Estudio sobre el Catolicismo - Apéndice 2: Una Invitación
31 de Marzo de 2005
Religión
Este libro no fue escrito para atacar o criticar al pueblo católico. Mi esposa y yo
nacimos y crecimos en hogares católicos; por tanto, comprendemos lo que
piensa y siente el católico romano común respecto a su religión.
Hubo dos razones que me motivaron a escribir este libro. Primero, mostrar que
el catolicismo romano no es bíblico. Es una religión con tradiciones de hombres
que violan las Escrituras a cada momento.
Segundo, deseo que usted experimente la libertad y la paz que mi esposa y yo
encontramos, esto es, cuando al poner nuestra esperanza de salvación sólo en
Jesucristo, rompimos las cadenas que nos ataban a la Iglesia Católica.
Miles de personas que antes fueron católicas han experimentado esta misma
libertad y paz.
Nací y crecí en la religión católica romana. Fui bautizado, y cumplí con los
sacramentos de la Primera Comunión y Confirmación. Durante mis años
escolares, asistía semanalmente a las clases de instrucción religiosa y, cada
domingo iba a misa. Confesaba mis pecados a un sacerdote y comulgaba
regularmente.
A los 18 años ingresé a la armada de los Estados Unidos, y así dejé mi hogar y
la Iglesia Católica. Mientras hacía el servicio militar, un amigo me invitó a una
iglesia que no era católica. Aunque al principio me resistí, decidí ir sólo una
vez.
Nunca me olvidaré de ese primer servicio relig ioso. Cuando el pastor
predicaba, parecía que se dirigía a mí. Al terminar su sermón, invitó a que
pasaran adelante quienes deseaban arrepentirse de sus pecados y tener la
salvación eterna.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Sabía que algo poderoso estaba
sucediendo. Sin embargo, me quedé inmóvil en mi asiento.
Esa mañana el pastor terminó el servicio con las siguientes palabras: "Creo que
hoy alguien dijo no a Jesucristo. Mi oración es que usted no muera antes de
que tenga otra oportunidad para recibirlo como Salvador. De lo contrario,
pasará la eternidad separado de Dios". Yo sabía que se refería a mí.
Después de unos segundos, los latidos de mi corazón se calmaron. Sabía que
Dios me había hablado, y le había dicho no:
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la
puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo".
Apocalipsis 3:20
Unos días después, mi amigo me invitó para ir al siguiente servicio de la iglesia.
Cuánto deseaba que llegara el domingo. El pastor predicó, y cuando estaba
terminando su sermón, nuevamente mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Cuando el pastor hizo la invitación, salté de mi asiento.
Un joven abrió su Biblia y me mostró cómo podía recibir el regalo de la vida
eterna. Leyó varios versículos para mostrarme que todos somos pecadores y
necesitamos un Salvador. Me explicó cómo Jesucristo pagó en la cruz el precio
completo por nuestros pecados.
Me dijo que podía arrepentirme de mis pecados y pedir, por fe, que Jesucristo
viniera a mi corazón y fuera mi Señor y Salvador personal.
Con mis propias palabras reconocí ante Dios que era pecador y que merecía el
infierno, pero que deseaba ir al cielo. Entonces invité a Jesucristo para que
entrara a mi corazón y me salvara.
No puedo explicar lo que sentí en esos momentos, pero parecía que habían
quitado un peso enorme de mis hombros. Al instante supe que ya era libre.
También supe que Cristo había venido a mi corazón y que me había hecho una
nueva persona. Una vida de buenas obras nunca habría logrado el milagro que
sucedió en esos momentos.
Eso ocurrió hace más de 20 años, y aunque muchas veces fui infiel al Señor, El
nunca fue infiel ni me abandonó. Hoy El es más real y más precioso para mí
que nunca antes. No cambiaría mi lugar con nadie ni renunciaría a Jesucristo
por nada de lo que este mundo pueda ofrecer.
Amigo católico, la misma libertad y gozo están a su alcance. Hoy mismo usted
puede recibir a Cristo como su Salvador. Ya ha leído la verdad y ahora puede
ser hecho libre:
"Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres".
Juan 8:32
La maravillosa bondad de Dios lo está dirigiendo al arrepentimiento y salvación:
"¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y
longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?"
Romanos 2:4
Dios quiere que usted sea salvo hoy:
"He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación".
2 Corintios 6:2
Si desea ser hijo de Dios, incline su cabeza y hable a Dios de todo corazón. En
sus propias palabras haga una oración como esta:
"Señor Jesús, reconozco que soy pecador. Me arrepiento de todos mis
pecados, y te pido que vengas a mi corazón y me salves.
Me arrepiento de haber confiado en una religión falsa que exige buenas
obras para ganar la salvación. Sé que Tú pagaste en la cruz el precio por
todos mis pecados. Rechazo las enseñanzas del catolicismo y pongo toda
mi confianza sólo en ti.
De hoy en adelante, tu Palabra será la autoridad final en mi vida, y no las
tradiciones de la Iglesia Católica.
Gracias, Señor, por salvarme y por darme el regalo de la vida eterna. En
el nombre de Jesús. Amén".
Si usted ha dicho una oración similar a esta de todo corazón, la promesa de la
Palabra de Dios es que usted ya es hijo y miembro de la familia de Dios:
"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio
potestad de ser hechos hijos de Dios".
Juan 1:12
Amigo, este libro fue escrito para que usted pudiera conocer y ser convencido
por Dios acerca de la verdad de este mensaje. Reciba el regalo de la vida
eterna. Solamente así experimentará el gozo y la paz de saber que sus
pecados son perdonados.
Mi oración tiene dos propósitos:
? Primero, que comience una relación personal con Dios y experimente la
verdadera libertad que sólo Cristo puede dar.
? Segundo, que sea liberado de las ataduras de la Iglesia Católica.
Este libro no fue escrito para criticarlo, sino para guiarlo a estas verdades
maravillosas. Que Dios le bendiga al iniciar su nueva vida en El:
"Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre
de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación".
Santiago 1:17
nacimos y crecimos en hogares católicos; por tanto, comprendemos lo que
piensa y siente el católico romano común respecto a su religión.
Hubo dos razones que me motivaron a escribir este libro. Primero, mostrar que
el catolicismo romano no es bíblico. Es una religión con tradiciones de hombres
que violan las Escrituras a cada momento.
Segundo, deseo que usted experimente la libertad y la paz que mi esposa y yo
encontramos, esto es, cuando al poner nuestra esperanza de salvación sólo en
Jesucristo, rompimos las cadenas que nos ataban a la Iglesia Católica.
Miles de personas que antes fueron católicas han experimentado esta misma
libertad y paz.
Nací y crecí en la religión católica romana. Fui bautizado, y cumplí con los
sacramentos de la Primera Comunión y Confirmación. Durante mis años
escolares, asistía semanalmente a las clases de instrucción religiosa y, cada
domingo iba a misa. Confesaba mis pecados a un sacerdote y comulgaba
regularmente.
A los 18 años ingresé a la armada de los Estados Unidos, y así dejé mi hogar y
la Iglesia Católica. Mientras hacía el servicio militar, un amigo me invitó a una
iglesia que no era católica. Aunque al principio me resistí, decidí ir sólo una
vez.
Nunca me olvidaré de ese primer servicio relig ioso. Cuando el pastor
predicaba, parecía que se dirigía a mí. Al terminar su sermón, invitó a que
pasaran adelante quienes deseaban arrepentirse de sus pecados y tener la
salvación eterna.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Sabía que algo poderoso estaba
sucediendo. Sin embargo, me quedé inmóvil en mi asiento.
Esa mañana el pastor terminó el servicio con las siguientes palabras: "Creo que
hoy alguien dijo no a Jesucristo. Mi oración es que usted no muera antes de
que tenga otra oportunidad para recibirlo como Salvador. De lo contrario,
pasará la eternidad separado de Dios". Yo sabía que se refería a mí.
Después de unos segundos, los latidos de mi corazón se calmaron. Sabía que
Dios me había hablado, y le había dicho no:
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la
puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo".
Apocalipsis 3:20
Unos días después, mi amigo me invitó para ir al siguiente servicio de la iglesia.
Cuánto deseaba que llegara el domingo. El pastor predicó, y cuando estaba
terminando su sermón, nuevamente mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Cuando el pastor hizo la invitación, salté de mi asiento.
Un joven abrió su Biblia y me mostró cómo podía recibir el regalo de la vida
eterna. Leyó varios versículos para mostrarme que todos somos pecadores y
necesitamos un Salvador. Me explicó cómo Jesucristo pagó en la cruz el precio
completo por nuestros pecados.
Me dijo que podía arrepentirme de mis pecados y pedir, por fe, que Jesucristo
viniera a mi corazón y fuera mi Señor y Salvador personal.
Con mis propias palabras reconocí ante Dios que era pecador y que merecía el
infierno, pero que deseaba ir al cielo. Entonces invité a Jesucristo para que
entrara a mi corazón y me salvara.
No puedo explicar lo que sentí en esos momentos, pero parecía que habían
quitado un peso enorme de mis hombros. Al instante supe que ya era libre.
También supe que Cristo había venido a mi corazón y que me había hecho una
nueva persona. Una vida de buenas obras nunca habría logrado el milagro que
sucedió en esos momentos.
Eso ocurrió hace más de 20 años, y aunque muchas veces fui infiel al Señor, El
nunca fue infiel ni me abandonó. Hoy El es más real y más precioso para mí
que nunca antes. No cambiaría mi lugar con nadie ni renunciaría a Jesucristo
por nada de lo que este mundo pueda ofrecer.
Amigo católico, la misma libertad y gozo están a su alcance. Hoy mismo usted
puede recibir a Cristo como su Salvador. Ya ha leído la verdad y ahora puede
ser hecho libre:
"Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres".
Juan 8:32
La maravillosa bondad de Dios lo está dirigiendo al arrepentimiento y salvación:
"¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y
longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?"
Romanos 2:4
Dios quiere que usted sea salvo hoy:
"He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación".
2 Corintios 6:2
Si desea ser hijo de Dios, incline su cabeza y hable a Dios de todo corazón. En
sus propias palabras haga una oración como esta:
"Señor Jesús, reconozco que soy pecador. Me arrepiento de todos mis
pecados, y te pido que vengas a mi corazón y me salves.
Me arrepiento de haber confiado en una religión falsa que exige buenas
obras para ganar la salvación. Sé que Tú pagaste en la cruz el precio por
todos mis pecados. Rechazo las enseñanzas del catolicismo y pongo toda
mi confianza sólo en ti.
De hoy en adelante, tu Palabra será la autoridad final en mi vida, y no las
tradiciones de la Iglesia Católica.
Gracias, Señor, por salvarme y por darme el regalo de la vida eterna. En
el nombre de Jesús. Amén".
Si usted ha dicho una oración similar a esta de todo corazón, la promesa de la
Palabra de Dios es que usted ya es hijo y miembro de la familia de Dios:
"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio
potestad de ser hechos hijos de Dios".
Juan 1:12
Amigo, este libro fue escrito para que usted pudiera conocer y ser convencido
por Dios acerca de la verdad de este mensaje. Reciba el regalo de la vida
eterna. Solamente así experimentará el gozo y la paz de saber que sus
pecados son perdonados.
Mi oración tiene dos propósitos:
? Primero, que comience una relación personal con Dios y experimente la
verdadera libertad que sólo Cristo puede dar.
? Segundo, que sea liberado de las ataduras de la Iglesia Católica.
Este libro no fue escrito para criticarlo, sino para guiarlo a estas verdades
maravillosas. Que Dios le bendiga al iniciar su nueva vida en El:
"Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre
de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación".
Santiago 1:17
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