Con algo menos del 2% de la superficie del globo, la Comunidad Europea contaba en 1992 con 346 millones de habitantes, lo que equivalía al 6,2% de la población mundial. Sin embargo, a pesar de ser una de las áreas más densamente pobladas del planeta y la primera del mundo desarrollado, su participación en el contexto mundial es cada vez menor.
2.1 Estabilidad demográfica: envejecimiento
Tras un acelerado crecimiento demográfico en el siglo XIX, paralelo a la Revolución Industrial, el comportamiento demográfico europeo del presente siglo se caracteriza por una tendencia al estancamiento.
Los factores que explican el acusado descenso de fecundidad son múltiples:
- Sociológicos: aumento del trabajo femenino, aborto y medidas anticonceptivas.
- El carácter preferentemente urbano de la población.
A la reducción de tasas de natalidad se une, a partir de los años 70, la estabilización de las tasas de mortalidad y en consecuencia el descenso del crecimiento natural en todos los países comunitarios. Sin embargo, el comportamiento en todos los países no es semejante: los estados periféricos iniciaron la transición demográfica posteriormente a los del norte, alcanzando saldos vegetativos más elevados, sin embargo a partir de los años 90 se observa una inflexión en esa tendencia.
El estancamiento demográfico se ha visto frenado en muchos países comunitarios por el aporte migratorio aunque de nuevo en 1991 vuelve a decrecer.
Por todo ello la estructura por edades de la población comunitaria refleja un predominio cada vez mayor de la población adulta, característico de los países desarrollados, aunque también hay diferencias entre los países mediterráneos y los del centro y norte de la comunidad.
En definitiva, cabe distinguir una Europa Occidental y Nórdica, con una estructura por edades más madura y una Europa periférica (Irlanda y Países Mediterráneos), mucho más joven pero con clara tendencia al envejecimiento.
2.2 Desigual distribución: concentración
Con una superficie de 2.368 millones de km2 y 346 millones de habitantes, la densidad media de la Europa de los Doce es de 145,7 hab/km2. Sin embargo, no presenta una distribución uniforme.
Lo esencial de la distribución se relaciona con la fuerte concentración de las actividades industriales y comerciales mientras que los vacíos demográficos corresponden a sectores agrícolas y montañosos de la comunidad.
Uno de los rasgos más característicos de esta población es su movilidad espacial. A partir de los 50 se produjo un gran fenómeno migratorio desde las regiones meridionales a las más desarrolladas del norte, que se redujo a partir de la crisis del petróleo en 1973. Respecto a la inmigración extra CE destaca el constante aumento de la presión ejercida por los países del Magreb y la Europa del Este.
Esto agrava una situación ya establecida al concentrarse en las zonas más urbanizadas y congestionadas del espacio comunitario.
Por otra parte, el éxodo rural masivo desde el s. XIX ha motivado el espectacular crecimiento de la población urbana. La progresiva urbanización del mundo rural es uno de los fenómenos más representativos de toda sociedad postindustrial.
Se pueden distinguir una serie de polos demográficos:
- Las áreas industriales, bien para explotación de recursos naturales (Pasillo hullero franco-belga, Midlands, etc.) o las de creciente industrialización (Piamonte-Lombardía, Rhin-Main, etc.).
- Las áreas portuarias: Génova, Marsella, Bremen, Hamburgo, Rotterdam.
- Las regiones en torno a las grandes metrópolis, debido al desarrollo de las actividades terciarias: región de Dublín, Roma, Madrid, Barcelona.
- Las costas meridionales de la comunidad: con importante flujo turístico.
En contraposición con estos grandes focos demográficos existen regiones fundamentalmente periféricas, débilmente pobladas. Son zonas montañosas y agrícolas donde o bien existe una población envejecida con bajas tasas de natalidad y fuerte mortalidad (Macizo central francés, Escocia, Meseta española) o bien una población con un alto rendimiento natural pero que han soportado una fuerte emigración (Andalucía, Irlanda).
2.3 La población activa: la terciarización
El aumento de la población activa ha sido constante en las últimas décadas, gracias al elevado número de nacimientos habidos antes de 1965 y la progresiva incorporación de la mujer al trabajo.
La tasa de actividad femenina ha conocido un fuerte aumento en todos los países aunque aún existen graves problemas de discriminación. No siempre se cumple el principio establecido en el tratado de Roma “A trabajo igual, salario igual”.
En cuanto a la estructura de la tasa de actividad femenina por grupos de edad: las mujeres del norte de la CE suelen permanecer durante más tiempo seguido en el trabajo mientras que en los estados del sur, las mujeres suelen dejarlo cuando se casan y forman una familia.
Cabe destacar también el papel de la mano de obra extranjera en la población activa de los países más desarrollados (Alemania, Francia, Reino Unido). En la actualidad ocupan cerca de 2,5 millones de empleos.
La estructura sectorial de la población activa se caracteriza esencialmente por:
- Fuerte disminución de los efectivos empleados en el sector primario.
- Ligera contracción anual en el sector secundario, más acusado en las regiones más industrializadas.
- Crecimiento generalizado de la población empleada en el sector terciario.
El desarrollo del sector terciario en varios países de la comunidad ha llevado a cuestionarse la existencia de un cuarto sector, el de la información (telecomunicación, informática, medios de comunicación).
Uno de los problemas más acuciantes de toda política económica es el alarmante aumento del paro que se registra, a raíz de la primera crisis energética, en todos los países comunitarios. Las tasas medias varían según la coyuntura económica de cada país, alcanzando España los valores más altos frente a Luxemburgo con los más bajos.