Los peces podrían ser particularmente susceptibles ya que son sensibles tanto para la deltametrina como para el DDT. Además, el DDT y sus metabolitos podrían actuar como disruptores endócrinos. En lo referente a los peces, distintas especies tendrían diferente susceptibilidad. Ello dependería por ejemplo, de los hábitos alimenticios del pez y de la localización de los insecticidas. Por ejemplo, los sedimentos con una elevada concentración de insecticidas serían particularmente riesgosos para los organismos bentónicos.
Los efectos de la deltametrina deben valorarse de acuerdo a la formulación empleada. Así, las formulaciones comerciales pueden ser más tóxicas por la presencia de solventes y adyuvantes en el material excipiente.
Para el caso del DDT, las aves y los peces, están sujetos a los fenómenos de bioacumulación y biomagnificación.
Los mamíferos marinos, por estar en el tope de las cadenas alimenticias, son particularmente susceptibles a los efectos del DDT. Además, concentran gran parte del material insecticida que es transportado vía atmosférica hasta su habitat natural (como en el caso de los mamíferos que habitan los casquetes polares).
Incertidumbres
1. Una exposición crónica a DDT y deltametrina podría afectar la concentración de invertebrados y ello a su vez podría alterar cadenas alimenticias enteras.
2. Debido a la toxicidad asociada a ellos, la evaluación del DDT debe incluir la cuantificación tanto de los metabolitos como de los isómeros.
3. Si bien las formulaciones comerciales de deltametrina son más tóxicas, las formulaciones solubles en agua, son más disponibles y podrían absorberse con mayor facilidad. En este sentido, se facilitaría la toxicidad aguda de los organismos que tuvieren una reducida actividad de la carboxiesterasa, que es la encargada del metabolismo de piretroides.
4. Deberá evaluarse la posible interacción con los insecticidas organofosforados.