Aunque el sector terciario ha experimentado un fuerte tirón en la creación de empleo, y según los datos de las Encuestas de Población Activa demuestran que las distintas ramas que lo forman no han tenido un comportamiento homogéneo, así en el comercio mayorista y minorista, reparaciones, transporte y servicios personales han experimentado un retroceso de población ocupada, sin embargo han aumentado en administración pública, defensa, saneamiento, educación, sanidad, ocio y servicios a empresas.
A partir de 1979 se da un cambio de comportamiento, produciéndose crisis en el sector del transporte, ralentización en las actividades comerciales y estancamiento en las crediticias, de seguros, enseñanza y sanidad. Sin embargo, tienen evolución positiva la administración pública, defensa y servicios diversos.
Como se ha podido comprobar por lo anterior, este sector es un auténtico cajón de sastre, donde conviven actividades económicas de muy diferentes características y trayectorias contrarias donde es preciso estudiar cada rama para tener claras las causas de la terciarización de la economía y del territorio nacional.
Esta rama es importante como creador de empleo durante la crisis, debido al incremento en los Presupuesto Generales del Estado, que se ha traducido en la mejora de las dotaciones que ofrece la Administración, debido al aumento del personal, sobre todo en sanidad, educación y al personal encargado de la gestión.
Con la creación de las Autonomías, se ha establecido una tercera administración, que se suma a la central y local, que se nutre en unos casos con traspaso de funcionarios procedentes del Estado y en otros de los Ayuntamientos, lo que ha supuesto duplicación de competencias y servicios, concentrados en las capitales autonómicas. En cuanto al número de empleados el 60,7% corresponden a la Administración Central, el 23,8% a la Autonómica y el 15,5 % a la local. Su gasto tiende a una progresiva descentralización, aumentando los locales y autonómicos y disminuyendo los centrales.
Dentro del mismo sector, el desarrollo de organismos privados sin ánimo de lucro (sindicatos, partidos políticos, asociaciones, colegios profesionales, federaciones, etc.), han tenido un papel regulador entre grupos sociales y el Estado.
Los servicios sociales y la administración pública son los que han contribuido al desarrollo del terciario en nuestro país contrastando con otros de la CE que ya lo habían hecho antes de la crisis económica.
Este subsector ha experimentado una crisis notable debido al estancamiento de la renta familiar disponible y por ello un freno en el consumo de bienes y servicios personales. La crisis y su reestructuración interna han provocado en algunas regiones un crecimiento negativo mientras que el sector comercial minorista se ha convertido en el sector refugio motivado por la desindustrialización o desagrarización.
En la rama de servicios personales, se ha originado un descenso del empleo y la producción de los que pueden ser sustituidos por bienes, motivado porque la productividad en los servicios crece en menor medida que el de la fabricación de productos. Ejemplo de ello es la falta de asistencia a las salas de cine por la aparición del vídeo, y la menor contratación de carpinteros y ebanistas con la llegada del bricolage.
Las actividades relacionadas con el ocio y de servicios de uso comunitario se han abaratado considerablemente respecto a su utilización individual por lo que su incremento ha sido notorio, así como los relacionados con la imposibilidad de la Administración de cumplir algunas tareas, como son los servicios de mensajería urgente, los seguros, la sanidad privada y la seguridad de empresas, personas o comunidades de vecinos.
Estas actividades han tenido una evolución dispar, hasta 1979 se crecimiento fue de los más elevados del sector, con una tasa del 6,43%, por la expansión del sector bancario motivado por varios condicionantes positivos, como la implantación de nuevos modos bancarios de la población (domiciliación de nóminas y recibos) forzados por la administración, la flexibilidad en el sector, apertura de sucursales y oficinas de las Cajas de Ahorro, la situación financiera de las entidades crediticias y el asentamiento de la banca extranjera.
Las nuevas oficinas bancarias en los últimos 20 años ha supuesto una auténtica bancarización del territorio que ha tenido unos efectos uniformadores ya que las provincias con menor presencia bancaria experimentaron la creación de una extensa red de puntos de negocio bancario en áreas de captación de ahorros en provincias agrícolas como en las de inversión, contribuyendo a una mayor movilidad del capital nacional.
Sin embargo en el periodo entre 1985-1990 se advierte un estancamiento en la apertura de oficinas. La utilización de nuevas tecnologías ha aumentado la productividad y un descenso del ratio empleados/oficina, con pérdidas de empleo en el subsector, por distintos motivos, como son el estancamiento de aperturas en épocas de crisis porque ni la evolución de la renta per capita, la producción de bienes y servicios lo aconsejaban. Por otro lado el techo de expansión espacial del negocio se había alcanzado, por la saturación de oficinas por cliente. Las cajas de ahorro no se han visto afectadas por este estancamiento, por su flexibilización y en la actualidad suponen la mitad de las oficinas financieras. Aparte, hay que tener en cuenta el gran número de concentración que han realizado, en detrimento de las pequeñas entidades, encaminándose a una implantación regional más que provincial.
Por otra parte, las nuevas directrices de la CE van encaminadas hacia la liberalización total del sector bancario, proporcionándose una licencia bancaria única concedida por cualquiera de los países miembros para poder operar en toda la CE, lo que ha originado que el Banco de España autorice la instalación de bancos, como Credit Lyonais, con instalación de nuevas oficinas y la libre circulación de productos pudiendo el consumidor español elegir cualquier banco de la Comunidad para operar, transferir fondos o abrir cuentas en el extranjero en cualquier moneda.
El crecimiento de esta rama se debe principalmente al cambio operado en la estrategia empresarial, no sólo a nivel cuantitativo, pues a parte de los procesos de terciarización intervienen los que llevan a una sociedad postindustrial. La terciarización influye en aquellas ramas del sector que no se dedican a la producción sino que tienen relación con la clientela, como es el caso del turismo, del comercio minorista y servicios personales. Las sociedades postindustriales, por otra parte, son aquellas que refuerzan los servicios de producción, tanto en empresas de servicios como de producción, haciéndose ambas más competitivas, para lograr su supervivencia en un tejido industrial sano y diversificado.
También el personal que trabaja en estas últimas empresas ha variado, dedicándose más los que se ocupan en el sector no productivo sino a funciones del servicio a la producción. Así, es notorio el incremento espectacular de los dedicados a profesiones liberales, técnicos, administrativos y directivos, indicador de la tendencia hacia una reestructuración y tecnificación de las empresas. Por el contrario, se dan tasas negativas en el personal dedicado a labores agrícolas, y un ligero incremento en los obreros y operarios de maquinarias. En un análisis de la población laboral española se desprende que la terciarización se ha operado en un doble sentido, pues este sector es el único que ha crecido y además las profesiones de servicios son las únicas que tienen un incremento en contra de las de los obreros, conductores y agricultores.
Otro factor decisivo en el cambio operado en las empresas es de tipo estructural, un cambio de mentalidad al tener menos peso el coste de producción frente a la calidad del producto y la productividad de los empleados, los nuevos modos de gestión que abaratan los costes, nuevas técnicas de comercialización para acceder a un mercado más amplio, con un diseño avanzado y diferenciador del producto que facilite su compra.
Interviene por otro lado la distribución espacial, pues ya no prima el emplazamiento en determinados núcleos urbanos sino la presencia de otros factores de producción, la interrelación entre los servicios y el aparato productivo, con un tejido mixto de centros de producción de tecnología avanzada, y al mismo tiempo con unos servicios innovados, con buenos servicios de transporte cercanos, posibilidad de utilizar redes de comunicación, centros de formación de mandos, capacidad hotelera próxima con centros de congresos, industrias de tecnología punta y un entorno agradable.