En los años 70 la trayectoria y la naturaleza del emergente sistema global eran cada vez más aparentes; se trataba de un sistema movido por los beneficios y dominado por compañías multinacionales instaladas en naciones capitalistas avanzadas (ej. : Estados Unidos). Y mientras en los 60 aumentó la utilización mediática en lo que se llamó Tercer Mundo, había pocas razones para esperar que se redujera la disparidad en los medios entre ricos y pobres.
El ímpetu del debate sobre los medios globales llegó desde el Movimiento de Naciones No Alineadas (NAM), formado por más de noventa naciones miembro durante los años sesenta.
El NAM criticaba el flagrante desequilibrio cuantitativo entre Norte y Sur y la correspondiente desigualdad en recursos informativos. Una crítica fundamental giraba en torno al monopolio occidental de los servicios globales de noticias. Además, los medios globales trabajaban al servicio de las multinacionales y los publicistas, reforzando las desigualdades.
La campaña de los años 70 y 80 para un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NWICO) fue más un desafío retórico que una amenaza política contra la situación del global. Gran parte de la campaña era una operación de “limosneo”, al pedir a los medios occidentales que redujesen los beneficios de sus operaciones para invertir en las comunicaciones en el Tercer Mundo. El fracaso de la campaña fue notorio.
En vez de aumentar la implicación del Estado en los medios y las comunicaciones, las naciones desarrolladas sugirieron que los grupos como la UNESCO y el Banco Mundial deberían ocuparse de mejorar las infraestructuras del Tercer Mundo. El foro principal de debate de la NWICO fue la UNESCO, que en 1976 estableció la llamada McBride Commision para que estudiara las comunicaciones globales y propusiera soluciones.
Estas confusas generalidades y contradictorias peticiones poseían poca fuerza intelectual y no afectaron a Estados Unidos, a Inglaterra o a otras grandes potencias. Los medios occidentales organizaron un ataque agresivo y sin cuartel en los años 80 contra la NWICO y contra la propia UNESCO. Tanto Estados Unidos como Inglaterra se retiraron de la UNESCO en 1985 y los quebrantados dirigentes de la UNESCO se alejaron rápidamente de la retórica de la NWICO. La retirada de la UNESCO reflejó el debilitamiento del poder del Tercer Mundo, con muchas naciones demasiado preocupadas por su propia supervivencia y demasiado dependientes de gobiernos occidentales, del Banco Mundial y del Fondo Monetario, como para tomar decisiones hostiles a los intereses dominantes globales.