...no tenía un día de reposo en el mundo gentil.
Este artículo no habla de la situación en que se encontraba la Iglesia de Dios en Jerusalén, sino a las Iglesias ubicadas en los territorios de los gentiles. En estos últimos, cuando la Iglesia era joven ella no tenía la ventaja de tener un día oficial reconocido por el gobierno como un día de reposo. Nosotros que vivimos en un país donde de una forma u otra el cristianismo es practicado, casi nunca pensamos en la bendición que nos ha sido tener un día libre para tener nuestras asambleas.
Para un cristiano, nacido en un país cristiano, una de sus primeras experiencias es el de observar un día de la semana como un día especial religioso. Un día que se distingue de los demás porque casi todas las tiendas se cierran y casi todos los trabajadores descansan. La religión y el domingo nos están, por hábito, ligados. El dejar de observar el domingo en forma religiosa es considerada como una señal de la falta de entrega por parte del cristiano. Nos es difícil pensar que una persona así sea un buen cristiano. Pero si queremos en verdad tener una perspectiva correcta de la vida de la Iglesia primitiva en una ciudad gentil, entonces tenemos que considerar algunos datos.
El sistema de tiempo el de dividir los días del mes en semanas de siete, era conocido y observado en las sociedades griegas y romanas durante la era cristiana. Pero ninguno de los siete días era observado como un día especial. Ninguno era un día religioso y ninguno fue considerado como un día de reposo tampoco. Los días festivos caían en ciertas fechas del mes. Así la gente descansaba, no en un mismo día de la semana, sino en unos días especiales durante el mes, reconocidos como los días de festejar a algún dios pagano.
Por el otro lado, los inmigrantes judíos mantenían su costumbre de descansar durante el séptimo día, de cada semana. Esta costumbre los distinguía del resto de la sociedad. Ellos usaban este día para asistir a las asambleas en alguna sinagoga. Los apóstoles cristianos se aprovecharon de esto, yéndose a las sinagogas para predicar su mensaje a los judíos (Hechos 13:14,42,44; 17:2; 18:4; 16:13).
Aunque los apóstoles usaban ésta oportunidad para la propagación del evangelio, ellos no incluían la observación del séptimo día como parte de su mensaje a los gentiles. Después de dejar Pablo a las Iglesias de Galacia, ellos empezaron a observar ciertos días, meses, estaciones y años. Para el apóstol esto significaba un decaimiento espiritual. Les preguntó como era posible volverse a las costumbres que habían dejado y ponerse bajo un yugo (Gál. 4:9ss).
Por el otro lado, la división de la semana en siete días fue aceptado como una cosa normal por todos (1Cor.16:2). También vemos que es evidente que el primer día tenía un significado especial (Hechos 20:7). Pero el primer día de la semana no fue observado como un día de descanso ni por los cristianos, ni por sus vecinos paganos. Las actividades comerciales seguían como en cualquier otro día. Si en algún domingo se dejaba de trabajar era porque ese día caía en una fecha del mes en el que practicaban una fiesta dedicada a un dios pagano. En el primer día de cada semana los cristianos trabajaban y también encontraban tiempo para reunirse para partir el pan y orar juntos. Ni tampoco consideraron que un día de reposo era parte de su mensaje. A pesar de esto las Iglesias cristianas eran muy activas y crecían en una época de la historia cuando no gozaban de un día de reposo como nosotros los cristianos modernos.
Después del año 321 d. Esta posición fue alterada. Después de su conversión, Constantino decretó un cese general de las labores en todos los pueblos bajo su control, durante “el venerable día del sol”. Nosotros los evangélicos modernos somos herederos de dos distintas líneas de tradición. Una pone mucha importancia en guardar un día y la otra contradice esta práctica. Primero, somos influenciados por los puritanos Ingleses. Ellos se destacaban por guardar el día domingo en una manera muy rígida. A diferencia de los reformadores que vivieron antes, los puritanos llamaban al domingo “el Sábado Cristiano” y “el día del Señor”. Este último nombre fue tomado del primer capítulo de Apocalipsis. Ellos querían hacer una ley de que todos los ciudadanos, cristianos o no, observaran este día.
En el año 1595 Nicolás Bownd escribió un libro llamado “La Verdadera Doctrina del Día de Reposo”. En su obra este autor traspasa al domingo todas las leyes y reglas que observaban los Israelitas en el séptimo día. Bownd demandó que el gobierno Inglés obligara a los ciudadanos a observar el día bajo estas condiciones. Durante el siguiente siglo más de cien libros fueron escritos con la misma actitud de Bownd. Esta posición tan fanática gradualmente disminuyó al terminarse la era puritana.
La segunda tradición nos viene de tiempos más recientes. En realidad duró tan poco tiempo que no debemos considerarla como una tradición. Surgió de un interés moderno en la vida y las enseñanzas de Cristo. Casi toda referencia por Cristo al día de reposo incluye una crítica a la manera de observarlo por la gente de aquellos días. Una de las acusaciones en contra de Cristo hechas por los incrédulos era que Él pecaba contra el día. Quisiera llamarles la atención al hecho de que sería imposible tener esta reputación, cuando uno observa el día tal y como los puritanos quieren hacernos creer que Cristo así lo observaba. Al contrario, Jesús exaltó la vida espiritual o interior, y minimizó la física y externa. Es difícil entonces atribuir a un día más santidad que a otro. Los cristianos que provienen de países paganos encuentran difícil entender como el cristianismo puede ser tan atado a la tradición sabática.
Algunos guardan el domingo como un día de descanso porque piensan que el hombre necesita por lo menos un día de cada siete para reponer sus fuerzas físicas. Pero en cuanto a los aspectos religiosos del día, el cristiano no puede imponer una ley sobre la conciencia de otros. El “profanar el sábado” no tiene un lugar en la lista de pecados que un cristiano puede cometer. Pertenece más bien a la lista judía, la cual ha sido nulificada por la obra de Cristo y ahora es obsoleta.