En el último medio siglo las ciudades españolas han conocido un crecimiento espectacular llegando a formar grandes aglomeraciones metropolitanas.
Estas periferias urbanas suelen formar una aureola discontinua en torno a un espacio construido anterior a la guerra civil que avanzan a través de ejes de transportes y se detienen ante algunas líneas de fijación naturales o artificiales (barreras de expansión de la ciudad), en sus interior se observan importantes contrastes:
• Las diferencias se observan entre los polígonos, poblados, barriadas o conjuntos residenciales construidos por bloques de viviendas en altura y las áreas de viviendas unifamiliar y de baja densidad destinado a las clases medias y altas.
• En cuanto a su promoción la vivienda pública o de promoción oficial construida entre 1940-60 fue destinada muchas veces a erradicar el chabolismo.
• En las periferias también se contraponen los espacios destinados al uso residencial con la presencia de polígonos industriales, grandes superficies comerciales, parques empresariales, zonas verdes, que reúnen un volumen de empresas y empleos importantes frente al centro terciarizado.
• Los sectores de mayor prestigio y calidad ambiental están ocupados por grupos de mayor renta, frente a las llamadas ciudades-dormitorio con grupos de menor renta.
La urbanización marginal es el reflejo de la desigualdad social que incapacita a una parte de la población para acceder al mercado de la vivienda. La gravedad del problema alcanzó su máxima dimensión con el éxodo rural masivo iniciado en la posguerra civil.
Así comenzaron a proliferar las barriadas enteras de autoconstrucción, surgidas en un suelo rústico parcelado por sus propietarios ilegales. Eran viviendas de escaso tamaño 20 a 55 metros y de calidad deficitaria, sin equipamientos (agua, luz, gas). Estos poblados de chabolas, barracas, chozas, casas moliners se convirtieron en un parte del paisaje suburbial español. En 1960 había unas 128.000 alojamientos de este tipo, en 1970 había unas 112.000 viviendas, sobre todo en Madrid y Barcelona. Con el tiempo fue legalizándose y consolidándose la mayoría de estas áreas, sustituyéndose por bloques en altura desde 1975.
Se integran dentro del tejido urbano, envuelve y absorbe tales núcleos, surgiendo iniciativas de erradicación del chabolismo, realojamiento de esta población en viviendas sociales, o trasladar a dichas poblaciones hacia nuevas periferias más alejadas. Estas viviendas llamadas bidonville, están habitadas por emigrantes, gitanos, o extranjeros.
Las viviendas de promoción oficial, surgidas en los años 50, junto con las anteriores llegan a forma un verdadero cinturón suburbial que rodea la ciudad, como ocurre con Valladolid.
La creación del Ministerio de la Vivienda en 1957, así como la aprobación de Planes de Urgencia Social para Madrid, Barcelona, Asturias o Vizcaya, junto con el Plan Nacional de Viviendas 1955-1960, fueron el detonante para una década en la que la presencia institucional era muy destacada.
La Ley de Viviendas de Renta Limitada 1954 y la de Viviendas Subvencionadas 1958, concedían importantes subvenciones y exenciones fiscales a la promoción privada.
Entre 1940 y 1960 se construyeron en España 424.189 viviendas de promoción oficial directa en las provincias más industrializadas como Barcelona, Vizcaya, Asturias, Valencia y Madrid principalmente. También surgieron otras en Valladolid, Navarra, Álava.
Dichas viviendas fueron promovidas por organismos como el Instituto Nacional de la Vivienda y la Obra Sindical del Hogar creados en 1940 y 1942 junto con las creadas por el INI.
Se edificaron bloques de 4-6 plantas en su mayoría pero a veces se alternaron con otros en manzanas cerradas de viviendas unifamiliares adosadas de dos alturas. La pobreza de los materiales y la baja calidad constructiva y formal de los edificios hizo que se deterioran con facilidad y eso facilitó su derribo o rehabilitación en apenas dos décadas. La monótona repetición de su fisionomía externa y la reducida superficie de las viviendas llevo a calificarlos de "chabolismo vertical" su máximo exponente fue las UVA (unidades vecinales de absorción) construidas como verdaderos barracones prefabricados de carácter provisional.
Otra característica era la falta de espacios reservados a servicios y equipamientos, y su mala comunicación, que con el tiempo se mejoraron.
Los polígonos de vivienda de promoción privada se construyen a lo largo de los años 70 tanto en la periferia como en numerosas áreas turísticas de los litorales peninsulares e insulares. Se tratan de viviendas que rompen con las manzanas cerradas con bloques en altura, desaparece el concepto tradicional de calle (conectan los edificios entre sí), con espacios libres interbloques con comercios. Su construcción corría a cargo de los ayuntamientos y actuó como un factor de segregación social.
Las ciudades-dormitorio surgidas a partir de núcleos rurales, con gran variedad de formas y tamaños.
Las áreas de vivienda unifamiliar y de baja densidad aumentó durante los años 80, asociadas con grupos sociales de alta renta, también las residencias secundarias localizadas en la franja periurbana que se convierte en vivienda permanente para las clases medias. También la rehabilitación de viviendas rurales en pueblos. Este modelo se complementa con la proliferación de superficies comerciales y equipamiento. Ocupadas en su mayor parte por población dedicada a los sectores terciarios. A partir de los años 90 se recupera la manzana cerrada y la calle.
Los polígonos o parques industriales, están dispuestos habitualmente junto a las principales vías de transporte y áreas alejadas de los espacios residenciales de mayor calidad. Las nuevas demandas empresariales favorecen la promoción de áreas con mayor calidad ambiental, con dotación de espacios libres y equipamientos, subsisten las parcelas de tamaño medio más diversificado con las pequeñas naves adosadas de escasos recursos.