El Catecismo exhorta a los católicos a orar a quienes, debido a sus buenas
obras, han sido declarados "santos" por la iglesia:
"Los testigos que nos han precedido en el Reino, especialmente los que
la Iglesia reconoce como 'santos', participan en la tradición viva de la
oración, por el testimonio de sus vidas... Contemplan a Dios, lo alaban y
no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra... Su
intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos
rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero" (p. 732,
#2683; véase también pp. 277-278, #956).
Debemos comenzar este capítulo definiendo el término "santo". El catolicismo
enseña que un santo es una persona que pertenece a un grupo selecto y
reducido, a quien, por sus buenas obras durante su vida, se le declara santa
después de su muerte:
"Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que
esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la
fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de
santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles
proponiendo a los santos como modelos e intercesores" (p. 244, #828).
De acuerdo con las Escrituras, sin embargo, todo aquel que nace de nuevo por
fe en Cristo, es santo. Pablo escribió a los santos (cristianos) de Roma:
"A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos:
Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo".
Romanos 1:7
Muchos otros versículos expresan la misma verdad:
"A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue
dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las
inescrutables riquezas de Cristo".
Efesios 3:8
"He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares".
Judas 14
"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros,
evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los
santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de
Cristo".
Efesios 4:11-12
(Véase también Hechos 9:13, 32, 41; 26:10; Romanos 8:27; 12:13; 15:25-26,
31; 16:2, 15; 1 Corintios 6:1; 2 Corintios 1:1; Efesios 1:1, y muchos otros
versículos del Nuevo Testamento).
¿Por qué necesitan esta doctrina?
En resumen, esto es lo que sucedió. El catolicismo descartó la definición bíblica
de "santo" y creó una nueva. Luego, instruyó a sus miembros que dirigieran sus
oraciones a estos "santos" no bíblicos.
La pregunta es, ¿por qué tienen que orar a otra persona, cuando el Dios del
universo está en el cielo esperando oír oraciones para darles respuesta?
¿Son intercesores los "santos"?
Supuestamente los llamados "santos" interceden ante el Padre por nosotros.
Pero ya hemos visto que Jesucristo es nuestro único intercesor. Por tanto,
sugerir lo contrario es sólo una tradición de hombres. Veamos otra cita
interesante del Catecismo respecto a los santos:
"En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en camino nos
lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a
Cristo" (p. 278, #957).
Según la Iglesia Católica, orar a los santos acerca a las personas a Cristo. Sin
embargo, usted tampoco encontrará esta doctrina en la Biblia. Es otra tradición
de hombres que ni Jesús ni la Biblia han enseñado jamás.
De hecho, la práctica de tener comunión con los muertos se asemeja
peligrosamente a la nigromancia, otra práctica severamente condenada en la
Biblia (véase Deuteronomio 18:10-12).
Conclusión
La pregunta que usted debe responder aquí es: ¿Por qué la Iglesia Católica
prefiere que sus miembros oren a personas muertas, en vez de dirigirse al Dios
vivo y omnipotente que contesta las oraciones?
Tenga en cuenta que si estas tradiciones de hombres no son verdad, entonces
todas las oraciones que usted pueda dirigir a los "santos" son sólo palabras
inútiles.
Si usted ora a Dios, sin embargo, puede reclamar muchas promesas bíblicas
maravillosas:
"Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar
misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro".
Hebreos 4:16