o individuos que contribuyan al mismo fin.
Los trabajadores buscan en la Confederación del Trabajo un mejoramiento a su situación actual bajo bases sólidas, sin que tengan por eso necesidad de recurrir a la revolución, ni de suprimir la propiedad, el interés ni la desigualdad de las fortunas.
¿Cómo se organiza una Confederación del Trabajo?
Formando primero Sindicatos, pues la fuente del mal para que no se lleve a cabo tan grandioso problema, estriba en la displicencia de los artesanos de un mismo oficio para asociarse y reunirse en corporación o sindicato.
Cada sindicato estará protocolizado jurídicamente, tendrá sus estatutos, su reglamento interior y si fuese posible, su órgano de prensa.
Tendremos que, después de haber hecho una propaganda activísima por toda la República y después de haber encauzado la idea de la Confederación, el obrero disperso acudirá inmediatamente a inscribirse a su Sindicato respectivo. El Sindicato no se considerará formado tan sólo, por ejemplo, con la Liga Mexicana de Carpinteros o de canteros o de tejedores, ni otras sociedades completamente aisladas, sino que serán todos los carpinteros de la República los que integrarán el Sindicato de carpinteros; todos los canteros, el Sindicato de los mismos y así sucesivamente.
Estando en la mente de los organizadores la idea de que el centro de la Confederación resida en el Distrito Federal, vamos a tomarlo como base de nuestras operaciones. También tendremos como base para iniciar la organización a los Ferrocarrileros que, con los Mecánicos, son los mejor asociados.
Los ferrocarrileros establecerán en cada Estado su Comité Central que residirá en el ramal de mayor importancia, así como sus Comités locales.
El Comité Local se entenderá con el Comité Central, con su Delegado en el Congreso Ferrocarrilero.
Los ferrocarrileros han comenzado a trabajar en este asunto y, al efecto, aprobaron interinamente unos estatutos a fin de orientar a los Comités. Estos estatutos serán estudiados por los mismos y después, previas correcciones y modificaciones, serán aprobados en el Gran Congreso de Ferrocarrileros.
Los comités ya perfectamente organizados, nombrarán a sus representantes para que acudan al Congreso. En éste se tratará de unificar a todos los elementos del Ferrocarril para formar el Sindicato de Ferrocarrileros.
Si son 50 Comités, el Congreso permanente estará formado de 50 representantes.
Un Comité Local tiene dificultades y acude al Comité Central para que éste las arregle, viendo el Comité Central que por su mediación no consigue nada, da cuenta entonces, a su representante en el Congreso y éste avisa a la Mesa Directiva para que se convoque a sesión.
Ahí se tratarán y discutirán las dificultades del Comité Local y, si el resultado le es favorable, el Congreso enviará un ultimátum a los patrones de ese Comité, y si no obtuvieren contestación satisfactoria, entonces se acordará la huelga general en todas las divisiones, poniendo el Congreso telegramas a los Comités a fin de llevar a cabo el paro general.
Ventajas de la Confederación
Viendo los demás sindicatos las ventajas de la Asociación (véase el capítulo del Asociacionismo) acudirán a tener una alianza con los ferrocarrileros o sea a confederarse con ellos.
Los ferrocarrileros ayudarán al otro gremio a unificarse, ya sea facilitándole propagandistas o dinero.
Las huelgas serán acordadas por la Confederación del Trabajo, declarándose en huelga, no solamente el sindicato vejado, sino todos los sindicatos confederados.
De esta manera, los gobernantes podrán estar seguros de que, el obrero bien organizado, no servirá de escalón poniendo su cadáver para que asciendan por él zánganos y politicastros ambiciosos.
El público no sufrirá daños en sus intereses ni en su tranquilidad, pues se habrán acabado las huelgas parciales.
Y el obrero, el más interesado, mejorará en su situación económica y moral, siendo respetado y hasta temido por el patrono.
Obrero, compañero, ejercita la solidaridad en tu oficio y serás el elemento de concordia de amor y de paz, siendo tu único lema al bienestar por el trabajo, llevando así, la barca de tu patria hacia las costas de la civilización y del progreso.